domingo, junio 12, 2011

LOS LLANOS

El llano es una ola que ha caído.
El cielo es una ola que no cae.

Estos versos que Francisco Lazo Martí escribió a principios del siglo pasado en Silva Criolla, es una de las descripciones más logradas de nuestros llanos, que se riegan por los estados Guárico, Apure, Barinas, Cojedes, Portuguesa, Aragua, Monagas, Anzoátegui y Carabobo.
Tan extensa como sus sabanas es su historia. Miles de gestos, de actos heroicos, de acciones insospechadas, han alimentado la llanura y la han hecho crecer como sus ríos que se desbordan en el invierno anegando millones de metros de territorio.
En plenos esteros, a orillas de los ríos, en el corazón de la misma sabana brotaron ciudades como Guanare, llamada la Capital espiritual de Venezuela, por ser a sus alrededores donde apareció en 1651 la Virgen de Coromoto; Acarigua, nombre de una comunidad indígena de Arawakos Occidentales y en cuyas inmediaciones se fundó una villa española en 1659; San Carlos de Austria, actual capital de Cojedes; Calabozo, que a partir de 1659 se intentó fundar varias veces hasta que en 1727 se constituyó en La Villa de Todos los Santos de Calabozo y de donde, en 1812, partió Boves -caudillo telúrico de la llanura y en torno a quien tanto se ha especulado- a causar estragos entre las fuerzas patriotas que luchaban por darnos la independencia.
También apareció San Fernando de Apure, y San Juan Bautista de El Pao, y Aparición, hoy sin patrona y con un templo abandonado… Ospino, El Sombrero, Chaguaramas, San Juan de Los Morros, Parapara, El Socorro, Elorza, Achaguas y su nazareno maravilloso, Biruaca, Mantecal, San Juan de Payara y mil centros poblados más.
A orillas de sus caños y ríos hay amables toninas, caimanes legendarios como los del Capanaparo, temibles caribes, garzas hermosas, rojas corocoras en las que el ocaso se hizo ave para pasear sobre los esteros, mansos chigüires que se tambalean al borde de las lagunas y tremedales, venados volanderos que ningún cazador puede alcanzar, cigüeñas inmaculadas. Una variedad tan grande que parece mayor que la misma llanura.
Los Llanos son algo más que pueblos abandonados como el Ortiz que consagrara Otero Silva en sus Casas Muertas. Es un hombre escotero, con capotera y ensombrerado que aparece en cualquier sitio de esas inacabables planicies. Es caballo, cobija y sombrero. Es copla, sabana y palma. Son becerros, potros y sillas. Es un viejo que se santigua al nombrar El Anima Sola, o algún recio cantador que anda buscando al Diablo para retarlo a cantar. Es sol, agua y estrellas. Es una madrugada de ordeño y un canto arrullando a la mañana para despertarla. Es el Catire Páez con sus centauros trepidando en Las Queseras del Medio, haciendo realidad esto que hoy llaman País.

© Alfredo Cedeño













1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanto!lo vivo mientras te leo, hermoso el llano, con su olor, sus paisajes, animales, su gente madrugadora.
Tus lecturas y fotos me hacen revivir momentos hermosos de mi vida, Gracias amigo!