domingo, noviembre 03, 2013

SABANA GRANDE DE ORITUCO

            Comienzo revelándoles que tuve serias dudas sobre cual de las imágenes, que hice en esta comunidad guariqueña de la que hoy escribo, utilizar para abrir este trabajo. Éste, como muchos otros pueblos de Venezuela tiene apenas dos calles: Una viene del abandono, de la desidia, del olvido. La otra va hacia el esfuerzo, las ganas de surgir, la voluntad de mantenerse aferrado a la vida y el aporte al país de un grano de arena con raíces para que el viento no lo arrastre implacable.
 
            Jugando sobre el mapa, y sin herramientas muy de fiar que se digan, calculo en una treintena de kilómetros la distancia que hay en línea recta desde este pueblo hasta  Altagracia de Orituco; sin embargo, es necesario dar un rodeo de casi dos horas para llegar allá luego de transitar por una infernal carretera de la que les mostré un breve segmento al mero comienzo. Les doy fe que hay trozos en peores condiciones. Lo indignante del caso es que esa carretera fue “reparada” por una empresa de un señor llamado Enrique Lozada, quien me aseguraron cobró como realizada la obra y luego se pintó de colores con sus bolsillos debidamente repletos y dejó la carretera más vuelta vainas que nunca.
 
            Sabana Grande de Orituco, a la que en el norte del estado llanero conocen como Sabana Grande, es la capital de la pomposa Parroquia Soublette y forma parte del no menos ostentoso Municipio Autónomo Federal José Tadeo Monagas que, como expliqué al inicio, forma parte del estado Guárico. Con una altura inferior a los 500 metros sobre el nivel del mar, y con excelentes terrenos, sus territorios la han convertido en gran productora agrícola y pecuaria.  Vastas plantaciones de sorgo que se observan en sus alrededores y enormes rebaños de ganado vacuno así lo demuestran.
 
            Y junto a los grandes hay un rosario de pequeños productores que se ganan la vida con un pulso admirable. Un piélago de siembras de parchita, lechosa, yuca, limón, tomate, ají, pimentón, melón, aguacate, entre muchos otros rubros, así como de productores de queso y ganado porcino lo demuestran.
 
            Algunas voces me acompañan mientras recorro el pueblo y dejan caer quejas de la dejadez que pretenden enmascarar con ayudas oficiales, la vaina es que se quedan en manos de unos cuantos vivales.  El drama de siempre.
 
Esta gente, no obstante, lo único que exigen es un  trato digno, que les doten de una vía de comunicación que les permita transitar con un mínimo de comodidad. “Teniendo carretera nosotros resolvemos como sacar lo que producimos, pero en esta isla en que nos tienen vuelto el mundo es bien poco lo que podemos hacer”.
 
            Para sus estudiantes de educación media no hay un programa de transporte eficiente. Hay liceístas de los alrededores que para llegar al plantel caminan kilómetros y kilómetros para llegar extenuados a clases. “Es que a veces no pasa nadie que nos de el empujoncito, y cuando una empieza a ver que no va a llegar, pues se apresta y empieza a echarle pie para llegar”. Ella no alcanza los quince años, pero su temple es manifiesto.
 
            Camino y voy haciendo fotografías, hay quienes me asocian con organismos oficiales, otros con algún medio de comunicación. El resquemor es de uno y otro lado. Paseo, miro y oigo. Algunas voces destempladas gritan de una acera a otra de la calle: “Así tienen en catorce años lo que debía ser la reina de la producción, y quieren seguir… ¡Será pá que nos terminen de acabar!” Una sonrisa socarrona de otro paisano es la respuesta.
 
            Lo cierto es que esta población ni señal decente de telefonía celular tiene. Sus habitantes se las ingenian para ubicar los lugares en los cuales se recibe mejor a una u otra operadora; es común ver a los policías desplazarse en las patrullas hasta las afueras del pueblo para enviar y recibir mensajes, llamadas y demás sucedáneos de los teléfonos móviles. Lo mismo hacen los vecinos en sus motocicletas, bicicletas y vehículos.
 
            Podría seguir enumerando una inacabable ristra de vicisitudes, lo cual no honraría en nada a los naturales de Sabana Grande de Orituco. En ellos nada hace mella para proseguir afincando los pies sobre su tierra y hacerla parir como han hecho hasta ahora.
 
            Les confío mi desconcierto al salir de ahí, ya que al darle mil vueltas en la cabeza a lo que acababa de ver, y es un ejercicio que siempre llevo a cabo, me encontré que no iba rabioso, ni resentido. Me sentí lleno de esperanzas, de fuerzas, de ganas de seguir. Sabana Grande de Orituco me hizo vivir con claridad lo que es mi Credo particular, los inolvidables versos de Antonio Arráiz:
Aunque seas mala madre,
estaré adherido a ti, Venezuela,
adherido de amor;
y subirme sentiré, de ti, buena o mala,
tu vida propia, como savia.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Alfredo, quiero que decirte que siempre te recuerdo con cariño y aprecio mucho tu trabajo, sé que no te deja dividendos pero estas aportando, estas sembrando en el País en contrastes con la inmensa cantidad de saqueadores que nos rodea y que cada día más nos empobrece. Por ello es refrescante mirar esas bellas imágenes de la otra Venezuela que tenemos el privilegio de haber conocido.
Un gran abrazo de hermano

Angel Echeverría

Anónimo dijo...

Me hiciste recorrer el pueblo.

Raquel Garcia

Anónimo dijo...

Hermoso paseo Amigo. Gracias.

Ylleny Rodríguez

Anónimo dijo...

Hermosa fotografía, muy interesante historia en una muy triste realidad.

Mrly Cord

Anónimo dijo...

Excelentes imágenes, te felicito.

Anónimo dijo...

lindo paseo de este pueblo muy recordado por mi. donde ire dentro de poco.