domingo, enero 27, 2013

MANDARINAS

           Cada ciudad, país, región, o como quieran llamarle, va adquiriendo signos distintivos que disparan en aquellos que le conocen, o se enteran de su existencia, una relación inmediata con dicha localidad.  Es el caso de Las Vegas y los casinos, las prostitutas y el barrio Pigalle de París, New York y los taxis más despelotados del mundo, los churros y Madrid, los fish and chips y Londres,  San Juan de Puerto Rico y los piononos… En Venezuela se dice mandarinas y se piensa en la vía a Oriente.
           Ya se ha convertido en parte del paisaje de la autopista que va de Caracas a Higuerote, a la altura de Chuspita, una sucesión de puestos de venta del mencionado fruto, y si uno se detiene, entre los meses de diciembre y abril,  a preguntarles de donde vienen esos cítricos, invariablemente todos responden: de Araira…
 
Aseguran que los cítricos existen desde hace 20 millones de años y que se originaron en India, China e Indochina; es decir en el sudeste asiático. Se dice que el nombre les viene del color del traje que usaban los mandarines chinos; no creo necesario explayarme escribiéndoles sobre ese deporte tan humano que es dar versiones y opiniones a nuestro real saber y entender sobre todo aquello en lo que consideremos tener la más enjundiosa de las disertaciones para explicar así sea el vuelo de los mosquitos. Lo cierto es que en la actualidad su cultivo y consumo está presente prácticamente en todo el mundo, con innumerables variedades.
 
Esta planta pertenece a la familia de las Rutáceas, género de los Citrus y subgénero aurantioideas; sus frutos son los cítricos más consumidos en el mundo entero.  Es vox populi los beneficios de su consumo por su contenido de vitamina C, ácido fólico y provitamina A; también posee ácido cítrico, potasio, magnesio, calcio y minerales.  Mi abuela hubiera dicho que era la tacamajaca de los cítricos. 

 
          Les quiero comentar que los mayores productores de mandarinas son: Brasil, EEUU, China, México, España, India, Irán, Italia y Argentina. En el caso de Venezuela los principales estados productores son Yaracuy, Carabobo y Miranda. En esta última entidad hay sembradas cerca de 15.000 hectáreas de dichos frutales; lo cual permite inferir que alrededor del 65% de la superficie y producción de mandarina, en Venezuela está  en territorio mirandino.
 
           Ahora bien, ayer sábado 26 me fui hasta Araira buscando donde estaban colectando mandarinas y así fue como llegué a Salmerón, que está a 50 minutos de carretera desde la autopista. Una vez en esa población, uno de los más de cien conductores de pickup Toyota, que se dedican a “bajar” las cestas a los centros de acopio, me llevó, durante 46 minutos por un camino en condiciones infernales, hasta el sector Juan Torres a la finca de Simón Yánez.
 
           El viejo Simón, con 62 años y un ACV a cuestas, es el productor más importante de la zona.  Posee en 97 hectáreas varios millares de plantas que ha ido plantando a lo largo de 22 años. “Se dice fácil, pero nadie sabe el cerro de bolas que he tenido que echarle a esto”.
 
Él dice que en esta cosecha espera sacar unas 50 mil cestas, de 40 kilos cada una, de mandarina. “A ver si me recupero del carajazo del año pasado, que sólo pude llegar a sacar 6.000 cestas… pero así es la vida, no siempre te toca ganar, también se pierde y a eso uno tiene que hacerle frente.  El dinero no vale nada, a fin de fines cuando te pones a ver bien te encuentras que no te sirve de nada.”
 
           Yánez tiene una plantilla de 20 peones que trabajan en su finca durante todo el año, pero en estos días de recolecta tiene otros veinte trabajadores, como es el caso de Ramona Pellicer, de 34 años, quien trabaja de lunes a domingo, porque “el trabajo no está abundante que se diga, y aquí me pagan 20 bolívares por cada cesta que lleno, y si me fajo como es puedo llegar a sacar 20 cestas. Malo no es.”
Ella es la que tiene a su cargo colectar las mandarinas tangelo que son 500 plantas que Simón mima con particular empeño. “Esas me las trajeron de Maracay, y yo no estaba muy convencido, pero en lo que echaron la primera carga y las probé, me quedé enamorado de ellas. Si pudiera quitar todas las matas de la mandarina tradicional que tengo y cambiarlas por esta: lo haría, aunque yo sé que la gente lo que quiere es la de siempre, que tampoco es que se me da mal; pero quisiera poderle enseñar a la gente la diferencia que hay y la calidad de esta mandarina; aunque eso me signifique ganar menos.”


 
Es un tejido de historias y vidas que se enlazan a 1.800 metros de altura en las montañas que bordean a Salmerón. Es esa trama que arropa esas laderas y se convierten en pulpa jugosa para endulzarnos la boca cuando compramos las mandarinas de Araira…

© Alfredo Cedeño


 
 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente hermano...

Johan Rodríguez Perozo

Anónimo dijo...

Buenos dias!! Que fotos tan provocativas, que recuerdos tan ricos

Raquel Garcia

Anónimo dijo...

HOLA ALFREDO.... MUY BUENOS DIAS.... ESTAN PARA COMERSELAS... WAOOOO QUE RICAS SE VEN.....!!!!! FELIZ DIA AMIGO..

Miriam Coromoto

Anónimo dijo...

Interesante, y además me gustan muchísimo!

Rita