domingo, diciembre 15, 2013

AYAMANES

En las serranías que se alzan como lomos de potros bravíos entre los territorios de Lara y Falcón, en el occidente de Venezuela, vivieron los indígenas Ayamanes o Guayamanes, también algunos cronistas les llamaron Ayama, Yama o Wayama. Para los historiadores ellos eran en realidad una parcialidad de los Ajaguas, o Achaguas, quienes a su vez pertenecían a la familia lingüística Arawak.
             Su herencia es patente en los rasgos de quienes hoy habitan los que fueran sus espacios antaño.  Al revisar las cifras del Censo Indígena que se realizó en el año 2011 me llamó mucho la atención la aparición en ese instrumento demográfico de 2 individuos pertenecientes a dicha etnia, la cual para muchos se extinguió años ha.
            A esta altura quiero hacer algunas observaciones. Cuando finalizaba el siglo XV y llegaron los exploradores europeos a las actuales costas venezolanas encontraron una amplia diversidad humana que les llenó de asombro.  El estupor creció cuando comenzaron a internarse en los nuevos espacios y se fueron encontrando con una aún mayor diversidad de grupos de lenguas y costumbres, las cuales estaban claramente diferenciadas.
            Vale la pena, a manera de muestra reproducir lo que Américo Vespucio dice de lo que vio en una carta fechada “a 18 días del mes de julio de 1500”, en la cual escribe: “y fuimos a lo largo de la tierra, y siempre veíamos muchísima gente, y cuando teníamos oportunidad tratábamos con ellos, y nos daban de lo que tenían y todo lo que les pedíamos. Todos van desnudos como nacieron sin tener ninguna vergüenza”.   No obstante, los prejuicios no tardan en aflorar y eso se aprecia claramente al leer cómo remata sus apreciaciones con este juicio: “que si yo hubiese de contar cumplidamente cuán poca vergüenza tienen, sería entrar en cosa deshonesta, y es mejor callarla…”  Es justicia que debe hacérsele a Vespucio que paginas más adelante dice: “En aquellos países hemos encontrado tal multitud de gente que nadie podría enumerarla, como se lee en el Apocalipsis: gente, digo, mansa y tratable; y todos de uno y otro sexo van desnudos, no se cubren ninguna parte del cuerpo, y así como salieron del vientre de su madre, así hasta la muerte van”.    
De aquellos primeros tiempos e iniciales encuentros con esos habitantes primigenios de nuestros territorios sólo permanecen algunas crónicas, no hay información precisa de ese tesoro humano y por ende cultural.  Se pueden hacer algunas suposiciones sobre sus costumbres y conductas, al leer a cronistas como Francisco López de Gomara quien dejó asentado en su Historia General de las Indias, al referirse a los habitantes de Cumaná párrafos como este: “Cierran los huertos y heredades con un solo hilo de algodón, o bejuco que llaman, no en más alto que a la cintura. Es grandísimo pecado entrar en tal cercado por encima o por debajo de aquella pared”. Sin que ello implique pusilanimidad en estos hombres  puesto que más adelante se lee: “Son cumaneses muy continos y certeros cazadores; matan leones, tigres, pardos, venados, jabalíes, puercoespín y toda cuatropea, con flecha, red y lazo”. 











            La lista puede ser inmensa, y entre los grupos que se afirma existían entonces se mencionan a Guajiros, Onotos, Motilones, Pemones, Bobures, Quiriquires, Timotes, Mucuchies, Migures, Cuicas, Caquetios, Gayones, Ciparicotos, Jirajaras, Cuibas, Guamonteyes, Betoyes, Otomacos, Yaruros, Taparitas, Guahibos, Guamos, Achaguas, Chiricoas, Caracas, Mariches, Teques, Palenques, Tamanacos, Guaiqueries, Cumanagotos, Píritus, Pariagotos, Chaimas, Waraos y Guapaunos.  Como se puede ver, entre ellos no aparecen mencionados la gran mayoría de los grupos que actualmente sobreviven en nuestro país.
             La realidad es que es literalmente imposible conocer los nombres reales de la mayoría de los grupos que constituían nuestra estirpe primigenia, así como el lugar preciso de ubicación, ya que con frecuencia tanto conquistadores, como colonizadores, y misioneros, confundieron sitios y denominaciones, armando un enredo de tal magnitud que ni siquiera los primeros cronistas lograron escapar de él, y terminaron aceptando como verdades esos datos que muchas veces eran hibrido entre miedos, certezas y leyendas.  Hubo oportunidades en las que ponían el mismo nombre a grupos distintos, ya que se guiaban por la vecindad entre unos y otros; en ocasiones confundían el nombre de la comunidad con el del jefe de ella, como fue el caso de los Cumanagoto, o los Piritu, o los Guaiquerí.

           Por otro lado, es digna de atención el criterio de Miguel Acosta Saignes quien hace una propuesta de distribución demográfica y territorial de aquellos moradores originales, la cual estableció en 10 áreas.  Ellas son: área de la costa caribe, que abarcaba desde Paria hasta Borburata, donde estaban comprendidas las subáreas: Cumanagoto, Palenque y Caracas. Luego establece la de los Ciparicotos, a la cual coloca como parte del pueblo Caquetío; el área tercera sería la de los arawakos occidentales, que contiene a los Caquetíos y a las que asigna como zona de distribución los actuales estados Falcón, Lara y Yaracuy, así como los llanos de Apure; área de los Jirajaras, en la cual estaban incluidos Jirajaras, Ayamanes, Axaguas y Gayones. La quinta área de La Guajira y del lago de Maracaibo, donde aparecieron sólo grupos de cazadores-recolectores y pescadores; luego el área de los caribes occidentales, que incluye a Pemones, Bobures y Motilones; el área séptima corresponde a  los Andes venezolanos, donde estarían los Timoto-cuicas.  En cuanto a la octava área la denomina de los recolectores, donde se incluye a los actuales Warao del delta del Orinoco y a los cazadores-recolectores y pescadores de Los Llanos cuya área de influencia comprendía parte de Portuguesa y Lara; el área novena de los Otomacos, donde se incluían Otomacos, Guamos, Taparitas y Yaruros; finalmente el área de Guayana, en la cual se encerraba todo el territorio al sur del Orinoco.
              Ahora bien, en la actualidad se ha logrado establecer consenso en cuanto a sus orígenes partiendo de la lingüística, entendiendo por tal al estudio científico de la estructura de las lenguas o idiomas propios de un grupo humano.  En ese sentido se ha determinado, gracias a los grupos actuales existentes que los indígenas venezolanos tienen cuatro troncos lingüísticos principales: Arawak, Caribe, Chibcha y Timoto-cuica; sin embargo, algunos científicos consideran a estos últimos como parte de la familia Chibcha.
            En cuanto al primer grupo –y aquí vamos retornando a nuestros amigos Ayamanes–, los Arawak, también conocidos como Arauac, se desarrollaron en el seno del área amazónica; sus integrantes bien podrían definirse como vagabundos transcontinentales.  Ellos, agrupados en equipos de cazadores a los cuales acompañaban sus familias, se desplazaban siguiendo las manadas de animales para garantizar su manutención, y se asegura que fue así como inicialmente llegaron desde Asia.
            Sus periplos finalmente se estacionaron en el actual territorio de Brasil y Venezuela, lo cual algunos consideran ocurrió hace cerca de 15.000 años. Se estima que alrededor del año 2000 AC una oleada de este grupo, que aprovechó el curso de la red fluvial que riega el continente, se extendió por los espacios que ahora conforman nuestro territorio para luego ir constituyendo un rosario de pequeñas aldeas hasta convertirse en el grupo más populoso y extendido de todo el continente americano.
            Los Arawak se fueron haciendo sedentarios, lo cual les llevó a desarrollar el cultivo de la yuca y el maíz.  A la par de ello, aprendieron a utilizar las fibras vegetales que descubrían en sus nuevos entornos y comenzaron a fabricar tejidos para de este modo poder elaborar hamacas, redes, cestas y guayucos.  También se sabe, gracias a los diversos hallazgos arqueológicos contemporáneos, que fabricaban anzuelos para pescar, los cuales manufacturaban con conchas marinas que obtenían de sus incursiones a la costa y lugares tales como Cubagua y Los Roques; o bien por intercambio con quienes las tuvieran.
            Ellos también descubrieron el barro cocido y sus consecuentes aplicaciones, hallazgo que comenzaron a utilizar para la fabricación de vasijas y diversos utensilios utilitarios, como ocurrió con el muy criollo budare, o aripo, palabra de clara resonancia indígena, como todavía se le puede oír nombrar en algunas comunidades rurales.  Del mismo modo se dedicaron a la elaboración de diminutas figuras que representaban a los miembros de sus panteones cosmogónicos. Muestras de estas piezas, han sido encontradas en el Ávila y diferentes áreas cercanas a algunos de sus antiguos centros poblacionales.  Se cree que por la ubicación de los puntos de descubrimiento de dichas piezas que ellas estaban destinadas al culto religioso, o bien fueron utilizadas como ofrendas votivas; la mayoría de las cuales es de suponer eran ofrendadas para lograr obtener cosechas abundantes o buenas labores de pesca, o tal vez como gesto de agradecimiento a sus deidades.
             Este grupo fue el estrato humano más antiguo no sólo de nuestro país, sino de toda la América meridional, que poblaron las hoyas del Amazonas y del Orinoco, así como las pampas del Paraguay. Alfredo Jahn estimaba que eran Arawak “los caquetios, que los europeos encontraron en el litoral de Coro y en las islas de Curazao, Aruba y Bonaire, llamadas de los Gigantes, por las extraordinarias proporciones corporales de los indios, eran los mas conspicuos representantes de aquella antigua población que había alcanzado cierto desarrollo cultural, como lo demuestran las colinas y terraplenes de tierra por ellos levantados en las pampas del Chaco paraguayo y boliviano y en las sabanas de Zamora y Portuguesa de nuestro propio país”.
Al escarbar en diferentes fuentes documentales se encuentran referencias a ellos como la que dejara Gonzalo Fernández de Oviedo en el siglo XVI en Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar océano, donde dice que unos vecinos de Margarita al ir a Santo Domingo “personas que merecen crédito, é dixeron assi. En la costa del mar del Norte, entre el rio Marañon y la isla de Trinidad é golpeo de Paria, está una naçion de indios llamados aruacas, gete de buen aspeto é de tales obras, que con respecto de los indios de estas partes les haçen mucha ventaja. Andan desnudos in ninguna ropa, y el miembro viril reasumido en el cuerpo, que solamente se muestra el extremo ó capulo fuera, y en aquel un canutillo de hojas de palma.  Muéstranse muy amigos de los chripstianos, y son enemiguíssimos de los indios caribes, con quien siempre estan en guerra, é los caribes con ellos”.
             Ahora bien y ya retomando nuestro tema de hoy, el primer testimonio escrito referente a ellos lo encontramos en Viaje a las Indias del Mar Océano escrito por Nicolás de Federmann, quien en 1530, estando al servicio de los Welser, o Belzares  según su castellanización, exploró esos territorios. En el capítulo V de esa obra podemos leer: “En la mañana del tercer día llegamos a una aldea de seis u ocho casas, que es la primera de la nación de los ayamanes. (…) Los prisioneros que me llevaron eran todos de muy pequeña estatura, sin ninguna mezcla, como me lo habían dicho los indios; los más grandes tenían cinco palmos de altura y muchos no tenían más que cuatro; sin embargo estaban bien hechos y bien proporcionados.”
      
            Aspiro no cesar en mi machacar, aún corriendo el riesgo de tornarme pesadamente insoportable, así como vendedor evangélico de Atalaya, al insistir en destacar la riqueza de cada trozo, por pequeño que sea o de insignificante apariencia, que da forma y sentido a Venezuela.  Un escenario de ilusiones a veces derrotadas, y otras triunfales, campo de retos perpetuos como la mano de las mujeres que no cesan de ganarse la vida con dignidad y colocar su particular ladrillo en la construcción de nuestra casa común.
             Es mentira que el mundo Ayamán se haya extinguido, permanece en los rasgos de esta gente y en su disposición cuotidiana a la pelea por la vida, sobreviven en  su tenaz apego a una tierra dura pero generosa para ellos.  Venezuela es un aluvión de gente que se ha ido asentando con delicada armonía de canciones ancestrales, somos cántiga que se eleva sobre mezquindades e injusticias para celebrar ser parte de este hermoso tinglado que somos.

© Alfredo Cedeño

7 comentarios:

Anónimo dijo...

La nota de hoy es una completa lección de historia de los Yamanes,...genealogía, territorio, características propia de la etnia,..Algo que me llama la atención, es simplemente , la inocencia que brota de sus miradas, cristalinas y alegres. Un abrazo amigo Alfredo.JUAN ANGEL PETTA

Anónimo dijo...

Buenos dias! Estare siempre agradecida por tu empeño en enriquecer nuestras historiias.. En consentir nuestra mirada con tus excelentes fotos! Besos muchos! BluisaE

zulma dijo...

Caramba no dejas de impresionarme con tus escritos, hasta debajo d e una pieda consigues un motivo, y lo mejor es que con ello nos enseñas a conocer nuestra historia mas antigua y no precisamente la de la independencia ,sino la de nuestros indígenas ,que siempre han estado relegados a un último lugar. Gracias cariño

José Valle Valdés dijo...

Me resulta de mucho merecer este aporte que nos regalas, amigo.

Gracias + Abrazos

José Antonio Yajure dijo...

Excelente artículo. Yo soy un posible descendiente de ayamanes. He estado leyendo y estudiando sobre estos pueblos originarios desde hace varios años en busca del origen de mi familia YAJURE, estoy en el dilema entre el origen caquetío o ayamán. Me decanto por los caquetíos basándome en los registros históricos (de nacimiento, matrimonio, defunción y confirmación), aunque mi familia posiblemente se mezcló con otras etnias de la zona. En algunos registros de entre 1700 y 1800 son llamados simplemente indígenas, en otros son llamados caquetíos, en otros llamados indígenas de tal lugar, pero he hablado con algunos expertos y me han dicho que la raíz del apellido Yajure, al igual que Manaure y Timaure es claramente caquetía. En fin, agradezco tu artículo, excelentes imágenes. Saludos

Enna Maria dijo...

Excelente trabajo, te saludo desde Falcón. Acá he tenido la oportunidad de hacer amistad con descendientes de ayamanes, tremendas personas con un corazón enorme, andan en su trabajo de investigación por rescate de su lengua y por supuesto apedados a la tradición de Las Turas. Felicitaciones por el aporte

Enna Maria dijo...

Excelente trabajo, te saludo desde Falcón. Acá en Coro he conocido a unos ayamanes de San Pedro de Mapararí, tremendas personas con un corazón enorme; están en trabajo de investigación por rescate de su lengua y apegados a la tradición de Las Turas. Felicitaciones por el aporte.