domingo, diciembre 23, 2012

PETRÓLEO

          Aseguran algunos expertos que Venezuela está posada sobre un mar de petróleo, hay quienes, henchidos de esa plaga llamada chauvinismo, se pavonean y afirman que este país, tildado de bananero en algunas oportunidades, tiene las reservas más grandes del mundo del codiciado compuesto de hidrocarburos. La palabra proviene del griego y quiere decir aceite de piedra.  
           En nuestro país la presencia de este viscoso líquido es milenaria.  Los pueblos precolombinos lo empleaban, al igual que el asfalto, que rezumaban de manera natural en diferentes lugares.  Los indígenas le llamaban mene y lo empleaban medicinalmente, así como para alumbrarse y para calafatear sus curiaras o canoas.
           A comienzos del siglo XVI, los conquistadores europeos aplicaron de manera inmediata dicho método de impermeabilización a sus navíos, así como para el mantenimiento de sus armas. Debo señalar que en 1535, el primer cronista del Nuevo Mundo, capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, en su Historia natural y general de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano, fue el primero en mencionar en la literatura universal el petróleo venezolano, en 1535: “…corre aquel betún o licor por encima del agua del mar, haciendo señal más de dos y tres leguas de la isla [Cubagua], y aun da olor de sí este aceite. Algunos de los lo han visto dicen ser llamado por los naturales stercus demonis, y otros lo llaman petrolio, y otros asfalto; (…). A que este licor de Cubagua hallan que es utilísimo en muchas cosas y para diversas enfermedades y de España lo envían a pedir con mucha instancia por la experiencia que de esto se tiene por los médicos y personas que lo han experimentado”.
 
           El primer envío de un barril de petróleo, del cual existe documentación, que se llevó a cabo en la historia de Venezuela tuvo lugar el 30 de abril 1539; cuando uno de ellos fue enviado a España para aliviar la gota del emperador Carlos V. Esto ocurrió por que el año anterior a ese, la entonces Reina de España ordenó en carta del 3 de septiembre que en todos los navíos que partieren desde Cubagua le enviaran “de lo mas que pudieres”, aceite de petróleo. Ese primer embarque fue una barrica que salió en la nao "Santa Cruz", confiada por el tesorero de Nueva Cádiz, don Francisco de Castellanos, al mestre Francisco Rodríguez de Covarrubia y al capitán Bernardino de Fuentes. El 18 de octubre la Reina reclamó su petróleo, en carta a la Casa de Contratación. El 31, la barrica salió de Sevilla para Madrid, bajo custodia de Alonso García.  
          También hay documentación en los Archivos de Indias de Sevilla donde se menciona que el 14 de diciembre de 1540, otro barril de petróleo venezolano llegó a la Casa de Contratación, para ser enviado de inmediato a Juana la Loca, “al cuidado de persona de responsabilidad”. 
          Casi 40 años más tarde, el 15 de junio de 1579, los alcaldes Gaspar de Párraga y Rodrigo de Argüelles informaron sobre un rezumadero de petróleo cerca de Nueva Zamora, como se conocía en aquellos tiempos a Maracaibo, y de otros cuatro en las  afueras de dicha localidad; estos señores, igualmente realizaron una extensa descripción de sus usos locales. 
           A comienzos del siglo XVII Alonso de Ojeda menciona el uso que hacían del mene los indígenas que habitaban el Lago de Maracaibo. Dos siglos más tarde Alejandro de Humboldt fue quien hizo la primera descripción seria de los depósitos de asfalto de Venezuela. El ilustrado trotamundos alemán describió las maneras utilizadas por los nativos que vivían cerca de los rezumaderos para aprovechar la brea y el asfalto, y preparó la primera lista de sus depósitos naturales en la zona costera que va de Trinidad a Maracaibo.
            Menos de cien años más tarde comienza la explotación comercial de dicho producto, la cual estuvo a cargo de La Compañía Minera Petrolia del Táchira, la cual comenzó labores de refinación en 1878 en la hacienda La Alquitrana, en las cercanías de Rubio, estado Táchira, en el occidente de Venezuela. 
            Esta compañía pionera tuvo sus altibajos y será en 1914, el 31 de julio para mayor precisión, cuando en Cabimas, estado Zulia, se produjo el “reventón” del pozo Zumaque I, lo cual le convirtió en el primer pozo productor de petróleo en Venezuela. Se necesitaron otros 8 años de exploraciones para que un día como ayer, el 22 de diciembre, pero de 1922, “reventara” el pozo El Barroso II, para dar a conocer al mundo el potencial petrolero de Venezuela. 
           Se podrán imaginar 90 años atrás lo que significó que brotara un chorro de petróleo con más de 40 metros de altura que podía ser visto desde Maracaibo, que está a 45 kilómetros… Ese pozo tenía un caudal de 100.000 barriles diarios, y a los expertos les tomó 9 días controlar la lluvia de petróleo sobre Cabimas, que anegaba los techos y las calles de la aldea que era entonces dicha población. 
           No es un secreto para nadie que Venezuela ha dilapidado sistemáticamente los ingresos que esta riqueza ha producido a lo largo de casi un siglo de producción petrolera. Los alertas lanzados por diversas personas han sido de diferentes tipos. En 1976, Juan Pablo Pérez Alfonzo, llamado padre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo –OPEP–, modificó levemente las palabras  de Fernández de Oviedo quien asentó en su citada obra que los naturales originarios de estas tierras llamaban al crudo stercus demonis, y dijo: “Despilfarramos el petróleo para acrecentar los ingresos fiscales... y ahora... estamos hundiéndonos en el excremento del diablo.”
 
          Otro “notable” como lo fue el escritor Arturo Uslar Pietri habló de la necesidad de “sembrar el petróleo”. Como ellos hay una larga lista de personas e instituciones que han venido alertando de manera reiterada sobre la necesidad de evitar la embriaguez continua en la que mi país ha vivido y sigue viviendo.
           Los ingresos de Venezuela por concepto petrolero, según cálculos del departamento de Energía de Estados Unidos y los datos de la OPEP deben cerrar el año 2012 con ingresos alrededor a los 63 mil millones de dólares. Según César Prieto Oberto los ingresos fiscales petroleros obtenidos por el Estado venezolano entre 2005 y 2009 estuvieron  por el orden de 192.215 millones de dólares.  
          Los economistas Luis Oliveros y José Manuel Puente coinciden en calcular que nuestro país en los últimos catorce años ha exportado  700 mil millones de dólares en petróleo. Oliveros estima que “el 60% se ha dirigido a importaciones, 26% se ha ido en salida de capitales, 12% se depositó en distintos fondos como el Fonden y 2% fue a las reservas internacionales del país”.
           Pese al manto de misterio y silencio con que se mueven actualmente las cifras del negocio petrolero estatal, siempre los estudiosos del área logran encontrar datos como los revelados por Diego González, presidente del Centro de Orientación de Energía, quien explicó en entrevista al diario El Carabobeño que en 2007, las compras de petróleo y derivados eran de 28,1 millardos de dólares y pasaron a 38,8 millardos en 2012.
 
           Es necesario señalar que las cifras de diversos investigadores estipulan que en Venezuela la pobreza a nivel de hogares es del 49%. ¿Qué significa esto? Esta cifra revela que en casi la mitad de nuestra población el ingreso total quienes la componen, es inferior al valor los bienes y servicios que conforman la canasta normativa de consumo. Eso dice que el 49% de los habitantes de Venezuela no logra cubrir: casa, vestido, alimentación, educación, etc. Pero, aún hay más: de ese 49% un 20% se encuentra en pobreza crítica. Es lamentable que vivamos una situación como esta, por decir lo menos. 
 
          Por supuesto que el petróleo también ha tenido repercusión entre nuestros creadores. Puedo citar obras como Mene, de Ramóin Díaz Sánchez; Oficina Nro.1, de Miguel Otero Silva;  Guachimanes, de Gabriel Bracho Montiel; Sobre la misma tierra, de Rómulo Gallegos; Mancha de aceite del colombiano César Uribe Piedrahita; Antropología del petróleo, de Rodolfo Quintero; El Señor Rasvel, de Miguel Toro Ramírez;  De un pueblo y sus visiones, de José Miguel Villarroel París; son sólo algunas de las piezas en las que el llamado oro negro juega un rol principal.
           De la citada obra de Villarroel recuerdo sus versos:
Los apamates están llenos de petróleo
Muertos con una tristeza de país en ruina
Esta meseta está llena de taladros
Sembrada de hombres muertos
Un largo cementerio viene desde Caripito
Y no tiene fronteras
Es la gesta la nueva conquista entre pueblos

           También me viene el recuerdo del siempre evocado Benedetti:
el hollín va siendo lentamente rocío
y el olor a petróleo se convierte en jazmín
y todo eso por qué
sencillamente porque
en la primera línea
pensé en vos
amiga.

           Ese olor a jazmín que en Venezuela sólo llega convertido en riqueza fácil para unos pocos, mientras los más siguen pisando una tierra cuyo subsuelo es un mar desbordado del que ellos poco alcanzan a disfrutar. 

© Alfredo Cedeño
 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen día don Alfredo... como siempre, muy buen trabajo...

Danny Montilla

Ángela dijo...

Muchas gracias Alfredo,muy bueno... como cada domingo. Salud y alegrías para estas fechas y el 2013.

Ángela Piñeiro

Beatriz dijo...

Como siempre: Excelente!!
Gracias por compartirlo!

Anónimo dijo...

Amplías mis conocimientos Alfredo, muchas gracias!
Un tema muy bien redactado,interesante y ameno.
Te deseo un feliz y fructífero Año Nuevo 2013, lleno de agradables sorpresas!!
Un fuerte abrazo!
Begoña Zuber

Anónimo dijo...

Buena información! Pero tienes un error ya que el pozo zumaque 1 esta ubicado en mene grande no en cabimas!! Saludo desde mene grande