domingo, noviembre 06, 2011

PUEBLO PIAROA


Hace más de 30 años se celebró en Caracas el evento que creo recordar se llamó “Primera Jornada sobre el Indígena y la Identidad Nacional”. Se llevó a cabo en las instalaciones de la ya desaparecida Pro-Venezuela, frente a la actual estación Plaza Venezuela del Metro de Caracas. Durante varios días un grupo de indígenas, estudiantes, especialistas y activistas de toda laya nos dimos cita en aquellos espacios.

En aquel tiempo Giordano Di Marzo todavía no era Yordano, sino un muchacho tartamudo al que TODO el mundo le sacaba el cuerpo por los pasillos de la UCV cuando lo veíamos venir con su guitarra. Él estudiaba arquitectura y acostumbraba parar a cualquier que lo saludara para cantarle sus canciones. Todos huíamos del “gago”. Creo que fue Beatriz Bermúdez, entonces estudiante de antropología, quien lo contactó, a través de su hermano Evio Di Marzo, para que cantara una noche en el marco del evento que mencioné en el párrafo anterior.

Llegado el momento en que el prospecto de arquitecto iba a cantar, la persona que fungía de animador lo anunció, pero dijo: “Antes quiero leerles una poesía piaroa”. La protesta generalizada no se hizo esperar. Todos éramos muy solidarios, pero debo recordar que la adhesión suele tener límite y esa noche queríamos descansar un poquitico siquiera de tanto tema indígena. El perifoneador, con la mística propia de los militantes e iluminados, hizo caso omiso al coro de quejas y comenzó a leer; el silencio fue ganando la zona.

Si tú me miras
soy como la mariposa roja;
si me hablas,
soy el perro que escucha:
si me amas,
soy como la flor que se abre
en tus cabellos;
si me rechazas,
soy la curiara vacía
que va sobre la corriente,
y se rompe en la roca


Confieso que ese poema fue mi primer contacto con la cultura de los Piaroa. ¡Ah!, cuando se terminó la lectura, ni los músicos podían arrancar ante semejante despliegue de ternura.

Afirman que los wotjuja o piaroa se denominan así mismos como Wotiheh, Uhothuha o De’áruwa, denominaciones que varían según el lingüista, o filólogo, o antropólogo, o lo que usted quiera, que los haya abordado. Hay quienes aseveran que se autodenominan De’áruwa porque nacen, viven y mueren en la selva. Son los “señores de la selva” y habitan en las cuencas de los ríos Puruname, Sipapo, Autana, Kuao, Guayapo, Samariapo, Kataniapo, Parguaza, Alto Suapure, cuenca baja del Ventuari, valle del Manapiare, cercanías de Puerto Ayacucho, así como en la ribera colombiana del río Orinoco.

Las estimaciones demográficas calculan en quince mil el número de sobrevivientes de este grupo humano; cuyas seculares tradiciones orales y mitológicas les ubican en el Amazonas venezolano: Al comienzo por todo esto no había nada, pariente, ni hombre, ni agua, ni animal, ni monte, ni tierra. El cielo apareció después, y fue cuando comenzó la creación del mundo. Piaroa nacimos en Ñ’uema-a, así se llama el lugar; eso es cerca del cerro Mariweka, en la orilla de acá, a la derecha.

Creo pertinente explicar que Mariweka existe y que es una montaña localizada en el curso superior del río Kuao, muchísimos kilómetros antes de unirse al río Sipapo para, finalmente, desembocar unidos al Orinoco. La cosmogonía Piaroa tiene como otra de sus piedras angulares el Wahari Kuawai. Podría explayarme varios párrafos en torno a la montaña sagrada piaroa, pero creo que, como siempre, es mucho mejor si la propia voz indígena nos lo explica, así que les transcribo lo que oí una vez en el raudal del Danto, del río Kuao:

Al comienzo de todo no estaba más nadie sino Wahari, el que nunca muere; él nunca desaparece. Wahari un día estaba pensando en la vida, y por eso nos creo a nosotros, piaroa. Un día, Él cortó a Kuawai, el Árbol de la Vida, que tenía en horquetas y en sus cogollos, toda la comida del mundo. Los frutos, con sus semillas, se regaron sobre la tierra y tuvimos alimento. Del Árbol de la vida, sólo queda el tronco.
Ustedes, los criollos, lo llaman Cerro Autana. Para nosotros, los piaroas, es el Kuaimayojo, el tocón hecho piedra del Wahari-Kuawai. Mereya Anemei hizo el universo alrededor del tocón de Kuawai: los ríos y los raudales, las montañas y la selva, los animales, la lluvia y el espacio celeste. Este es nuestro territorio de origen. Esta es, para nosotros la tierra sagrada.


Afirma la sabiduría popular que las apariencias engañan, nunca tan bien aplicado dicho adagio como en el caso de los piaroa y su lengua escasamente estudiada. Esteban Emilio Mosonyi dijo, en 2002, mediante artículo publicado en el Boletín de Lingüística, UCV, Caracas: El piaroa, a pesar de diversos intentos clasificatorios, constituyó hasta hace poco un idioma independiente –aún sigue siéndolo en cierta medida- y al propio tiempo bastante atípico, a causa de las peculiaridades en su fonología y de su complejidad morfológica.





Mosonyi también ha llamado la atención en referencia a los pocos estudios especializados que se han llevado a cabo en ese terreno y recuerdo textualmente que en una de ellas asentó: “aún escasean los trabajos propiamente lingüísticos sobre la etnia piaora”.

Las comunidades piaroa mantienen un ciclo de subsistencia basado en la recolección de frutos, así como de micro-fauna como arañas, orugas, lombrices, bachacos, termitas, cicadas y larvas; así como en el denominado cultivo de rotación, la pesca y la caza, para la cual utilizan el temido curare. Este veneno lo obtienen a partir del bejuco manehüa (Strychnos guianensis). J. A. Rondón en su trabajo “El Curare: mito y realidad” afirma que también utilizan para tales fines los bejucos Kwabanaro (S. peckii), Cruceta (S. pedunculata), Curare (S. rondeletoides, Abuta grandifolia y Sciadotenia cayennensis.)




El embeleso que produce la cultura piaroa es inagotable. Necesitaría años para poder plasmarla en toda su vastedad. Por ello no ceso de asombrarme cuando tengo el privilegio de navegar los ríos que se entretejen por sus territorios ancestrales, o verlos cargando en sus katumare cargas que mantienen con suave y firme equilibrio sobre sus espaldas. Es la inocencia que vela los días de mercado en Puerto Ayacucho, cuando algunos de ellos acuden a vender sus productos o algún animalito que atraparon en sus juegos por la jungla.

© Alfredo Cedeño

3 comentarios:

Anónimo dijo...


Oye...calidada....sigan poniendo mas fotos...fino todo!!!

YS dijo...

Muy muy bueno!! me ayudo muchísimo para un trabajo! de verdad me encanto... felicidades

Anónimo dijo...

esta bueno la foto m gusta.. falta la foto de el cerro autana