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miércoles, julio 01, 2020

¡LIBERTAD PARA EL PETRÓLEO!


                ¿Para qué pensar el mundo y todo lo que ello representa? ¿Tal vez el tiempo de pensarlo ya caducó?  Nuestras historias, la creativa y la formal, se habían venido ocupando de ello en forma densa, intensa y extensa sobre nuestra condición y vicisitudes. Así fue como nacieron los mitos, es decir apareció la cosmogonía.  Y luego nacieron los eruditos, aquellos de incapacidad manifiesta para entender a sus parientes, vecinos y paisanos –así como sus requerimientos más primitivos que expresaban de forma oral–, quienes crearon la cosmología, a la cual llevaron a categoría de erudición y, palabras más palabras menos, la definieron algo así como: “la ciencia que estudia el origen y la evolución del Universo como un todo”. Sin embargo, y si a ver vamos, esta es tan empírica como aquella, porque ¿dónde está el protocolo que documenta las leyes que ellos aseguran son los orígenes del universo?
                En pocas palabras, la poesía que se manifestaba de forma libérrima en los mitos, fue expropiada por un grupo de analfabetos talentosos con pretensiones de ilustrados, y les cosieron un traje al alcance de sus limitados saberes.  Y si algo de eso les resulta familiar con lo que vivimos ahora es porque las maneras se han depurado. Hoy vemos como se imponen bozales feroces contra todos aquellos que nos resistimos a pensar de forma “políticamente correcta”. La condena es aún más segregativa que la sufrida desde tiempos bíblicos por los enfermos del mal de Hansen. Pides transparencia en el acto político, así como a sus “dirigentes”, y te conviertes en un leproso desahuciado; ahí no sirven de nada las investigaciones que hizo Convit sobre dicha enfermedad.
                Ha de decirse que son oleadas que han recorrido el orbe entero en diversas oportunidades. Las ha habido para todos los gustos y colores, tal vez una de las más recurrentes ha sido la relacionada con el fin del mundo. Una de las primeras hecatombes anunciadas fue la de la destrucción de Roma en el año 741 antes de Cristo, y eran tiempos en los que la llamada ciudad eterna era considerada el centro –¿o debo decir la centra?–  del mundo –y ya saltará más de un militante trasnochado a denunciar el europocentrismo inherente en dicha frase–. Más tarde, de nuevo en Roma, fue el tercer papa, san Clemente I, quien hizo la misma predicción en el año 90 de nuestra era.
Varios siglos más tarde, y con unos cuantos vaticinios similares de por medio, le tocó el turno a Thiota, una profetisa cristiana herética, del sur de la actual Alemania, quien proclamó que el Juicio Final ocurriría en el 848.  Otra ola de pavor que circuló fue alrededor del primero de enero del año 1000. En el siglo XVI el matemático y cura Michael Stifel, alemán por supuesto, anunció que a las 8 de la mañana del 19 de octubre de 1533 comenzaría el Juicio Final. En 1669 el frenesí llegó a la tierra de Putin, donde alrededor de 20.000 cristianos rusos se inmolaron convencidos que ese año era el acabose. En el siglo XIX la fiebre apocalíptica cruzó el Atlántico y el 19 de noviembre de 1822, luego de un sismo, de esos que sólo Chile conoce, en Copiapó, al norte de ese país, una monja profetizó que el día siguiente a las 11 de la mañana llegaría el fin del mundo. Los anuncios de similar tenor han sido de todo orden, muchos deben recordar la vorágine alrededor de la supuesta predicción maya para el 21 de diciembre del 2012. Hasta el canal televisivo History Channel –para escarnio de CNN– afirmó, basándose en la mitología vikinga, que el cataclismo final nos alcanzaría el 22 de febrero de 2014.
                Y así como con todas estas manifestaciones de la escatología, ha habido y hay numerosas manifestaciones rayanas en la locura colectiva, que siempre ha nacido de las clases “regentes”. Hoy vemos al mundo sacudido por la ya citada “corrección política”. El tema del momento es la discriminación racial, por cierto una segregación bastante sui géneris para decir  lo menos. El mundo entero se manifiesta con indignación absolutamente justificada ante el asesinato de un hombre de raíces africanas por parte de un policía de claro origen sajón, pero ese mismo planeta permanece inmutable ante el oficial policíaco que golpea indiscriminadamente a un hombre de origen hispano, ni hablar de los descendientes africanos que cada día mueren a manos de sus congéneres. Por lo visto hay violencia que se condena y otra que no puede ser cuestionada.
El ditirambo reinante en torno a la moda racial es de tal calibre que hasta hay quienes cuestionan el color de las galletas Oreo, consideran que su color característico es una manifestación flagrante de racismo.  Supongo que, al ritmo que vamos, en breve oiremos clamar por la suspensión de la explotación petrolera, ya que esa es la suprema manifestación de la explotación del negro por el mundo. Es sobre la explotación de la energía producida por el oscuro fluido que se ha estructurado este mundo injusto y segregador. Pronto veremos a fervorosos militantes llenar las principales avenidas   del mundo portando luminosas pancartas exigiendo la libertad del esclavizado fluido. 
Por aquello de que el que calla otorga, no puedo conceder mi silencio a este caudillaje electrónico de nuevo cuño. Allá quienes soportan callados a esa plaga que se pasea con ropaje casual de eruditos estériles e inquisidores insufribles.


© Alfredo Cedeño  

miércoles, abril 29, 2020

UN SIGLO DE MAL


No hay mal que dure cien años reza el refrán, y hace poco, el 12 abril, se cumplieron 136 años del descubrimiento del primer yacimiento de petróleo crudo en Venezuela. El hallazgo se produjo en una hacienda de Manuel Antonio Pulido, La Alquitrana, que estaba en las afueras de Rubio, estado Táchira. El hacendado, ni corto ni perezoso, constituyó la primera compañía petrolera venezolana para dedicarse a explotar el yacimiento. Esa primera compañía se llamó "Compañía Nacional Minera Petrólia del Táchira" o "Petrolia del Táchira". Más tarde, él y sus socios construyeron la primera refinería criolla, donde se producía mensualmente 60 galones de gasolina, 165 de querosén, 150 de gas-oil y 220 de residuos.
                Respecto al hidrocarburo nacional hay millones de palabras escritas. No en balde su uso se remonta en nuestro territorio a varios siglos antes de su predominancia en el escenario económico mundial. Los indígenas le llamaban mene y lo utilizaban para calafatear sus canoas, de allí la posibilidad de hacer sus temibles incursiones por todas las islas del Caribe.  A fines del siglo XVIII Alejandro de Humboldt describió un yacimiento en Araya; en 1839 el doctor Vargas, José María, realizó un estudio sobre las existencias en Venezuela y escribió en su documento: “es mi única convicción que el hallazgo de las minas del carbón mineral y de asfalto en Venezuela es según sus circunstancias actuales más precioso y digno de felicitación para los venezolanos que el de la plata u oro ”.
                Los vaivenes del carburante del mundo a partir del pasado siglo han sido determinantes, para bien y para mal, de la historia humana en la última centuria. Fuente de riqueza fácil para países de gobiernos tiránicos, punto de partida para desarrollo físico de otros, espinazo del sistema económico occidental.  Son incontables las lecturas e interpretaciones que se le pueden dar al llamado Excremento del Diablo, epíteto con el que Juan Pablo Pérez Alfonzo bautizó al petróleo. Debe recordarse que ya en 1947 Luis Felipe Calvani había alertado sobre los riesgos inherentes a su producción y escribió ese año: “La industria petrolera no ha beneficiado al país, al contrario lo ha perjudicado”. 
                A pesar de los pesares la principal fuente de ingresos de Venezuela se desarrolló hasta convertirse en un modelo para muchos. Su desarrollo y establecimiento como esencia nacional si bien estuvo lleno de aciertos, también tuvo muchísimos yerros. No pocos crápulas se enquistaron en sus espacios para desarrollar holgadas fortunas; a la sombra de la meritocracia nacieron grupetes como el de los llamados “petroespías”, una pandilla de niños bien de clase media y alta, que trabajando en las llamadas filiales petroleras manejaban información privilegiada con la cual obtenían pingües beneficios con los que llevaban vidas de boato saudita.  Hubo otros que luego de pasar por la “industria”, donde ingresaron con modestos modos de vida luego devinieron en  “expertos” de pomposos estilos de vida.  Hay tela para cortar a montones, sería un ajuar que ni los vestuarios de los estudios Warner Brothers, Universal y Metro–Goldwyn–Mayer juntos pudieran igualar.
                Pese a todo esto último  el país sobrevivió a esa riqueza fácil, a los bienes sin esfuerzos, y pudimos disfrutar de una vida donde también floreció el conocimiento y el ingenio; donde recibieron pan y amparo millones de desterrados de todo el globo; en nuestro país se labraron honestas fortunas con tesón e ingenio.  Pero, como bien comencé estas líneas, el bien que pudo ser en realidad fue un mal que acabó con el concepto de esfuerzo y logro, hasta llegar a parecer que nunca tendría fin. Por ello, y justo es reconocer los logros de cada cual, a la postre la Peste Roja, el Socialismo del Siglo XXI, logró lo inimaginable, acabó con el mal del petróleo venezolano.  ¡Se necesita talento!

© Alfredo Cedeño 

sábado, mayo 30, 2015

CARLOS OTEYZA

                “Yo sí creo que hay una situación en la que el gobierno no sabe qué hacer, la oposición tampoco sabe qué hacer en este momento, la situación es inédita”.  Es la mirada del historiador, devenido en cineasta, que hace un plano conjunto en el rodaje turbulento de este film en que se ha convertido Venezuela.  El mexicano Juan Carlos López López en su obra Tipos de historia explica: “El que escribe la Historia es el historiador y este debe dar a conocer los hechos objetivamente”.  Carlos Oteyza, nuestro interlocutor de este domingo, honra su formación académica recibida en la universidad París VII donde hizo su licenciatura y maestría en Historia durante la década de los 70 en el ya pasado siglo XX, llevando a cabo una minuciosa investigación en los archivos de la empresa familiar CINESA así como de la correlacionada Bolívar Films. Esa labor le ha permitido realizar una serie de trabajos documentales entre los que destacan una serie dedicada a la historia de la industria petrolera nacional y que ha bautizado El Reventón (1, 2 y 3), así como Tiempos de Dictadura, tiempos de Marcos Pérez Jiménez.
                Nieto de Luis de Oteyza, quien fue el primer embajador de la República española en Venezuela, e hijo de Ernesto de Oteyza, quien fuera más conocido como "Tito", fundador de la ya mencionada CINESA junto a Carlos Eduardo Frías y Luis Guillermo Villegas, fue alumno del jesuítico San Ignacio de Loyola; se planteaba inicialmente cursar Business Administration, “era lo que pensé iba a estudiar cuando estaba en cuarto año, quinto, y terminé estudiando periodismo un año en la Católica, después me fui a estudiar historia en París. La verdad es que algo pasó y dije yo no voy a estudiar eso de negocios, y es cuando ingreso a estudiar Periodismo en la UCAB en el año 72.” Allí recibió clases de Manuel Perez Vila, por ejemplo, y recuerda con evidente emoción sus lecciones de Historia de Venezuela. Es la época de la huelga de hambre de los estudiantes de la Católica, entre los cuales estaban el luego sociólogo y cineasta Abraham Pulido, cuyo tío Rafael Naranjo Osty era Fiscal General de la República en ese momento, así como Manuel Sosa Pietri, a la sazón sobrino de quien era Presidente de la República, el sempiterno Rafael Caldera.
                “Ya habían distribuido las universidades de París y la mía estaba en el Barrio Latino, muy cerca de La Sorbona, donde también asistía a los cursos de historia. Mi maestría fue sobre la influencia francesa en Guzmán Blanco, el tutor fue un francés que no era muy ducho en la materia y que estaba muy sorprendido con todo lo que había hecho Guzmán Blanco en Venezuela en el siglo XIX, no tenía menor idea de todo lo que había hecho. Yo disfruté  mucho ese trabajo porque aprovechando que estaba en Francia pude consultar infinidad de cosas, las correspondencias entre los representantes y los informes que daban sobre lo que estaba pasando en Venezuela”. Caraqueño a más no poder afirma que aquella fue “una tesis muy chévere sobre el periodo de Guzmán Blanco, que por cierto siempre me ha gustado y he estado pendiente de hacer algo sobre el periodo de él y sus mandatos, que significaron un esfuerzo por modernizar el país.”
                Cuando vuelve se encuentra con un escenario completamente distinto al que había dejado. “Regreso a Venezuela en 1977 y me sorprendió mucho porque era otra Venezuela, ¡claro! como la memoria se da por imágenes, la imagen que tengo es de los carros inmensos que había en el año 77 que no los había cuando me había ido, los carros parecía que se habían duplicado de tamaño; llegué un diciembre y me sorprendió mucho que la gente se pasaba las botellas de caña, felicidad, algo generalizado, lo único que pensaba era: esta no es la ciudad que yo dejé… Hubo un cambio.  Al llegar es cuando voy a unir lo que estudié, que es historia, con lo que me gusta, que es el cine.  Yo, antes de irme, había hecho la película Siete Notas, en la Universidad Católica, donde trabajé con unos amigos, Gonzalo Ungaro, Alberto D´Enjoy  y el actor era Diego Risquez.” Fueron los días cuando crearon el colectivo Grupo Semilla y cuya producción se exhibió en la muestra de cortometrajes y documentales venezolanos que se realizaba en el Teatro Chacaíto. “La hicimos en 16 mm, blanco y negro, con una Bolex de cuerda que yo le había comprado a un camarógrafo como en dos mil bolos. Era una camarita con su torreta de tres lentes, y en esa película la toma más larga era como de 26 segundos que es el tiempo que te da la cuerda de ella, por eso es que hay un solo plano secuencial de 26 segundos en ella.  Eran siete etapas de la vida de un caraqueño cuando era estudiante, hippie, revolucionario, era un collage de imágenes sobre lo que habíamos vivido, casi que era una autobiografía.  Rodolfo Izaguirre la presentó en la Cinemateca.”
                Fin de fines que a su retorno entra de inmediato a trabajar en CINESA y Bolívar Films donde se dedicó a hacer documentales. “Hice una serie de historia de los pueblos venezolanos, el primero fue Cúa que se estaba transformando de un pueblo agrícola en un pueblo dormitorio con todos los problemas sociales; otro fue sobre uno que me llamaba la atención como Chuao que había quedado durante cuatro siglos aislado viviendo del cacao; e hicimos Santa Elena de Uairén que era muy interesante porque era como un anacronismo: un pueblo  fundado en el siglo XX pero a través de una misión, así como en los siglos XVI y XVII se crearon los pueblos en Venezuela por misioneros, el último pueblo que consolidaron los capuchinos fue ese en La Gran Sabana a principios del siglo XX. La idea que tenía era hacer una serie de documentales para vender a la televisión, que nunca pasó. Las televisoras no compraban nada, ellas tenían su modelo de programación y en aquella época no les interesaba, hoy en día hay canales dedicados a documentales pero en aquella época era el canal 5 quien los podía pasar, pero más nadie. Años después lo hizo Sergio Sierra, y lo hizo muy chévere, pero yo lo hice en cine, él lo hizo en video, era muy costoso y lo que te pagaban nunca hubieras podido cubrir los costos.  Ya he aprendido que no es porque uno crea algo no todo el mundo lo quiera ver, todo tiene su público, son documentales pesados, difíciles, duraban 30 a 40 minutos, una investigación que se tardaba un año. Por cierto, es en una de esas filmaciones, que alguien me dice: bueno chico es que Miami se  está convirtiendo en un pueblo venezolano; de ahí salió la idea de Mayami Nuestro, y me vine para acá, investigué, después me vine con mi equipo, nos encerramos aquí un diciembre por dos semanas en un motel, dos cuartos, seis personas, financiado también por uno, la gente apenas cobró, muy barato, y con ese documental ganamos unos premios, varios internacionales.”
Recuerda que ese documental “sacudió un poco el país, lo presentamos en ProVenezuela, y se llenó eso, estuvo Zapata, Manuel Alfredo Rodríguez,  Reinaldo Cervini, y lo presentamos junto con la película de Carlos Azpurua Yo Hablo a Caracas, y de Jacobo Penzo El Afinque de Marín. Luego agarramos las tres y las unimos en una película que se llamó La Propia Gente, que estuvo 16 semanas en los cines de Caracas, fueron 80 mil personas a verla, era la primera vez que una película de documentales lograba eso.”  Y las  cifras de recaudación fueron en aquellos días una verdadera proeza: casi millón y medio de bolívares (Bs. 1.423.254) los cuales significaban, con una tasa de cambio en aquel tiempo de 4,30, un poco más de 330 mil dólares americanos, y además acumularon 17 premios. Explica que esto  fue posible gracias a que estaban viviendo la historia moderna del cine venezolano, la cual a su decir había arrancado con Mauricio Walerstein con su film Cuando quiero llorar no lloro en 1973, “hijo de un famoso productor de cine mexicano, el viejo Gregorio Walertein, hizo esa primera película y de ahí adelante hubo los cortos, los créditos de CORPOINDUSTRIA, después  se creó FONCINE, y todo eso creó ese puente de realidad social que impactaron mucho al país porque en aquel momento la televisión venezolana no pasaba  ese tipo de cosas, las telenovelas eran muy melosas y los noticieros de televisión neutros, las televisoras no habían entrado todavía a ser beligerantes en la opinión pública como fueron después en los años 80 y 90, estamos en los años 70, y ese cine venezolano revela al país otra cara que nunca había salido en la televisión, los problemas en los barrios, las cárceles; la impronta del cine venezolano está marcado de que es social porque esos aspectos no salían en la televisión. Una vez que en los años 80 y 90 la televisión se apodera de la denuncia social, entonces los cineastas, por respuesta directa o indirecta, empiezan a abrirse a otros temas: ya no es hacer películas por una transformación social sino que es también la búsqueda personal.  A todas estas, yo seguí haciendo trabajos para vivir y ahí hice mi primer largometraje: El Escándalo, que era una versión de los petroespías que hubo en la industria petrolera y ahí trabajaron  con Corina Azopardo, Flavio Caballero, Juan Manuel Montesinos, Daniel López, Cecilia Martinez, Alejo Felipe, Carlota Sosa, Lucia Riko, Giles Bickford, Orlando Urdaneta, y con las manos de José Ignacio Cabrujas en el guión. Recuerdo lo que me dijo el distribuidor cuando le llevé la película: No, esa vaina a la gente no le va a interesar, esa película es clase media porque no es popular. Eso fue en Cines Unidos. Y remató diciéndome: A eso nadie le va a pará bola. Bueno… tuvimos casi 300 mil espectadores.”
                Reconoce que en esta cinta estaba el país, “un país del que la gente tampoco hablaba en los cines: clase media, sectores sociales que no habían estado, el cine había sido sobre todo social. Luego hice dos más ya de temas más lejanos, los cineastas queríamos hacer películas más personales y así surgió Roraima que es un viaje a La Gran Sabana, y después hice La Voz del Corazón también ambientada en la selva; seguí haciendo documentales paralelamente: Rómulo Gallegos, López Contreras, Medina Angarita, una larga selección de documentales. Pero, había una deuda que yo tenía desde el principio. Cuando estudié en Francia me había llamado la atención que siendo de un país petrolero yo desconociera tanto la industria petrolera, los venezolanos sabemos de todo, o creemos que sabemos de todo, pero sabemos que no sabemos nada de petróleo, eso lo manejan unos gringos y de esa vaina en Venezuela no se habla. A partir de ahí me quedó eso marcado: un venezolano que no sepa de petróleo, y en el 2001 decidí hacer un poco la historia del petróleo, me parecía básico una reflexión sobre el país, en el 2002 hubo el paro petrolero, tuve que parar la investigación pero en el 2005 me volví a meter y de entonces hasta acá hemos hecho tres documentales El Reventón 1, 2 y 3, no la historia oficial, una cierta historia de la  relación de los venezolanos con su historia petrolera, y ese divorcio, ese desconocimiento de los venezolanos sobre nuestra principal fuente de ingresos. Nosotros no sabíamos de leyes petroleras, inventamos la primera ley cuando ya llevamos 8 años de explotación, es decir los carajos habían llegado que tenías un contrato con Gómez y habíamos firmado y échale bolas, no había normativas legales, pero cuando empezamos a darnos cuenta que en el país era importantísimo el petróleo esa fue también una conquista de los venezolanos. Es lo que llamo yo la épica petrolera venezolana que los venezolanos tenemos olvidada y es una épica que se desarrolla después de mediados de los años 30 cuando Betancourt, Uslar Pietri plantean el problema económico petrolero, porque cuando Gómez no se habla de petróleo, él no lo permitió, los recursos eran suyos pero ya vivíamos del petróleo, quiero decir que el mayor ingreso que recibía el estado era del petróleo desde el año 26, pero en Venezuela no se hablaba.  Muere Gómez y Betancourt mete el tema petrolero en el país, ahí se desarrolló la ley petrolera en el año 43, que hace Medina Angarita. El 43 es una fecha importante, y la otra es la nacionalización petrolera, fue un proceso de crecimiento de que una generación de venezolanos que trabajaron en la Creole, la Shell, la Mobil, y todas estas empresas, cuando llega la nacionalización ya están preparados para asumir el reto, lo toman y se crea PDVSA y hasta finales de siglo  se transforma en una de las empresas más importantes del mundo, es una empresa petrolera exitosa y solamente señalar eso en El Reventón es una labor que le replica a este gobierno y a ese grupo que maneja el poder que está creyendo que el país comenzó con ellos y que el siglo pasado no existió, y al revés. Creen que a través del verbo van a eliminar las labores.”
                Oteyza va concatenando una serie de situaciones, y con precisión de historiador va sacando sus “fichas” mentales para apoyar lo que dice, “el petróleo extrapesado de la Faja lo sacamos gracias a las empresas extranjeras que llegan gracias a la Apertura Petrolera y los que están hoy en el gobierno, en aquel momento, se oponen a esta apertura pero cuando llegan al poder, ya en el siglo XXI, se aprovechan de que hay 500, 600, 700 mil barriles de petróleo que están sacando de la Faja gracias a la Apertura Petrolera y es lo que les permite sostenerse, no se van a pique gracias a lo que hizo PDVSA en los 90, y cuando tú ves la película puedes ir asociando, aunque la película termina en el año 98 vas viendo lo que hizo la  fuerza industrial, operativa y la gente que estaba preparada que permitió que el país cuando termina el siglo somos una gran empresa y este régimen se monta en ese autobús.” No deja de ser paradójico que PDVSA con su exitosa gestión fue llenando las arcas que luego se utilizarían para destruirla.  “Cuando en los años 80 y 90  estos señores, sostenes de la industria petrolera, forjan una empresa fuerte, bien estructurada, meritocrática, el país por los precios petroleros de los años 80 y 90, ha venido decreciendo, se ha venido empobreciendo y genera un sentir ambivalente: ¡Coño! estos petroleros están más bien que el carajo y nosotros estamos jodidos. El 50% de la población al final del siglo XX, dicho por la Universidad Católica, era pobre, y la empresa petrolera era exitosa, sus empleados viven bien, tienen carro… A Chávez no le costó mucho decir que uno de los culpables de la pobreza era la empresa petrolera y se montó en esa y ya sabemos por el caos que tenemos la mentira en que se montó. Ahora, hay un sustento real en el sentido de que había un malestar y había una empresa exitosa, y una empresa exitosa que no supo entender que no podía vivir siempre aislada.”
                Nuestro cineasta cree que los ex petroleros han aprendido una amarga lección, “han visto después de 14 años lo que ha pasado y quizás su actitud un tanto la palabra no sé si es soberbia, prepotencia, de somos excelentes, somos buenos, han visto que también había que haber tenido una relación más con la gente. Ojo que también los entiendo, porque los políticos querían meterle la mano a la empresa y los gerentes siempre quisieron frenar eso. Esas ambivalencia hoy en día yo creo que la estamos superando, y los políticos más astutos y los petroleros que entienden lo que está pasando ya en el futuro tendremos que unir esos esfuerzos y no esa distancia que hubo en un momento que le permitió a Chávez sino acabar dejarla como está ahorita: sobreviviendo.” Mantiene su tono didáctico y explica: “El petróleo cuando apareció en Venezuela lo manejaba la dictadura y no hablaba, el Estado nunca se preocupó de interesar a los venezolanos en el petróleo porque era la manera de ellos distribuir  la plata que tenían a su real saber. El venezolano no exigía mucho porque la plata no venía de la sociedad, de los impuestos que pagábamos, sino que venía del regalo que nos daba la renta petrolera, entonces se creó un pacto tácito, nadie lo escribió, yo te doy y tú no reclamas, tú no jodes, y tú no preguntas mucho cómo, sino que votas por mí, me legitimas, y esa es la historia nuestra que hoy en día sigue, no se ha acabado y entonces tendremos que encontrarle soluciones a ese problema en el futuro porque seguimos siendo un país que el 96% de las divisas vienen del petróleo; y al revés: lo que habíamos hecho en los 90 que fue que empezó a abrirse la economía del país este carajo lo acabó. Si había 9 mil empresas  ahora hay 4 mil, acabó con la empresa privada, por lo que hoy somos más dependientes del petróleo de lo que éramos en el año 98, es decir que estos carajos hicieron todo lo contrario de lo que había que hacer y de lo que vamos a tener que hacer, es decir vamos a tener que recomenzar lo que ya habíamos iniciado. Creo que estamos más preparados, que estamos un poco más sensibilizados para que la antipolítica no funcione y el gran reto que tenemos es si va a haber petróleo en el futuro ¿qué carajos vamos a hacer con esa renta? Y los venezolanos van a tener que empezar a exigir transparencia porque no los podemos dejar de su cuenta. Estos señores cuando se iba a hacer la Apertura Petrolera el Congreso los llamaba y pasaron dos o tres años para eso; este carajo hace una firma con el Fondo Chino y le entregan diez mil millones de dólares en una tarde… esa es la diferencia de este gobierno con los anteriores. Yo diría que culturalmente este gobierno lo que hizo fue aprovecharse de algo que ya estaba instalado en la mentalidad, es decir el país lo maneja el gobierno.”
Carlos Oteyza no ve que el gobierno está atornillado, afirma que nunca las encuestas habían dado una situación como la de ahora, “todas las encuestas anteriores, la última hasta con Capriles nos daban siempre perdiendo con un poquito y   ahora les están dando el 20%, la situación que hay ahorita en el país, la rabia que hay en este momento, ese video que salió en El Valle, son realidades, tú nunca hubieras visto eso cuando Chávez, eso lo hubiéramos podido ver en los automercados del este pero no en el oeste. ¿Cuánto tiempo va a durar la recuperación de PDVSA? Hay un grupo trabajando en eso y dice nosotros no podemos decapitar a la gente de PDVSA, las iremos sacando poco a poco, la vamos restructurando, así habrá que hacer con las leyes.”  También hace un llamado de alerta sobre los que están emigrando y manifiesta su asombro y rechazo a la división inútil que ha aparecido, “que los que viven en Miami, no, no, no, en el país va a tener que ayudar todo el mundo y no es que tengan que regresar inmediatamente, no. Tenemos la seguridad de que este régimen no tiene vida y que va a tener que haber una reconciliación del país porque no podemos hacer un país dividido. ¿Tú te imaginas que en Alemania del Este hubiese habido la reunificación y que todos lo de Alemania del occidente le hubiesen caído a coscorrones a los otros? no hubiese podido haber nada, es decir la reunificación es impepinable, habrá que llevar la justicia, habrá que hacer lo que haya que hacer pero una reconciliación nacional es súper necesario, creo que hacia eso hay que apuntar. Hay odio, hay arrecheras que todos tenemos, hay mucha gente que se ha enfermado, hay muchas injusticias, pero a nosotros nos tocó por ser un país petrolero, como le tocó a la guerra civil española, como le tocó a los cubanos, como le tocó a Colombia su guerrilla, como le tocó a Centroamérica y como explica Joaquín Villalobos: hay dos opciones negociar antes o después de 80 mil muertos, la idea es negociar antes de que eso ocurra, sin embargo vivir en Caracas es hoy un sorteo ante la ola de muertes a manos del hampa. Tengo la convicción que esto va a cambiar, la reconciliación es necesaria. ¿Cuándo, cómo, la fecha? No lo tengo, pero eso es invivible, el modelo fracasó, ellos lo saben, yo digo que más asustado deben estar ellos, porque saben que eso es invivible. Y la gente que está afuera, nuestro doloroso exilio, tiene que entender que va a haber un cambio en Venezuela y que ese cambio no puede ser como algunos lo piensan de una vez borrón y cuenta nueva. Horacio (Medina) lo ha dicho: no vamos a llegar a la empresa petrolera a sacar a nadie. Coincido con él, tiene que ser un reacomodo en el que no van a hacer lo que le hicieron a ellos, que botaron a 20 mil carajos de una. Ese quítate tú pá ponerme yo no tiene sentido, dolorosamente para algunos que han sufrido mucho no se puede hacer, lo lógico es que hay un 70 un 80% del país que cree que podemos convivir, pero hay unas minorías que creen que no, unas minorías armadas que creen que no y hay otra minoría que quiere ver a gente presa o sacar a todos los que están ahorita en el gobierno y me imagino que hay muchos venezolanos que están en el gobierno cumpliendo funciones callados la boca. Hay que tender puentes. Y para el país la reconciliación es la base, claro tenemos que librarnos de la impronta cubana, un país no puede ser manejado a través de otro país.”

© Alfredo Cedeño
 

domingo, mayo 18, 2014

ESTADO ZULIA

            En ocho oportunidades anteriores he escrito sobre diferentes estados, que es el nombre dado aquí a las entidades en que ha sido dividida política y administrativamente  Venezuela. Explico –y así respeto una de las pocas buenas enseñanzas que recibí del conde del Torbes y duque de Táriba, “mecié” Humberto Márquez, quien solía repetirme con paciencia infinita y digna de mejores causas: “Negro escriba como si fuera la primera vez que lo leen”–: en ocasiones anteriores al escribir sobre nuestra división territorial he dicho que este país de mis tormentos está dividido en 24 Entidades Federales, 23 de las cuales se denominan estados, uno de ellos es el tema de esta nota de hoy: Zulia.
 
            Alfredo Jahn aseguraba que al momento de su descubrimiento, los territorios que abarcan nuestro estado tema de hoy, estaba habitado por numerosos grupos indígenas.  Señaló Jahn a los Guajiros,  Cocinas, Paraujanos, Onotos, Zaparas, Kirikires, Bubures, Mapes, Motilones, Guanaos, Macoas, Chaques.  Hoy en esa zona sólo permanecen los Añú -también llamados Paraujanos-, los Wayúu o Guajiros, así como los Barí, Yukpa y Japrería, denominados Motilones, pertenecientes a la familia Caribe.
 
            La penetración conquistadora comenzó acá exactamente el 24 de agosto de 1499, día en que Alonso de Ojeda llegó a orillas del Lago de Maracaibo.  Américo Vespucio debe haberlo acompañado ya que le escribirá desde Sevilla a Pier Francesco de Medicis, que se encontraba en Florencia, el 18 de julio de 1500: “...encontramos  una grandísima población que tenía sus casas construídas en el mar como Venecia, con mucho arte,...”
 
            Dos años más tarde Ojeda intentó en 1502 fundar un pueblo y fracasó.  Treinta años después fue el turno de Ambrosio Ehinger, más conocido  como Alfínger,  quien realizó otro intento fundacional.  Le sucederá Alonso Pacheco y Pedro Maldonado que cristalizan sus intentos en 1574 llamando a la naciente población Nueva Zamora de Maracaibo.
 
            A fines del siglo XVI, entre 1591 y 1592, Gonzalo de Piña Ludueña fundó al sur del lago a San Antonio de Gibraltar.  Esa ciudad pronto alcanzó vigor y prosperidad, ya que era el puerto empleado para el transporte del cacao que se producía en sus inmediaciones y para la salida del tabaco de Barinas.  Amén de ser el centro de comunicaciones con Mérida, Táchira y toda la Provincia de Santa Fe, su pujanza la convirtió en blanco preferido de indios y piratas.
 
            En la madrugada del 22 de agosto de 1600 los indígenas cayeron sobre la ciudad, mataron a todos, saquearon viviendas y negocios, y luego la incendiaron.  Gibraltar fue levantada de nuevo y su bonanza continuó, hay quienes han escrito que en sus buenas épocas allí había 16 pilas bautismales y que los diezmos llegaban hasta los 40.000 pesos.  Pero en 1614 nuevamente los indígenas asolaron la ciudad y la incendiaron.
 
            En 1642 el corsario William Jackson saqueó Maracaibo durante dos meses y ocho días, en febrero del 43 cayó sobre Gibraltar.  Ante  semejante incursión se comenzó a trabajar en la fortificación de La Barra del Lago de Maracaibo, a tal fin se remitieron al rey tres plantas de fortificación. Felipe IV, el 17 de junio de 1643, encargó la tarea a los gobernadores y capitanes generales de Mérida y Venezuela.  Se sabe que tales construcciones estaban listas en 1645.
 
            Entre 1665 y 1669 fueron numerosos los ataques  filibusteros. En  junio de 1665 Juan David Nau, El Olonés, quien saqueó Maracaibo y Gibraltar.  En 1667 Miguel El Vascongado fue quien asoló a la actual capital zuliana, de donde se largó sin llegar hasta Gibraltar. A comienzos de julio de 1667 le tocó a sir Henry Morgan, el temido pirata Morgan, quien llegó a la boca del Lago de Maracaibo y se plantó allí.  Los defensores de Zapara luego de incendiar el poblado huyeron. El 5 de julio, Morgan hizo su entrada a Maracaibo y encontró la ciudad abandonada, todos habían huido y sólo quedaban algunos niños y mujeres.  Después de ocho días siguió a Gibraltar donde la escena se repitió: la población abandonada, tampoco halló a nadie.  Pero, unos esclavos le informaron dónde se había escondido la gente y allí Morgan logró un buen botín.  Fueron quince semanas las que permaneció asolando toda la zona.  Cuando el corsario británico quiso marcharse encontró que los españoles habían intentado fortificar la barra del lago para dejarlo allí encerrado, pero el astuto hombre de mar, conocedor de las mil y una argucias, logró burlar el incipiente bloqueo, destruyó las defensas y regresó a Maracaibo, exigió el pago de un rescate por la ciudad, se lo pagaron y finalmente se retiró.
 
           Sin embargo, no todo es dolor y tragedia en la zona.  De Gibraltar se dice que es la cuna de la gaita, aun cuando no existen testimonios documentales que así lo comprueben.  Lo que si es cierto es que en el año 1668 se compuso una gaita dedicada al “glorioso San Sebastián”, patrono de Maracaibo.  Este documento, hallado por Agustín Pérez Piñango en un cofrecito empotrado en una pared del antiguo Colegio Nacional y que había sido de los Frailes Franciscanos, hoy día está en España.  En esa valiosa pieza histórica no sólo está escrita la letra de la gaita, sino que también aparece la música, registrada en notas cuadradas, es decir siguiendo el modelo gregoriano de transcripción musical.
 
            A la gaita le siguieron los piratas y el 6 de junio de 1677 le tocó el turno al parisino Francisco Grammont de la Mothe.  El no sólo asoló Maracaibo y Gibraltar, sino que siguió hasta Trujillo y acabó con todo a su paso.  Pasarán más de seis meses para que Grammont se retire. Finalmente el 10 de junio de 1681 Carlos II dispuso en detalle lo que se debía hacer con la fortificación de la Barra y señaló los medios con los que esta labor se podía realizar.
 
            A trancas y barrancas se llegó al siglo XVIII y apenas comenzando, el 18 de noviembre de 1703, apareció la Virgen de la Chiquinquirá a una humilde moledora de cacao, que, mientras realizaba labores en su hogar, sintió ruido en una de las paredes de su vivienda.  Cuando la mujer indagó lo que estaba pasando, encontró que la tablita que había recogido a orillas del lago se iluminaba y que en ella aparecía la imagen de “La Chinita”.  Así comenzaba un largo camino de fe y esperanza que se transformaría con el tiempo en uno de los baluartes de la zulianidad.
 
            En marzo de 1774 el Obispo Mariano Martí llegó a Bobures y asentó en sus escritos del momento que en la costa llamada de Los Bobures había más de 300 personas y que allí se pagaba la mitad del diezmo a Caracas y la otra mitad a Santa Fe y dice: “Acá no hay amancebamiento ni hurtos.” Y de esta forma, entre piratas, misioneros, conquistadores, indígenas y cronistas, se fue configurando una región que tiene sus propios códigos, su propia gente, pioneros y emprendedores todos ellos.  Una amalgama de situaciones que  fue macerando y preparando a sus hijos para hacer su entrada a los tiempos contemporáneos.  Por eso nadie  se extrañó cuando el 28 de enero de 1879, trece meses después del estreno del cine en París, Manuel Trujillo Durán, en el teatro Baralt, proyecta por primera vez una película en Venezuela.  La proyección estuvo integrada por Los Campos Elíseos y Llegada de Un Tren, de los hermanos Lumiére, así como Un célebre especialista sacando muelas en el Gran Hotel Europa y Muchachas bañándose en el Lago, ambas de Trujillo Durán.   Es también en 1879 que comienza a funcionar la Maracaibo Telephone Company, el teléfono llegó a Maracaibo antes que el alumbrado y el acueducto.
 
            El petróleo, que había sido empleado rudimentariamente desde tiempo inmemorial por los oriundos del lago, y más tarde por los colonos, para el calafateo de sus embarcaciones y luego como combustible  para alumbrar, fue otorgado en concesión por Cipriano Castro.  Para Antonio Aranguren fue el derecho sobre los distritos Bolívar y Maracaibo, y para Andrés Vigas el distrito Colón.  Se dice que Aranguren y Vigas no eran más que  testaferros de compañías extranjeras, ya que Castro no quería nada con empresas internacionales.  Pero ese no era el caso de Juan Vicente Gómez quien en 1909 firmó con John Alles Tregelles un contrato de concesión para exploración y explotación petrolera en las zonas de Zulia, junto a Táchira, Trujillo, Mérida, Lara, Falcón, Carabobo, Anzoátegui, Sucre, Nueva Esparta, Monagas, Yaracuy y Delta Amacuro.
 
            El 14 de diciembre de 1922 el pozo Los Barrosos 2, en La Costa Oriental del Lago, propiedad de la Venezuelan Oil Concessions Limited, reventó con un chorro de petróleo que se podía ver desde Maracaibo. Para aquella época, Venezuela era un muy pequeño productor que apenas producía 6.000 barriles diarios, los cuales se extraían de nueve pozos petroleros de 37 perforaciones que se habían hecho.   ¡Los Barrosos producía  100.000 barriles diarios!  Es fácil imaginar lo que sucedió después.  Comenzaba la era petrolera venezolana, entramos al siglo XX.
 
Junto con el boom petrolero, necesito explicar que también comienzan las luchas  obreras por salarios dignos. Ya en 1921 en Puertos de Altagracia hubo una revuelta de obreros de la que poco se habla; en 1924 hubo una primera huelga en Mene Grande la cual fue liderada por Luis Augusto Malavé y en 1925 se produjo otro movimiento en Cabimas que condujo a una suspensión de actividades obreras por doce días. En 1933, bajo la dirección de Rodolfo Quintero, se intenta sindicalizar a los obreros petroleros a través de la Sociedad de Auxilio Mutuo de los Obreros Petroleros –SAMOP–, la cual no prosperó; y en 1934 Valmore Rodríguez organizo la Sociedad de Bien de Cabimas. En 1935, desde la clandestinidad, se crean los Sindicatos Petroleros del Zulia. Todo ello fue generando el ambiente que conduciría al 14 de diciembre de 1936,  cuando estalló la primera gran huelga petrolera de la historia venezolana, que estalló en Zulia, en los campos de Cabimas, Mene Grande, Bachaquero, San Lorenzo, Mene de Mauroa; así como en Cumarebo, estado Falcón.
 
Son incontables las publicaciones de todo tipo que se han hecho en torno a este paro laboral y su impacto en nuestra historia contemporánea, confieso que sería injusto de mi parte tratar de despachar en dos pinceladas su profundo impacto en nuestro país, pero así fue.  Luchas que sembraron una semilla que siempre germina en todos los rincones de esta tierra, no hay mejor demostración de ello que las desiguales peleas que vienen dando desde el pasado 12 de febrero nuestros estudiantes contra un Estado cada día más descolocado y patibulario.
 
            Simultáneamente con el petróleo se terminó de fraguar la que será una de las  expresiones arquitectónicas más sólidas y genuinas de todo el país: Las Casas de El Saladillo.  Se desarrolló un modelo arquitectónico y estético popular, casi ingenuo, nacido del colectivo marabino para dar solución al calor asfixiante característico de la zona.  Esta forma se extendió rápidamente y pronto todo lo que es el núcleo urbano de Maracaibo y que iba desde Los Puertos hasta la Plaza Bolívar y Basílica de la Chiquinquirá, se llenó de casas de sueño.  Casas altas, espigadas, elegantes, de una variedad cromática única, llenas de mil y un colores que hacían palidecer de envidia al arcoíris.  Un día las hicieron desaparecer, pero hoy quedan en el Barrio Santa Lucía y El Empedrao algunas de esas casas llenas de leyendas y penumbras donde cobijarse del sol.
 
            Zulia, Mara, Lago, Bobures, Gaitas, Chimbángles, Petróleo, Chinita, Barí, Añú, Japrería, Yukpa y Wayúu, un todo que hace un cuerpo de tradiciones y costumbres sólido como una roca.  Uno de los pilares fundamentales que nos ha ido conformando como nación.
© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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