domingo, octubre 28, 2012

GUAYANA

           Venezuela es no solo un vasto territorio de paradojas geográficas y riquezas inmarcesibles. También es una amplia cantera de mezquindades que suelen disfrazarse bajo diferentes ropajes con los que se pretende lanzar al ostracismo las verdaderas riquezas de los talentos que, pese a todo, se empeñan en brotar por todas partes.
          Mi vida no se ha caracterizado por un "lenguaje político correcto” precisamente. Podría enumerar una larga lista de ocasiones en las que he chocado con ciertos petulantes de dudoso prestigio académico y creativo, quienes alguna vez pretendieron silenciar mis críticas a esta pesadilla gubernamental que vivimos desde fines del siglo XX con el ya cacareado recurso de que yo seguía el guión de la “manipulación mediática”. 
          Venezuela ha tenido el dudoso privilegio de ser la cuna de mujeres y hombres de comprobado talento que se han visto condenados a un largo destierro de los “intelectuales de turno” en sus respectivas ocasiones. Ha sido el caso de muchos. Pero el tiempo, ese largo y equitativo brazo que todo lo coloca donde le corresponde, nunca deja de cumplir con su labor.
          Uno de esos marginados, una de las plumas más sólidas que nos hemos dado el lujo de tener en Venezuela, fue el escritor Pedro Berroeta. A él le enrostraron el que fungiera como presidente de Venezolana de Televisión –VTV–, el canal oficial del estado, de 1976 a 1979, durante el primer mandato de Carlos Andrés Perez. A partir de ahí le colgaron el sambenito de “adeco” para, con ello, pretender arropar con un silencio fatuo su palabra resonante.
          Hago este largo preámbulo porque de Pedro Berroeta es una frase que siempre evoco cuando pienso en la zona de la cual escribo hoy. “Junto a la mano de Dios la mano del hombre, así es Guayana”.
           (Confieso que soy de los que sufre arcadas cuando lee algo y aparece una frase al estilo de “yo creo, yo considero, yo puedo”; así que pido excusas a quienes le provoque  bascas pero no puedo más que seguir en primera persona.)
           Yo, que he sido un privilegiado permanente de la vida y el amor, me puedo jactar de haber andado esta tierra bendita de una punta a la otra, y de ello no cesaré nunca. Por eso es que esa frase de don Pedro no deja de retumbarme, porque no he vuelto a encontrar otra frase que diga en mejor y más sucinta manera lo que es este trozo de nuestro país.
           Guayana es el espacio de lo increíble y lo temerario, de las angustias que liberan y los espacios que atenazan en su inmensidad, de las rocas milenarias y de los sueños que se convierten en pesadillas hasta robarse la vida de los más osados. Aquí fue donde las leyendas se hicieron realidad en la pluma del escocés Sir Arthur Ignatius Conan Doyle para cristalizarse en El mundo perdido. 
           Ahora bien, el paseo de Guayana por la historia occidental comenzó de la mano del vasco Juan Bono de Quejo, quien acompañó a Colón en su cuarto viaje a la recién descubierta tierra americana.   Él pilotaba una de las embarcaciones de aquella  cuarta expedición y fue quien, en 1516,  exploró el Delta del Orinoco, sus informaciones  son las primeras noticias que se tienen de lo que hoy es tierra guayanesa y fue pionero en mencionar el nombre indígena del Orinoco: Huyapari.
        Años más tarde, en 1532, Diego de Ordaz se internó  por el Orinoco hasta llegar  a los Raudales de Atures, al sur de la actual  Puerto Ayacucho, recorriendo más de mil kilómetros de río, luego internóse hacia el sur  y tal parece que llegó  hasta la Sierra de Imataca en su expedición.  Después de múltiples inconvenientes, Ordaz regresó y llamó Guayana a la zona -siendo esta la primera vez que tal denominación se empleó.

          A Ordaz le siguieron en su labor descubridora numerosos conquistadores que se fueron estrellando contra uno y otro tipo de contratiempos.  Antonio de Berrío hizo varias incursiones a la zona y en 1590 recorrió  este territorio hasta la Sierra de Parima.  Este expedicionario, en 1591,  construyó a orillas del Orinoco, unos 10 kilómetros abajo de su unión con el Caroní,  un fuerte.  Más adelante, y se piensa que fue el 21 de diciembre, por ser este el día  de  Santo Tomás Apóstol, en el año 1595, Berrío fundó  Santo Tomé de Guayana.
            Ya en Europa se hablaba de El Dorado.  Sir Walter Raleigh andaba obsesionado por llegar allá y en 1595 escribió: Hace ya muchos años tuve conocimiento, por una relación, del poderoso, rico y hermoso imperio de Guayana y de aquella grande y áurea  ciudad que los españoles llaman El Dorado y los naturales Manoa (...). Para enumerar sólo los diversos animales, aves, peces, frutas, flores, gomas y maderas y sus numerosas religiones y costumbres haría falta: para lo primero, tantos volúmenes como los del  Gesnerus,   y para lo segundo, otro montón de Décadas. 

            El inglés no sólo estaba deslumbrado por las supuestas riquezas de este territorio, si no que, luego de recorrerlo, asentó: No existe ningún país como la Guayana que pueda ofrecer más placer a sus  habitantes: no sólo en cuanto a las diversiones corrientes como son la caza, halconeo y pesca, sino también a todas las demás.  Tiene inmensas llanuras, ríos transparentes, abundancia de faisanes, perdices, codornices, grullas, garzas y de todas las aves.

           Raleigh ha de continuar con su fijación y a comienzos  del siglo XVII -unos dicen que en 1617, otros que en 1618- ordena el ataque y destrucción del centro poblado que frenaba sus intenciones de conquistar el Orinoco, lo cual le abriría las puertas a El Dorado.  El favorito de Isabel II no logró su cometido y en el intento perdió a su hijo.
           La magia guayanesa se expandió y nadie dejó de señalar  las bondades que esta tierra  encierra, es así como Fray Pedro de Aguado en su Recopilación Historial de Venezuela escribe, a fines del siglo XVI: ...los indios lo guiaron y llevaron  a las provincias y rica noticia de Guayana, tierra muy poblada y apacible y de innumerables riquezas, cuyos naturales  lo         recibieron  muy amigablemente y le proveyeron de muchas comidas”.
         En 1629 fue el holandés  Adrián Janzoon Peter, quien asaltó Santo Tomé de Guayana destruyéndola, lo mismo sucederá  en 1637, 1664 y muchas otras veces en que filibusteros, piratas y toda clase  de bandoleros asolaron la zona.  En 1662 comenzó la llegada de los misioneros a esta región, el primero en establecerse  fue el jesuita  francés Dionisio Merland, quien fracasó en su tentativa  misional.   En 1687 llegan los capuchinos catalanes, en 1720 lo hacen  los jesuitas como congregación y en 1721 los franciscanos observantes.  En 1734 estas tres órdenes religiosas se repartieron el territorio guayanés. En 1764 Santo Tomé fue trasladada a Angostura del Orinoco, nombre que rápidamente quedó abreviado a Angostura.

           Otro que dejó asentadas en sus crónicas de fines del siglo XVIII fue el jesuita italiano Felipe Salvador Gilij, quien llegó a decir que en los relatos de El Dorado había muchos enredos.  Por ello, afirmo que el magnetismo de esta tierra es una fuente perenne que ata a sí a todo aquel que la conoce. 
         Alejandro de Humboldt, a comienzos del siglo XIX, escribió: Todo este país es una región abierta, llena de hermosas sabanas, y no se asemeja  en absoluto al  país que hemos recorrido hasta ahora en el Alto Orinoco.  (...)  Pequeñas mesetas ofrecen un clima sano y templado; el cacao, el arroz, el algodón, el añil y el azúcar crecen abundantemente por dondequiera que se somete al cultivo un suelo virgen y cubierto de gramíneas...
           Guayana… Tierra de tepuyes, de historia, de amor, música y gente hermosa como todo este largo, ancho y generoso país donde me permitió la providencia nacer.   Guayana… La siempre codiciada, la regada  por el padre de los ríos, la espléndida, la ubérrima, la que ha parido hombres y mujeres muy especiales, la del Caroní, El Carrao, Canaima, Yuruan, Supamo, Chikanán, Cuyuní, Caura, Cuchivero, Aro, Paragua, Kukenán,  Kuao,  Manapiare, Parucito y diez mil ríos más.
            Guayana… La del Aponwao, Churun-merú, Gran Sabana, Payapal, Auyan-tepuy, Autana. La de los Pemon, Akawayo, Ye´kwana, Yanomami, Baniva, Kurripako, Guajibo, Yabarana, Panare, Piaroa, Piapoco, Warekena, Yeral, Sanemá, Mapoyo, Hoti, Uruak, Sapé, Saliva, Puinave y Lokono.   Guayana… Una fiesta para los ojos que se quiere guardar siempre en el fondo de las retinas.  Guayana…La codiciada por su manganeso, dolomita, hierro, diamantes y bauxita.  Guayana… La del Oro, Oro y más Oro, pero nunca igualada en sus panoramas y su gente.      

© Alfredo Cedeño

 

11 comentarios:

Amaia Villa dijo...

Sigues transmitiendo semana tras semana el amor por tu tierra. Me ha parecido un texto muy bueno que entreteje historia, paisaje, leyenda e incluso nos da a conocer al escritor Pedro Berroeta. Me guta como lo has contado y las fotografías de cielos y montañas (a mí que me encantan los paisajes) me parecen muy hermosas.

Abrazo grande y buen domingo

Amaia

Martha Alicia dijo...

Alfredo, ¡qué maravilla de fotos! cuando terminé de leer me fui a buscar más información sobre ese maravilloso lugar. Me encontré con que es una ciudad pujante, muy visitada por su belleza.
Me hubiera gustado saber más de su época colonial política y económica.
Seguiré buscando.
Las fotos son maravillosas.
Saludo

Anónimo dijo...

Buenos días Felo, Excelentes fotos y narrativa sobre mi tierra adoptiva.

Elizabeth Frontado

Anónimo dijo...

SENCILLAMENTE ESPECTACULARES ESAS FOTOS DE GUAYANA, Y EL COMENTARIO QUE HICISTE DEL SR.PEDRO BERROETA ES MUY CIERTO, UN HOMBRE MUY INTELECTUAL, CAPAZ, Y UN BUEN HISTORIAL.. MAGNIFICO.. ESTA SEPULTADO CON EL PEOR GOBIERNO QUE HEMOS TENIDO EN LA HISTORIA DE VENEZUELA, ALFREDO . FELIZ DIA

Anónimo dijo...

gracias alfredo por enviarme tus articulos,,son muy buenos,,

susana

Anónimo dijo...


Excelente todo, fotos y textos.
Saludos

Jaime Ballestas

Anónimo dijo...

Buenos dìas Alfredo
Cada vez que leo tus artículos. se afianza mi amor a la patria. A través de las espectaculares fotos, me transporto a esos lugares y me provoca viajar para conocerlos y decir yo estuve allí y no solo a mi me lo contaron

Besos

Raquel Garcia

Anónimo dijo...

Genial, como siempre. Cariños.

Adri

MOMO dijo...

Dulces y penetrantes tus palábras. Tienes ese cuidado y respeto por el lector y por lo que describes. Gracias por compartir tu forma creativa y sabia de describirnos cada lugar del maravilloso país Venezuela.

Unknown dijo...

Alfredo en una sola palabra "EXCELENTE". Gracias por compartir tus textos y fotografias.

José Valle Valdés, Pichy dijo...

Muy bien, amigo, me ha gustado mucho.

Abrazo