sábado, enero 11, 2014

¿QUÉ HACER?

Hace 10 años Caracas, y Venezuela entera, era un verdadero pandemónium donde ocurrían marchas y manifestaciones de todo tipo casi a cualquier hora del día. Era el año en que todas las fuerzas políticas del país giraban en torno al posible referéndum revocatorio del mandato presidencial del extinto presidente Hugo Chávez. Por un lado las fuerzas democráticas se dedicaban a tratar de llevar a cabo dicho procedimiento, mientras las llamadas fuerzas rojas, afines al desaparecido dirigente barinés, interponían todo tipo de obstáculos al mismo.
 
En aquel tiempo yo trabajaba para la corresponsalía en Caracas de la agencia mexicana de noticias –NOTIMEX–, así como para la del diario valenciano Notitarde. Eran días duros en los que a uno no se le ocurría salir a la calle a la cobertura de ningún evento sin ponerse un chaleco antibalas debajo de la camisa, ni meter en el bolso la máscara que impedía que los gases lacrimógenos lo dejara a uno tendido en cualquier esquina de la ciudad, ante las nubes de dichos vapores con las que solían ser dispersados los protestantes.  
 
Un año de borrascas de todo orden desde su inicio. A comienzos de año, en su mensaje ante la Asamblea Nacional, Chávez anunciaba: “Hay un excedente de 6 millardos de dólares en las reservas y este año aumentarán. ¿Qué es mejor, tener esos dólares en bancos o utilizarlos para iniciar la gran revolución económica que tiene que producirse este año a través del impulso del turismo y de las pequeñas empresas? Propongo a la Asamblea Nacional estudiar una ley de uso de excedentes de las reservas internacionales”. Los analistas y especialistas aseguran que allí comenzó su caída libre e indetenible nuestro aparato económico.
 
Días de tensión permanente y escaramuzas de todo tipo. Entre muchas otras recuerdo la del 27 de febrero al final de la avenida Libertador donde un grupo pretendía llegar a las instalaciones del hotel Caracas Hilton, donde se realizaban las reuniones de la cumbre de un grupo de mandatarios del llamado G15. Allí murieron por disparos, que nunca se establecieron sus procedencias, Juan Carlos Lugo, de 25 años, y Alberto Aumaitre, de 65; y resultó herido, entre otros, Vladimir Gallardo, quien entonces se desempeñaba como reportero gráfico del larense diario El Impulso.
 
Eran tiempos en los que se acusaban de conspiradores a Raimundo y todo el mundo. En aquellos días se lanzaban acusaciones a diestra y siniestra.  El actual ministro del Interior Miguel Rodríguez Torres, se desempeñaba como director de la policía política, o Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional –SEBIN–, y anunciaba en mayo de ese año el hallazgo de un grupo de paramilitares colombianos quienes habían ingresado clandestinamente al país para atentar contra la vida del presidente Chávez.
Aquel año, a mediados de agosto, se realizó finalmente el ya mencionado referéndum revocatorio presidencial el cual, se asegura que de manera fraudulenta, ganó el entonces presidente. Las denuncias de las supuestas bribonadas rojas provocaron reacciones airadas de voceros oficialistas, como la que tuvo el actual alcalde de Libertador, Caracas, Jorge Rodríguez, quien se desempañaba como rector principal del Consejo Nacional Electoral, y amenazó en cadena nacional de radio y televisión que serían llevadas a los tribunales nacionales e internacionales, si fuera necesario, todas aquellas personas que no pudieran probar las denuncias de fraude contra el ya citado proceso de elección revocatoria.
 
Confieso que eran días de tensión absolutamente insoportable. Quienes laborábamos en los diferentes medios vivíamos inventando formas de evadir la angustia permanente en que permanecíamos sumergidos. Las calles se hacían angostas y pesadas ante la tirante zozobra que sentías en cada esquina y acera.  Sabías que salías a darle cobertura a una pauta, pero lo hacías con la certeza de no saber si te podías ganar un peñonazo o golpiza, en el mejor de los casos, o hasta un balazo, como le ocurrió a más de uno.
 
En el marco de esa batahola, que se me hacia inacabable, una tarde me avisaron  de que esa noche debía ir al hotel Gran Meliá Caracas, donde se realizaría la  presentación a la prensa de las candidatas a Miss Venezuela. Allí acudimos en tropel esa tropa deslenguada, díscola, malhablada, cínica y bienintencionada que solemos conformar los asalariados de la información cuando nos dedicamos a cubrir algún evento de bajo riesgo como era ese caso. Recuerdo la guasa infinita que comenzó José Cohén a costillas de Simón Clemente, quien se había ganado un par de zapatos en una rifa hecha entre los comunicadores asistentes.  Y en medio de aquella joda que parecía no tener fin comenzó el acto.
Aquella noche del 17 de septiembre todos comentábamos que aquella “carajita del bikini rosado de flores”, candidata por el estado Guárico, no parecía una miss más y no le dábamos mayor opción porque tenía una cara de ángel caído de la mata.  Esa fue la primera vez que vi y retraté a Monica Spears…
Una semana más tarde acudí al Poliedro de Caracas donde se llevaría a cabo la elección de Miss Venezuela. Recuerdo que una representante de Miss Guárico nos entregó a todos los reporteros gráficos acreditados esa noche una tarjeta pidiéndonos que la contactáramos con las fotos que le hiciéramos. Recuerdo esa noche a los ya mencionados Cohén y Clemente, así como al querido Jorge Santos y a Abigaíl Machado. No voy a saturarlos ahora con los comentarios que hicimos sobre las llamadas que le haríamos a dicha agente de la candidata.  Todos nos quedamos boquiabiertos cuando dieron el veredicto de la ganadora y vimos que era la “carajita del bikini rosado de flores” la que se ganaba la corona.
Al día siguiente, a tempranas horas, se llevó a cabo el tradicional desayuno con la prensa de la Miss Venezuela electa. Allí esa criatura, con su pulgar derecho dando señas sangrientas de  los nervios vividos cometió una gaffe que nos hizo soltar la carcajada a más de uno. Ella, a quien nos habían anunciado como licenciada en Artes Dramáticas, dijo ante las decenas de periodistas que allí estábamos que el dramaturgo venezolano que más admiraba era Gabriel García Márquez. Sin embargo, al darse cuenta de la asnada, con una candidez que nos desarmó a todos, dijo: “Aún me falta mucho por aprender. No me vayan a hacer quedar mal. Es que sólo tengo 19 años de edad, y es mucho lo que me falta”.
¿Quién la iba a crucificar? Nadie tuvo los arrestos para hacerlo. Por supuesto que se publicó la metedura de pata pero no se hizo de ello una montaña como ocurrió con aquella que proclamó en los años 80 que ella era “fanática de la música de Shakespeare…”. Esa criatura del 2004 luego incursionó en el mundo de la actuación y labró una veloz y sólida carrera, a la par que mantuvo una silenciosa labor de ayuda a instituciones y fundaciones. Esa muchacha es la misma que un grupo de malvivientes asesinó junto a su ex esposo en la autopista Puerto Cabello-Valencia días atrás.  
Esa cara y gestos no logro sacármelos del recuerdo.  Por ello no he dejado de hacerme la pregunta con la cual titulé este trabajo de hoy: ¿Qué hacer ante un país que cada vez se nos hace más inaguantable? ¿Qué hacer para no perder la esperanza de que esta mala hora en la que estamos sumergidos pasará más temprano que tarde?  ¿Qué hacer para impedir que siga esta hemorragia de gente buena que nos está dejando con las ilusiones secas?

© Alfredo Cedeño

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Sería milagroso encontrar la respuesta a tu pregunta, solo Dios tendrá misericordia de este pueblo venezolano que se ahoga en tanto dolor día a día

Horysa Parada

Anónimo dijo...

Da miedo lo que ocurre en nuestro país, deseamos lo mejor para nuestros hijos pero en estos momentos es una incertidumbre cada vez que uno de nuestros hijos sale a la calle. Cuando se terminara eso?

Merly Cord

Anónimo dijo...

Coño mi hermano que vaina y a veces ni salimos a votar dizque por la decepción, algún día debemos devolverle a nuestros hijos el país que nuestros padres nos regalaron a nosotros. Que Triste.

Ana De Marquez

Anónimo dijo...

Excelente artículo! Dios bendiga y nos cubra con el manto de paz a Venezuela. Qepd

Anónimo dijo...

Un aplauso para ti y bendiciones para una Venezuela triste y brava a la vez.. todo pasa por algo, pero ella fue la heroína para que sacaran a la calle la guardia, la policía, los fiscales etc etc. a ver cuanto nos dura la esperanza de y que seguridad.... abrazos