domingo, enero 13, 2013

ÁVILA DEL REY, DE LOS LEALES Y DE LOS CABALLEROS

Confieso mi particular debilidad por España y su gente, pese a los desplantes, que de cierto tiempo a esta parte, suelen llevar a cabo los malencarados agentes aduanales en comparsa con sus secuaces los atorrantes de Inmigración.  Por eso hoy decidí dedicar mi habitual post dominical a la muy castiza Ávila, en Castilla y León de la llamada Madre Patria, tal como se empeñaron en hacerme llamarla desde mis estudios de primaria. 

 
Bien ganada tenemos la fama los nativos de la capital venezolana –Los Caraqueños– de presumidos y soberbios. Perdonen la arrogancia: tenemos con qué.  Dos argumentos usamos con preferencia y contundencia para justificarnos: paisanos del ahora manoseado Bolívar y haber nacido a la sombra del cerro El Ávila.   Este último, además, nos hace pensar, de manera errada por demás,  que debemos a la ciudad amurallada la denominación de nuestra montaña madre.

 
La realidad es que el cerro debe su nombre a un nativo de Extremadura: Gabriel de Ávila, quien en marzo de 1573 fue nombrado Alcalde Ordinario de Caracas, y al poco tiempo, se asegura que en 1575, le otorgaron las tierras comprendidas entre el cerro de Papelón y la Quebrada de Chacaíto, “hasta la cumbre donde se avista el mar”. Refieren las crónicas que en dichas tierras “él empezó a cosechar un trigo que por ser tan de buena calidad los habitantes lo nombraban El Trigo de la Sierra de Ávila, lo cual devino en Sierra Ávila, que al tiempo se convirtió en Cerro El Ávila.”  

 
Quiero a esta altura recordar a ese muchacho eterno que es Ilan que en una de sus canciones le hizo uno de los homenajes más hermosos que recordamos los caraqueños y  cuyo link les inserto: http://www.youtube.com/watch?v=-EEow33GDME
 
Pero sigamos en tierras hispanas, que no es poco lo que tengo por contar y que, debo confesar, a esta altura me tiene pariendo tratando de escribir para mañana 13 de enero el trabajo con el cual les jodo la paciencia cada domingo.   Continuemos.  Esta ciudad ha contado con los nombres de Ávila del Rey, título otorgado por Alfonso VII; Ávila de los Leales, otorgado por Alfonso VIII; Ávila de los Caballeros, otorgado por Alfonso XI.  De ella escribió el escritor alicantino José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, mejor conocido en los bajos fondos literarios como Azorín, “quizá la ciudad más siglo XVI de España”.
 
En el siglo XIX Enrique Ballesteros en su Estudio histórico de Ávila asegura que hay diversas teorías respecto al origen del nombre de la ciudad. Hay unos que consideran la palabra de origen púnico y significa “monte alto y crecido”. Otros la creen de origen hebreo, “término o confín”. Hay quienes le encuentran raíces vascas y afirman que en la lengua hablada por los antiguos pueblos iberos, su nombre podría hacer referencia a “breña, matorral, monte bajo”.
 
El nombre Ávila se dice que es de origen vetón, pueblo prerromano de cultura celta que habitaba esos espacios de la Peñíscola Ibérica. Los historiadores coinciden en que el griego Claudio Ptolomeo, en su Geographia, escrita en el siglo II, al señalar “la ciudad vetona de Obila”, habla de nuestra ciudad tema de hoy.
 
No hay una fecha precisa de su fundación, pero hay investigadores que datan el origen de Obila en la segunda mitad del siglo I a.C. La posterior Ávila se considera una “fundación ex-novo” llevada a cabo por los romanos, quienes le dieron el de Abila, Obila, Abyla o Abela.

 
En la actualidad se pueden apreciar, al caminar con ojo atento por sus calles diferentes manifestaciones de lo que fue la presencia romana en su momento. Me hacia ver, años ha, en una visita a ella, el querido José Vicente Ros como murallas adentro aún se mantiene el trazado típico tipo hiberna de las ciudades romanas; donde el contorno rectangular, con sus calles cardo y decumano se cortan ortogonalmente en el centro. 

 
No voy a seguir explayándome sobre esta época y quiero saltar a la llegada de los visigodos, quienes alrededor del siglo V comenzaron a estabilizar su presencia en el área.  Se sabe que en los siglos VI y VII no hubo conflictos destacables en la ciudad. Y ellos, los visigodos, utilizaban la tierra para cultivar cereal y alimentar al ganado. 

 
Se sabe que en el siglo VII, antes del 687 para ser precisos, se fundó el monasterio de Santa María la Antigua. Dicho recinto era tanto para monjes como para monjas, y así se mantuvo hasta que llegaron los árabes…

 
No hay mayor documentación sobre la dominación musulmana en estos predios, sabemos que nombre árabe fue Ābila y que en el año 714 la ciudad fue desmantelada, lo cual nos hace suponer que en aquel momento estaba amurallada. 

En el siglo VIII el asturiano Alfonso I toma Ávila. Ese monarca llevó a cabo numerosas campañas militares para destruir las defensas de las ciudades, saquearlas y, “aprovechando que los pobladores cristianos de la ciudad seguían al rey en su repliegue, obtener pobladores para las tierras ocupadas y guerreros para la defensa de los reinos cristianos”.

 

Escribió Ballesteros en su citada obra párrafos atrás: “Los campos eran talados, desmanteladas las poblaciones, las guarniciones sarracenas degolladas, los hijos y mujeres de los vencidos, llevados como esclavos y los cristianos mismos recogidos para poblar con ellos las comarcas de Cantabria, Álava y Vizcaya, menos expuestas a la invasión de los musulmanes”.

 
Siglos más tarde, ya casi finalizando el XI, en el año de 1092, ya lograda la conquista de Toledo y llevadas a cabo la boda de Raimundo de Borgoña con la hija de Alfonso VI –Doña Urraca y cuya posterior viudez dio paso a una sucesión de situaciones rocambolescas y al más genuino estilo de Corin Tellado en hibrido con Falcon Crest–, comenzaron a ejecutarse las labores de reconstrucción de Ávila, sus murallas así como el Templo del Salvador; que hoy es la catedral. 

 

Estoy dejando por fuera miles y miles de palabras sobre este villorio amurallado con fundamentadas pretensiones citadinas; pero es abrumadora la ingente cantidad de información existente sobre ella.  En sus cercanías, al noroeste, en Madrigal de las Altas Torres, nació Isabel I de Castilla, mejor conocida como Isabel la Católica. Entre ambas localidades está Fontiveros, comunidad que fue la cuna de Juan de Yepes, quien pasó a la posteridad como San Juan de la Cruz.

 
Renglón aparte merece Santa Teresa de Jesús, quien nació aquí en el 1515. Célebres sus llamados “versos místicos”, a los cuales algunos –confieso ser uno de esos– prefieren llamar “versos cínicos”, ante la sensualidad derrochada en ellos como es el caso de: 
Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida,
y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado
que mi Amado para mí
y yo soy para mi Amado.
A esta ciudad estuvo muy vinculado el artífice de esa abominación  humana que fue la Inquisición, Fray Tomás de Torquemada. Aquí nació Blasco Núñez Vela, quien fue el primer virrey del Perú; también fue hijo de Ávila el conquistador Gil González Dávila autor del comienzo de la conquista de Nicaragua en 1523.
Por estas murallas ha pasado la historia con gesto arisco a veces, otras con la tersura de la muerte ensimismada. A las puertas de su catedral siguen los menesterosos esperando un  gesto de la elusiva misericordia; y entre sus muros patinados por mentiras piadosas y verdades de almas poco creyentes un rayo de luz sigue tratando de iluminar los corazones de quien sabe quien…
Ávila, territorio de torres y baluartes, espacio almenado donde el rocío moja los corazones marchitos, añejo  y multisecular lugar en el que la ira ha derrotado la razón y las pasiones se han balanceado con sedienta furia… en sus calles los paisanos siguen esperando que el tiempo lave las rocas con la cadencia de los  versos y melodías de la paciencia.

© Alfredo Cedeño

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El compartir conocimientos,viajes vivencias, es a la vez de educar, transmitir la emoción que se siente ante la cosa nueva,....aunque en este caso tenga tantos años como la civilización misma. La historia es rica, interesante, llena de nódulos específicos, pero plenamente entendible. Párrafo aparte merecen las fotos,....cada día te salen mejor.Y hoy reflejan un paisaje entre quimérico y monumental,...realmente algo grande. Compartimos en cierta forma la opinión sobre la Madre Patria. El tiempo destila la verdadera historia, su esencia y la verdad. Y a veces es dolorosa. Debo decirte "misión cumplida" amigo Cedeño. Un fuerte abrazo, de amigo, de seguidor, y de hermano latinoamericano.ELCRUZADO

Amaia Villa dijo...

No conozco Ávila pero con estas hermosísimas fotos me has dado ganas.

Un abrazo

Tatiana dijo...

Alfredito, que bellas palabras y fotos... cada dia mejor estas como el vino añejo... un abrazo
Tatiana

Anónimo dijo...

Me gusta Me gusta!! G R A C I A S por tan valiosa información! Dios bendiga sus manos y su mente!!

Zafira