domingo, diciembre 02, 2012

MISERIA


          Como bien saben, me siento profundamente orgulloso de ser hijo de Venezuela, pero hay días en los que también me siento extremadamente avergonzado. Eso me ocurre cuando constato en directo los niveles de miseria en la cual vive un amplísimo número de mis paisanos.
            ¿Cómo entender que en mi país, y en cualquier otro lado, existan estas desigualdades? No puedo dejar de indignarme cada vez que las encuentro.
 
 

 
 
            Sé bien que es agua que lleva milenios rodando por distintos molinos. Desde antes de La Biblia la pobreza extrema ha estado presente en las reflexiones de una larguísima lista de autores. Terminando el siglo XII, algunos especulan que rondando el año 1195, el entonces cardenal Lotario dei Conti di Segni, quien luego sería Sumo Pontífice con el nombre de Inocencio III, escribió De miseria humanae conditionis.  Más adelante, a fines del siglo XVI, fue el turno de Bernardo Pérez de Chinchón, autor de: Espejo de la vida humana.
 
           Podría decir que en el siglo XIX sobrevino el boom "culto" del tema, me vienen a la memoria una sucesión de autores que desde distintas disciplinas lo abordaron. En octubre de 1846 Pierre Proudhon publicó Filosofía de la miseria; obra en la que suelta cosas tales como: “en la sociedad actual, el progreso de la miseria es paralelo y adecuado al progreso de la riqueza, lo cual anula completamente los méritos de la economía política.”
           Otra perla de monsieur Proudhon fue: “La teoría de una igualdad pacífica fundada en la fraternidad y la abnegación, no es más que una falsificación de la doctrina católica, que nos manda renunciar a los bienes y placeres de este mundo; no es más que el principio de la indigencia, el panegírico de la miseria.”

 
          Ante la repercusión que tuvo la pieza del francés Proudhon, el alemán Karl Marx respondió al año siguiente con Miseria de la filosofía, donde asentó: “a fin de acabar para siempre con las injusticias y las miserias existentes, es preciso subvertir totalmente el estado actual de la sociedad. . .”
 
          En el mundo de la creación literaria también comienzan a aparecer piezas que abordan el tema desde distintas vertientes. Fue Charles Dickens en 1839, con Oliver Twist, quien comenzó a sacudir el ambiente creativo; luego su pluma entregará Nicholas Nickleby, su melodramática Almacén de antigüedades y Tiempos difíciles, entre muchas otras que se me escapan ahora. En Estados Unidos la pauta fue marcada por La cabaña del tío Tom de Harriet Beecher Stowe, publicada en 1852.  En Francia se necesitarán diez años más para que -en 1862- aparezca Los Miserables  de Víctor Hugo. 
 
           Reconozco que me estoy yendo por lo seguro y disparando al piso y que necesitaría un tiempo que bien merecen ustedes como lectores, pero del cual no dispongo, para investigar y encontrar muchísimos más ejemplos al respecto.  
 
           Han habido otras disciplinas más recientes que han abordado el tema, como es el caso de la antropología, donde un practicante de dicha ciencia social, el estadounidense Oscar Lewis, acuñó el concepto de cultura de la pobreza, el cual mencionó por primera vez en 1959 en su libro Cinco familias: estudios de casos mexicanos en la cultura de la pobreza. 
 
          Lewis asentó en una de sus obras, que debe ser, si mal no fiché en su momento, La cultura de la pobreza: “Cuando los pobres adquieren conciencia de clase o se vuelven miembros activos de organizaciones sindicales o cuando adoptan un punto de vista internacionalista sobre el mundo, dejan de pertenecer a la cultura de la pobreza aunque pueden seguir siendo desesperadamente pobres”.
           Es tan fácil pontificar o establecer asertos cuando de mirar el mundo desde nuestro propio Olimpo se trata…  Lo cierto es que no es literatura, ni investigaciones sociales, o argumentos económicos-filosóficos los que se viven en los arrabales del mundo entero. Es dureza de vida y guiños a la ternura los que se van colocando alrededor de las vidas de quienes la padecen. 
 
           Hoy entrego mi trabajo dominical con profunda vergüenza, como asenté al comienzo, por las duras condiciones de millones de venezolanos a quienes no llega la tranquilidad que debería aportarles nuestra renta petrolera, pero también con un conmovido respeto ante su incansable búsqueda de la alegría y la dignidad. Son las mismas emociones que he tenido al presenciarla en cualquier otro lugar donde me ha tocado presenciarla.

© Alfredo Cedeño

4 comentarios:

Amaia Villa dijo...

Buen aporte dominical Alfredo al igual que las fotos. Me quedó con ese último párrafo, en especial esta frase que me llegó : " a quienes no llega la tranquilidad que debería aportarles nuestra renta petrolera, pero también con un conmovido respeto ante su incansable búsqueda de la alegría y la dignidad."

Abrazote

Rafael Indi dijo...

Hay que quedarse con lo bueno de tu país, aunque una tierra bella no siempre pueda darnos de comer. Ultimamente tengo ese sentimiento con España.

Un saludo,Alfredo.

zulma dijo...

miseria, un termino que se asemeja a misericordia :de la miseria que existen el el corazón.desgraciadamente muy lamentable las condiciones de vida de muchos venezolanos ,me pregunto porque les toco vivir esa parte y que podemos hacer para mejorar esa situación.Resulta que hay mucha gente que tienE medios económicos y es miserable, otros no tienen nada y son amplios, creo que mucho de eso va en el SER. sI es muy triste ver tanto niño y ancianos en las ultimas condiciones de vida .

Anónimo dijo...

Hola Alfredo....por lo visto, metiste el dedo en el ventllador,..Je..je, menudo temita elegiste...Desde el vamos, el tema es universal, se refiere a los excluidos de siempre, que existen desde los albores de la historia, y se proyectan en el futuro como uno de los insolubles problemas de de nuestra sociedad.
Y digo insoluble, porque a los pobres se los considera como una clase de existencia necesaria,..por diversas razones, alguna de ellas inconfesables en nombre del pudor, si es que hay pudor todavía.Son material útil en temas electorales,....son la fuerza que mantiene al gobierno en el lugar de mando,...y como resarcimiento, les asignan algunos planes de asistencia, alguna ayuda inconsistente,...promesas de casa habitación, etc. Si las promesas fueran fungibles,...los pobres estarían rechonchos, gorditos, sanos...Pero lamentablemente están flacos y enfermos. La corrupción hace que los pobres sigan siéndolo. La corrupción es el cáncer que devora a la sociedad por dentro. Quise ilustrar el mensaje con una foto de algún barrio de emergencia, pero no pude, siento verguenza ajena y propia a la vez. Y mucho dolor.Y mucha indignación.No me extenderé en el tema. Muy bueno el artículo, ni que decir de las fotografías,..Eres bueno para estas cosas.Un fuerte abrazo.
JUAN