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miércoles, agosto 07, 2019

EXPERTOS EN DEMOLICIÓN

 
                La canción de moda en ciertos ambientes nacionales, con ciertos toques de bygdedans traídos directamente de los fiordos, un toque de calypso de Barbados y, como era de esperar, una buena dosis de rumba cubana, es la reconstrucción de Venezuela. El coro enaltecedor de la inclusión es atronador, es una verdadera polifonía en la que una nube de coreutas enardecidos clama por la unidad, aun cuando sea contra natura, de todos contra Maduro. No se tratan de simples motetes los que se entonan, ya quisiera Wagner haber mostrado semejantes habilidades en su Tannhäuser o en Parsifal. Aunque abundan también aquellos émulos del bachiller Modest Mussorgsky que se la juegan a lo Boris Godunov, donde el protagonista es el pueblo mismo.
                La pompa y seriedad con la que se exige la participación de todos los connacionales es de una conmovedora elocuencia. ¡Es que hasta ternura dan! ¿Qué importa que el honorable Ismael haya creado la Lista Maisanta? ¿Cómo vamos a detenernos en minucias como los encarcelamientos ordenados por la sicaria judicial Luisa Ortega? ¿Quién osa pedir cuentas a esa nueva joya, que nadie sabe ahora donde ponerla para que no se rompa, El Pollo Carvajal? ¿Hasta cuándo pretenden distraer a la colectividad del inefable apoyo a la ínclita dirigencia política que tanto nos ha aportado en esta sacrosanta lucha contra la dictadura? ¡Es que no cooperan en nada estos cómplices de la antipolítica que tanto daño nos ha hecho! Todo esto entonado con cara de circunstancias y gesto de sacristán con ataque de hemorroides.
                La sumisión tiene que ser absoluta ante el estalinismo contemporáneo de la corrección política, bozal con el que se nos pretende amordazar a quienes disentimos de todas las imbecilidades que van soltando.  La más reciente es la necesidad de convocar a los más conspicuos asnos de la reata roja porque todos somos necesarios en esta hora del renacer nacional. A ver, ¿quién me puede decir una sola cosa que estos hijos de sus malas madres hayan hecho? ¿Qué nos pueden aportar los chavistas-maduristas aparte de sus habilidades más que patentes de acabar todo cuanto tocan? ¿Acaso necesitamos que arruinen todavía más lo escaso que nos queda? ¿Es que los necesitan para que enseñen cómo saquear inmisericordemente las riquezas del país? ¿Qué demonios puede aportar esa gavilla de alimañas?
                ¿A qué están jugando los correctos "dirigentes"? ¿Qué buscan los neo notables cuando se erigen en la bisagra de una puerta que no existe porque hace rato que las termitas se la zamparon? A quienes alertamos sobre los riesgos de la perversión que se nos trata de endosar, buscan despacharnos con el remoquete de anti políticos, o guerreros del teclado, o de mandaderos de Maduro.  Y no puede uno dejar de pensar: ¿Quiénes pusieron su mejor celo y empeño en descalificar y acabar los partidos políticos que sus propios dirigentes? ¿Acaso no lo demostró el prócer Rafael Caldera, que prefirió destrozar lo que quedaba de Copei para avivar el chiripero devenido en el partiducho Convergencia? ¿Acaso fuimos nosotros los que hicimos que el otrora venerable Alfaro Ucero diera el nada edificante espectáculo, tal judío errante, de su candidatura náufraga?
                Bien lo dice el refrán: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y hoy por hoy lo que sobran son émulos de Edipo. Se empeñan en acuchillar a Layo, después de todo su obsesión por Yocasta poco les importa que les termine costando los ojos que ellos mismos se terminarán sacando.

© Alfredo Cedeño

miércoles, marzo 21, 2018

¿QUÉ SECRETO LES TIENE?


                Crecí en un hogar de clara vocación católica. Mi padre era un fervoroso devoto de la virgen del Carmen, mi madre, como buena margariteña, vivía con la virgen del Valle a flor de labios; mi abuela Elvira, era frecuente visitante de los templos de La Guaira. Sin embargo, papá y mi abuela eran unos escépticos desahuciados, todo lo cuestionaban; pocas cosas escapaban a su suspicacia, por lo general lo que a uno se le escapaba el otro lo escarbaba.
                Un punto al que siempre se referían era a la dictadura de Pérez Jiménez, e invariablemente mi abuela decía: Algún secreto le tuvo que tener Caldera a él, porque fíjate que nunca lo tocaron, sólo al final fue que salió y eso por unos días. Papá asentía y comentaba: Mamá, recuerde que entre cielo y tierra no hay nada oculto.  La vieja Elvira, quien se ufanaba de su relación con la madre de crianza de Caldera, a veces respondía: Un día de estos le pregunto a misia María, quién quita que suelte algo. Y pasaban los días.
                Una tarde llegó a la casa mi padre con los anteojos cabalgándole en la punta de la nariz y el sombrero ladeado, manifestaciones claras de que algo fuera de lugar lo traía en ascuas. Apenas cruzó la entrada soltó: ¡Mamá!, ¿usted sabía que Alicia Parés, que fue esposa de Alejandro Ibarra Casanova y terminó casada con Pedro Estrada es prima de Bety, la mujer de Luis Herrera? Ella solo atinó a responder: ¿Cómo es la vaina? Como estás oyendo, acabo de estar hablando con una gente de Trujillo que los conoce y me echó ese cuento, ¿será por eso que con Caldera nunca se metieron? Mi abuela respiró hondo, muy hondo, se santiguó y respondió: Mire hijo, deje quieto lo que está quieto, hay cosas que se piensan o se saben, pero no se dicen; no se toque más el tema. Y nunca más ellos volvieron a comentar la invulnerabilidad del doctor Caldera.
                Estos recuerdos me vienen a la memoria de manera recurrente cada vez que me entero de las sanciones que en el mundo entero se anuncian contra el bigotón y su combo, sanciones van y sanciones vienen y el hijo de El Furrial, ese mismo al que no se puede mencionar porque sale un ejército de jueces y tribunales a multar, a dictar ordenes de encarcelamiento y a producir cualquier barbaridad jurídica para aquietar sus ataques de mal de rabia, se mantiene cual Caldera: ni lo nombran, mucho menos anuncian el decomiso de alguna cuentica así sea con dos dólares o tres francos o cinco libras. Naranja china, limón francés.
                Congelan bienes de generales, de ex ministros, les quitan las visas, y las master card, no dejan títere con cabeza en los predios gobierneros y él como Moisés ante el Mar Rojo: las aguas se abren a su paso y ni el revoloteo de un tucusito lo roza. Parafraseo a mi abuela y mi padre: Algún secreto le tiene que tener ojitos bellos a los americanos que nunca lo han tocado. Ahora es Gilberto Santa Rosa quien me llega al recuerdo y tarareo de una de sus canciones: Que alguien me ayude, se me hace urgente.

© Alfredo Cedeño

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