domingo, julio 07, 2013

PUEBLO WAREKENA

            Cada vez que miró el mapa de Venezuela no puedo evitar ver la figura del estado Amazonas como la de una uña que rasca la panza de América.  En el borde izquierdo de esa forma, a orillas del río Guainía, está una diminuta comunidad llamada Wayánapi, que suele aparecer en los mapas oficiales como Guzmán Blanco, la cual originalmente fue una población warekena.
            Los Guarequena, Arequena, Urequema, Uerequema, Uarequena, Werekena, como también se les ha identificado, es una minoría que, pese a no querer pecar de pesimista, parece en francas vías de extinción: las últimas cifras oficiales que recuerdo informaban que  apenas superan el medio millar de individuos.  Hoy sus sobrevivientes estás diseminados en la mencionada Wayánapi, así como en Maroa e Isletas, también en las márgenes del Guainía.
            La cultura warekena es de procedencia Arawak o Arawaca, como gustan escribir algunos, es decir emparentados con los Wayúu, o guajiros, del Zulia, o los Kurripako, Piapoco y Hiwi en el propio Amazonas.  Creo necesario señalar que a pesar de ser miembros de un mismo tronco lingüístico los contrastes entre idiomas son marcados. Voy a citarles unos pocos ejemplos: en Warekena el número uno es peya, en Kurripako pada y en Wayúu wane. En el caso de hombre los Warekena dicen inauli, los Kurripako: aachia, y los Wayúu: toolo; cuando nombran a una mujer los Warekena pronuncian: inautam, los Kurripako: inaru y jiérü los Wayúu.  Es evidente que hay claras diferencias de una a otra lengua.
            Warekena significa “nietos del picure”, (Dasyprocta fuliginosa) animal que tienen por sagrado y del cual se consideran descendientes. Aseguran los estudiosos que ellos se desprendieron de un grupo social más amplio conformado por los Tariana, Baré, Tsatse y Wakuénai, y que evidencia de ello es la gran similitud lingüística y cultural que guarda con ellos.
Gracias a los antropólogos Esteban Emilio Mosonyi y Omar González Ñáñez, esta cultura ha logrado sobrellevar, con más penas que glorias, las mil y unas para sobrevivir hasta nuestros días. González quien ha realizado una exhaustiva labor de recopilación de sus mitos revela que en la laguna que se encuentra en el caño Machalika wéeni, ubicado al pie del cerro Ukúsilima, hay muchas hierbas (pusanas) que sirven para no envejecer, conseguir mujeres, trabajo, riquezas. También revela que para ellos en el cerro Autana, donde estaba el árbol de la vida, que contenía todas las semillas de todas las plantas, la piedra Deré-derénáwi que es el pene del Creador y que no puede ser vista por la gente común.
            El mundo mítico Warekena es de una fascinante y amplia riqueza. Recuerdo los esfuerzos de González Ñáñez por transmitirme sus hallazgos. Ahora apelo a mis apuntes para copiarles su versión de sus orígenes: Wamudana es el creador de todos los pueblos maipure-arawakos, su origen fue en una piedra raudal, Jípana, que está localizada  en el Río Aiarí, en el noroeste amazónico del Brasil. Él, Wamudana, está en el séptimo cielo y ya no está en Jípana, lugar donde él inició la creación. Uno de sus hijos fue Kuwai, el primer ser humano, quien se quedó en la tierra junto con la primera mujer: Amaruyawa. Ellos y el primer brujo, llamado Dzuuli, ayudaron a Wamudana a continuar la creación en Jípana, que es el primer mundo. Los primeros seres humanos fueron jalados por el pelo por Wamudana y su tropa y fueron extraídos desde buracos u hoyos en parejas de hombre y mujer. Napiruli, Kúwai, Amaruyáwa y Dzuuli, que fue el primer brujo que hubo, fueron creados por Wamúdana.
 
            No necesito escribir que podrían llenarse centenares de páginas con la tradición oral de esta cultura. No puedo cerrar este punto sin contar que Napiruli preñó con su pensamiento a Amaruyawa, y de ahí nació el Kuwai. Kuámasi es el hijo del Kuwai con Puméyawa, quien es una diosa, dueña de los perfumes… ¡Qué surrealismo, ni qué  García Márquez, ni que carajo!
            Lo cierto es que pese a los contratiempos y amenazas contra su permanencia ellos siguen aferrados a sus patrones culturales y en  Wayánapi los ritos de iniciación entre niños y niñas se mantienen. Sus cuerpos son pintados con trazos seculares que de generación en generación han adquirido un contorno y brillo particular. Los estragos que desde comienzos del siglo pasado causaron entre ellos la explotación del caucho (Hevea brasilensis) no pudieron apagar su ritmo.
            No es gratuito que investigadores como los ya citados Mosonyi y González hayan desarrollado una vasta labor de pesquisa en torno a ellos. Nuevos científicos como el caso de Alain Fabre, Natalia Díaz y Alexandra Aikhenvald, han realizado aportes al estudio y comprensión de esta cultura. Incluso dando origen a desencuentros en cuanto a sus interpretaciones. Mientras Aikhenvald habla de un Warekena nuevo, Fabre asegura que el “Warekena nuevo” está moribundo, y que el “Warekena antiguo” se mantiene vigente en la zona de Wayánapi. 
            Puedo decir que estas diatribas no son nada nuevas en el mundo de las investigaciones y que nacen del excesivo celo que pone cada uno en sus labores. Cada vez que me han preguntado sobre tales encontronazos me limito a celebrarlos, porque son pequeños pasos que ayudan a mantener vivas, y coleando, a nuestras raíces.  
            Mientras remontaba en curiara las aguas negras del Guainía los cinco kilómetros y medio que separan a Wayánapi de Maroa, para tomar la avioneta que tras dos horas de vuelo me llevaría a Puerto Ayacucho, no les quiero ocultar el desasosiego que me escoltó y que todavía me acompaña.  ¿Esto tiene alguna utilidad? ¿No estoy actuando como un ave de rapiña que acude a regodearse ante los restos de un ser agónico al que los picotazos terminarán de hacer sucumbir?
            Hay oportunidades en las que mi conciencia de inútil me impide incluso alzar la cámara y documentar lo que veo con el rigor que ustedes merecen. Esta vez fue una de ellas. No saben lo que pido por equivocarme y que esta estirpe, pueda seguir afincándose por los siglos de los siglos. Amén.

©Alfredo Cedeño
 
 


10, 12, 15

7 comentarios:

Anónimo dijo...

que hermoso blog...

Anónimo dijo...


Mi estimado Alfredo, no dejes que una sensación de culpa, opaque las hermosas fotografías con que cada domingo nos deleitas,....Si tu cierras los ojos, al abrirlos , la situación sigue igual, o tal vez peor para esta gente....No olvides que el denominado progreso es una avalancha que se lleva por delante todo aquello que continúa estático....no repara en pruritos de ninguna índole. Tu tarea hace conocer al mundo la existencia de los originarios, que de otra manera pasarían desapercibidos, como si no existieran. Recuerda los versos de Serrat..." serena la mirada, firme la voz. Si de veras me buscas, me encontrarás, es muy largo el camino para mirar atrás.Que tengas sun domingo buenísimo. JUAN ANGEL PETTA

Milagro Haack dijo...

Mis Saludos Alfredo y muy de veras, me atrapa entrar y quedarme con ojos de imagen viva.
Un gran abrazo

Heriberta Aular dijo...

Mis sinceras felicitaciones por todos esos hermosos trabajos que realizas. Cuanta cultura se aprende, lastima que hay muchos que no saben apreciar estas bellezas. Recibe la bendición de Dios, que te siga iluminando y protegiendo.
Heriberta Aular de Castillo

MOMO dijo...

Gracias Alfredo,

Por el respeto que te abraza en todos tus trabajos. Por tu sentir amoraso traducido en palabras y fotos.

Abrazos

Erick Marlis dijo...

Maravilloso trabajo \o/

Joaquin dijo...

Maravilloso trabajo sobre esta etnia amazónica, que bueno que haya personas que se interesen por nuestros hermanos indígenas mostrandoles al mundo lo maravilloso de su cosmogonia y del entorno donde se desarrollan su cotidianidad.Hay muy poco material al respecto sonbre esta etnia, gracias al antropologo Omar Gonzalez se ha abierto una ventana hacia esta parte del legado arawak en nuestro territorio.