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sábado, agosto 22, 2015

LOS PAGAPEOS




                Es triste escribir lo que viene: somos una sociedad enferma, con una larga convalecencia, y un, aún más largo, proceso de recuperación por delante. ¿Lo podremos soportar y asumir con la entereza y disciplina del caso? No me atrevería a decir una cosa u otra, pero a veces el pesimismo tiende a predominar.  La negativa parece imponérseme. Al dar una ojeada a nuestra historia veo una larga hilera de hechos que nos muestran como somos los mismos de siempre: pocas veces asumimos nuestras responsabilidades, y siempre buscamos cómo trasladar a otro la carga de nuestras actuaciones.
                Un episodio de Boves El Urogallo de Francisco Herrera Luque, a quien pedí prestado el nombre de esta nota de hoy, describe de manera nítida lo que digo: “…la señora importante que es víctima de una flatulencia sonora y  continúa que no puede disimular. En misa y de rodillas, como usted se imaginará, el cual se acrecienta, dando lugar a una serie de situaciones a la cual más risible. ¿Qué cree Ud. que inventaron para resolver esta situación? Pues nada menos que ponerle al lado a una negrita, para que cada vez que salga el cuesco echarle la culpa a ella, y meterle un coscorrón a la infeliz, lo que le ha merecido el nombre de "la pagapeos".”
                Antes que Herrera Luque el maestro Rómulo Gallegos, quien fuera por demás certero a la hora de plasmar nuestros arquetipos conductuales, describe muy bien la misma situación, aunque con otros personajes y diferente escenario, en su novela Canaima. Allí representa a los hermanos Vellorini, Francisco y José, quienes eran dueños de la “casa de comercio”, como la define él, más importante de Upata y de Tumeremo. Francisco, quien vivía en la primera población, y de aparente afabilidad, era llamado Vellorini el bueno, y a José, quien estaba a cargo del negocio en la otra ciudad, lo tildaban como Vellorini el malo.  Bien explica el autor que todo era una superchería del "bueno", quien andaba de tramoya en tramoya y todo cuanto podía endilgarle a su hermano mayor, pues así lo hacía sin el menor empacho.
                Es larga la lista de ejemplos de similar tenor que podría seguir citando, ni que hablar de nuestra historia política. Recuerden que, al decir de cierta izquierda ortodoxa, a la caída de Pérez Jiménez no fue la gloriosa clase obrera la que tomó el poder porque la pérfida oligarquía criolla, en connivencia con malévolos planes del imperialismo, les jugó quiquirigüiqui y se quedó con todo. Ni de vaina dicen que fueron unos incapaces de tomo y lomo que no fueron competentes para articular una propuesta seria de conducción del país en medio de aquella crisis, y era lo que el país necesitaba. Había que dedicarse a saquear las sedes de la Seguridad Nacional y otras dependencias oficiales, con lo cual no hicieron más que reconfirmar su miopía inacabable ya que no fueron capaces de preservar esos archivos para poder estudiar a profundidad lo que en esos organismos ocurría. Algunas voces, supuestamente, malintencionadas aseguran que ello había sido necesario para  borrar las huellas de muchos honorables que habían abrazado entusiastamente el oficio de soplón.
                De estas veleidades conductuales –¡por supuesto¡– tampoco se escaparon los “luchadores demócratas”, quienes usaron la excusa del combate contra la lucha armada para cometer toda clase de atropellos contra sus adversarios, y en una inmensa mayoría contra población civil inocente. Baste recordar los desmanes hacia los campesinos en Lara, Falcón, Yaracuy, Monagas, Miranda; así como  contra habitantes de Caracas, las principales ciudades del país y numerosas poblaciones.
                Siempre hemos sido unos ases en desviar el foco de atención, ya que a eso se reduce todo, en diluir nuestras responsabilidades, cuando no endosarlas a otro, sea quien sea. ¿No recuerdan aquel Aló, presidente del 2 de marzo del 2008, cuando grandilocuentemete, como acostumbraba ser su estilo, el fallecido comandante vociferó en cadena nacional: "Señor ministro de Defensa, muévame 10 batallones hacia la frontera con Colombia, de inmediato, batallones de tanques. La aviación militar que se despliegue"? Recuerdo en esos días estar por las carreteras de Lara, y en el parador de Brisas de Arenales encontré una caravana de autobuses particulares que llevaban a parte de esas fuerzas hacia la frontera. Daba lástima aquella masa imberbe, a la que ni bastimento se le había provisto, comprando con su propio dinero comida, cuando no pidiéndose prestado dinero unos a otros para completar y poder comprar una arepa de queso blanco y medio litro de jugo de naranja. Recuerdo haberle comentado a quienes me acompañaban: ¿Así pretende este infeliz defender la soberanía?, en tres días los cachacos estarán en Caracas haciendo ajiaco en la plaza Bolívar si les da la gana. A los pocos días el sempiterno fabulador adujo que todo había sido un éxito, y guardó un hermético silencio sobre el fracaso de su mojiganga bélica; pero más calló sobre los supuestos orígenes de sus arrebatos napoleónicos, que no era más que un profundo terror a las computadoras encontradas en el campamento de Raúl Reyes, en las cuales se asegura hay evidencias de todo tipo que demuestran sus vínculos con la narcoguerrilla colombiana.
                ¡Ah!, pero es que tampoco los ditirambos y la prosopopeya son patrimonio exclusivo rojo. ¿Acaso se les ha olvidado las floridas maromas retóricas con las cuales se ha buscado tratar de justificar cada una de las derrotas que, en buena o mala lid, nos fueron asestando a lo largo de estos 16 inacabables años? No hubo un solo fracaso que no fuera huérfano, todos fueron obra y gracia de la maquiavélica tramposería roja que siempre venció a la caballerosa oposición que nunca fue capaz de cometer ninguna acción que no fuera leal y valiente… Para decirlo en palabras de mi viejo tío-abuelo Jorge Cedeño: ¡No me jodan¡
                Regreso la pelota al otro lado de la cancha, donde encontramos que la debacle económica generalizada es producto de la guerra mediática, como solían decir todas las cacatúas pelicoloradas que se sajaban las venas por el socialismo del siglo XXI, pero nunca jamás por la infinidad inaudita de cagadas con las que han ido jalonando su gestión. Por supuesto todo ello ha sido hechura de la burguesía apátrida títere del imperialismo cochino que no tolera la soberanía. Pero cómo les encanta ir a comprar a cartera suelta en sus tiendas, ¿verdad Calixto Ortega?, ¿no es así Luisa Ortega?
                Por supuesto que este partido no termina todavía y al raquetazo rojo se suele responder creándonos nuevas expectativas de toda laya.  ¿Olvidaron aquellas palabras de Ramos Allup el martes 29 de noviembre del 2005 cuando formalizó el retiro de Acción Democrática de las elecciones parlamentarias que se realizaron el 4 de diciembre de ese año, y que le dio la mayoría total a los rojos en el poder legislativo? En aquellos días afirmó: “Lo hicimos por encima de intereses individuales, personales o partidistas. Estamos interpretando el sentir de la mayoría de los venezolanos, a quienes al fin y al cabo, nos debemos”. Sin embargo este mismo personaje, con su cara muy lavada y sin un ápice de vergüenza le dijo años más tarde, exactamente el 9 de marzo de 2011, a Clodovaldo Hernández en una entrevista para Ciudad CCS que “fueron también los medios los que montaron la abstención de 2005”.
                Es una sucesión de pagapeos que se sacan unos y otros de sus mangas de prestidigitadores tropicales tercermundistas. No dudan en tragarse un burro, con enjalma y todos sus aperos, para no soltar ni un mínimo eructo. Hemos visto como en los últimos meses los llamados “dirigentes” de la oposición –quienes a todas estas no sé si siquiera dirigen el tráfico– han venido anunciando con fanfarrias de todo orden la llegada del fin del mundo, chavista por supuesto, el próximo 7 de diciembre, anuncian destituciones cuales Robespiere revividos, y así ad libitum, de vaina ofrecen el regreso del "Tá barato dame dos". Se dedican a jugar con la esperanza e ingenuidad de quienes desesperados no ven cómo salir de este infierno en que nos han sumido el país. Es lo que hacen cuando en vez de explicarle a la gente que es necesario trabajo, dedicación, sacrificio, mística, educación y responsabilidad para resurgir de este enlutado escenario; le llenan la cabeza de pájaros preñados volando en retroceso con el supuesto triunfo en la Asamblea. ¿Qué van a hacer si no hay elecciones? ¿Qué van a hacer si en efecto hay un fraude gigantesco? ¿Cuáles son las opciones a llevar adelante en caso de que alguno de estos escenarios se suceda? No duden en pensar que entonces veremos a nuestros flamantes mariscales de poltrona saltar a señalar a quienes les hemos venido pidiendo reiteradamente la necesidad de reformular las acciones, como los pagapeos de turno.
No son gratuitos  los eventos ocurridos en La Guajira recientemente, ni en la frontera tachirense. Lo sorprendente es la ligereza con que ambos sucesos han sido abordados de lado y lado, no era de sorprender que así lo hicieran en el bando oficial, pero que de este lado de la cancha sea así es irritante.  Cuando se recorre La Guajira se aprende que allí nada es al azar, allí funciona una rigurosa e inamovible sociedad de castas y todo cuanto ocurre es porque los “señores” guajiros así lo permiten. ¿Alzamiento popular sin el visto bueno de esos capitostes que siempre han impuesto a sangre y fuego sus baronías? Allá quienes quieran comprar ese cuento. Lo otro que sorprende es que han surgido especialistas y conocedores del ámbito guajiro y todos hablan de sus informantes en aquellos lares, donde precisamente por todos lados te dicen en susurros que los camiones 750 que van cargados de mercancías y alimentos de todo tipo son de Nohely Pocaterra, y que van escoltados por indígenas equipados con armas de guerra. ¡Oh sorpresa!, a ninguno de los tantos entendidos se le ha leído nada al respecto. La sensación que tengo es que una vez más la complicidad terminó por imponer sus normas.
Ante lo ocurrido en Táchira y el decreto estentóreo del señor presidente limitando las garantías constitucionales en el estado Táchira, al decretar allí estado de excepción, no se necesita ser mago para avizorar un globo de ensayo que luego se extenderá a todo el país para suspender las elecciones. Esa posibilidad la hemos señalado muchas veces unas cuantas voces y la respuesta ha sido cuando no la descalificación, el silencio, o el encasquetarnos el mote de atipolíticos, especie de santo grial que de un tiempo a  esta parte usan para tratar de callar todas las voces críticas a la manera torpe y desmañada como se han venido dizque conduciendo. ¿Qué vamos a hacer ante ese escenario? ¿Vamos a repetir la  misma situación de la madrugada del 16 de agosto del 2004 cuando Carrasquero anunció el triunfo de Chávez y en la quinta Monteverde “la dirigencia” corría como una manada de gallinas atacadas por un zorro, y no fueron capaces de convocar a la gente a la calle a defender el triunfo que se había obtenido? Es pertinente recalcar que el rol de pagapeos de los medios de comunicación, tanto propietarios como trabajadores, ha gozado de una vitalidad extrema en estos últimos tiempos. No creo equivocarme al vaticinar un futuro bastante cercano donde, todos quienes hemos alertado del infierno que se avecina, seremos los pagapeos de este serallo de arrogantes que no se cansan de hacer gala de ineptitud en el manejo del momento que vivimos. 

© Alfredo Cedeño

domingo, septiembre 29, 2013

LA GUAJIRA o PUEBLO WAYÚ 2

La semana pasada el post que publiqué fue sobre Mercedes Ipuana (http://textosyfotos.blogspot.com/2013/09/mercedes-ipuana.html), digna representante de la etnia sobre la que hoy escribo.  Cinco meses y una semana atrás escribí otro trabajo sobre esta misma etnia (http://textosyfotos.blogspot.com/2013/04/pueblo-wayu.html). Hoy abundo sobre el tema luego de haber estado varios días, no tantos como hubiera querido -y necesito- permanecer, entre ellos tratando de aprender una milimétrica parte de su universo.
 
En el citado trabajo anterior, el de hace 23 semanas, enumeré una serie de datos de carácter etnográfico y demográfico, por lo que ahora más bien me ocuparé de hablar al calor y ritmo de lo que pude ver en este recorrido.  Las imágenes no pudieron ser más debido al cerco militar que había en la zona, tal como dije en la entrega pasada, pero la solidaridad es una llave que abre las puertas que la institucionalidad se empeña en crear para mantener cerradas. Los formales no se han enterado todavía que el saber de la gente, eso que algunos han dado en llamar cultura popular, que creo es lo mismo que el bachiller suizo Carl Gustav Jung denominó "inconsciente colectivo", es una pertenencia colectiva a la que no se le puede poner cercas, ni talanqueras, ni obstáculos de ningún tipo.  
 
Los Wayú, o guajiros, como suelen denominarlos corrientemente, entraron en contacto con nuestro modelo civilizatorio a mediados del siglo XVIII, alrededor de los años 1742-49, cuando un grupo de misioneros y aventureros, que al decir de algunos malhablados y yo que tampoco me quedo atrás, son harina del mismo costal, provenientes de Valencia, España, desembarcaron por Santa Marta y por la ciudad de los santos Remedios, hoy Riohacha, Colombia, para asentarse en Guarero.
 
Es bueno explicar que bastante antes de eso, comenzando el siglo XVI, en 1501 para honrar a la precisión, el aventurero conquense Alonso de Ojeda, entonces nombrado Gobernador de Coquivacoa fundó Santa Cruz de Cocinetas. Hago aquí otro inciso para explicar: La gobernación de Coquibacoa, Coquivacoa o Cunquivacoa, fue una fugaz gobernación otorgada por los Reyes Católicos al nativo de Cuenca sin conocimiento de Cristóbal Colón, quien por aquellos tiempos era el virrey de Indias.
 
Se sabe que en la pionera fundación mencionada Ojeda construyó un fuerte y una ranchería, lo cuales apenas duraron hasta septiembre del siguiente año, gracias a las hostilidades que los europeos llevaron a cabo contra los nativos. Dicha localidad estuvo ubicada en territorio venezolano, en la bahía Honda y la laguna de Cocinetas, es decir cerca del actual Castilletes. Décadas más tarde, en 1535, Nicolás de Federman trasladó desde la isla Cubagua toda una unidad de explotación perlífera y funda Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela.  A la siguiente década se trasladan a la desembocadura del Río de La Hacha, actual río Ranchería, y es rebautizada como Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Río de la Hacha, que hoy es conocida como Ríohacha; y que en idioma wayú, o wayuunaiki, se llama: Süchiimma, nombre que traduce "Ciudad del Río"
Volviendo al siglo XVIII y a la mencionada población de Guarero, la toponimia original de la zona era Walëërrü que al castellanizarse se convirtió en la antes dicha.  En la actualidad, allí funciona la oficina recaudadora de impuestos del SENIAT, pero también es lugar de encuentro y de reposo, sus mujeres wayú cocineras son una institución. Allí conocí a Zaida Rodríguez que a sus 28 años, portando un collar de hermosas tumas se gana la vida asando ovejo, chivo, arepas y plátanos. Lo mismo hace Olivia Peralta, quien a los 75 años recuerda sus tiempos en los que se ganaba la vida como camellera en Maracaibo.  Aclaro: fue por mucho tiempo un oficio rudo y riesgoso con que las mujeres wayú se ganaban la vida, llamaban camellear meter artículos de contrabando desde Colombia hacia Venezuela.
 
Hoy, a quienes realizan dichas actividades de estraperlo, son llamados "bachaqueros", pero el flujo ahora es  inverso y se dedican a pasar desde Venezuela a Colombia artículos que con precios subsidiados o controlados valen muchisimo más en territorio colombiano, lo cual se manifiesta de manera patente con el combustible nacional que en el vecino país se cotiza a precios exhorbitantes.  No en balde presumimos de ser el país con la gasolina más barata del mundo...
 
Es sabido que siempre  la cuerda revienta por lo más delgado y son innumerables la situaciones de abuso contra los wayú, los representantes de los diferentes cuerpos de seguridad en vez de parlamentar y crear nuevos mecanismos que beneficien a los indígenas suelen arremeter contra ellos y acusarlos de contrabando de extracción.  Las voces que se oyen en el entorno acusan a los representantes militares de ser los verdaderos operadores de las grandes operaciones irregulares que dejan unos beneficios mil millonarios.  
 
Un ambiente desértico, donde solo la resistencia a prueba de inclemencias del wayú ha podido sobrevivir, es el pan nuestro de cada día.  Para dar una idea de la determinación propia de este pueblo, quiero referir que para algunos investigadores, como es el caso de Jose R. Oliver, linguisticamente no se tiene duda de que los wayú, cuya lengua es de filiación Arawak debieron migrar desde la región del río Amazonas - río Negro hasta La Guajira por lo menos 4 a 5 milenios atrás.  El haberse sometido a semejante cambio ambiental ya permite hacerse una idea del temple de este grupo humano. 
 
Sus caras se asoman hoy desde las ventanas de los transportes colectivos donde se desplazan por toda la península, sus hombres y niños no cesan de moverse por sus espacios ancestrales dejando sus huellas en cada gesto.  Recorro estos territorios y revivo un pasaje del muy denostado Rómulo Gallegos, a quien todavía abundantes "intelectuales progresistas" reclaman su militancia adeca, quien ambientó parte de su novela Sobre la misma tierra en estos parajes:  "Sobre la oscura tierra sin fragancias de fronda se alzaban hacia el cielo encapotado las negras pencas de los cardonales, como brazos de muchedumbre clamando de la misericordia negada del agua."
Así llego a la laguna de Alitasía donde se dice que el maestro Gallegos concibió su mentada novela. Al otro lado de ella atisbo a un trío de muchachos jugando, una mujer que juega con el viento y un borrico que pasta en medio de la mayor aridez imaginable. 
 
 
Más adelante me encuentro con Aura González que con su cara protegida con wachepa, máscara facial que ellas utilizan para proteger su rostro del sol, el viento y la arena, y me acoge en su casa con suave gesto de anfitriona. En ella bien puede recrearse a la tía de Umaralá. Es un viejo relato recopilado por Milciades Chávez, y que publicó en 1953 en la Revista Colombiana de Antropología: "Cuando la tía del indio Umaralá entregó la vida a los espíritus para salvarlo de la enfermedad y la muerte, Umaralá se levantó de su cama y tomando en sus brazos el cuerpo de su amada tía la lloró amargamente en compañía de su esclavo, que era la única persona que se había salvado de la peste; después envolviendo el cadáver dentro de un cuero de res, lo pusieron sobre una mula y lo llevaron a sepultarlo en los bosques mas espesos por los lados de Maicao región donde han tenido ellos siempre su cementerio."
De nuevo me viene a la memoria Gallegos y evoco de su obra: "una conmovedora mirada agradecida y suplicante, puesta en ella desde el fondo de unos ojos hermosos  y tristes que no querían apagarse."  
Podría seguir citando una y mil historias, sin embargo la brevedad se impone y me despido con una imagen que hice en Paraguaipoa y que me dijo con mucha claridad la noción que tienen de país esta gente: sobre las paredes metálicas de su covacha pintaron el pabellón nacional y las ingenuas estrellas  del número 14 de su casa, es un testimonio elocuente de que para el wayú su cielo es ese desierto que han hecho tierra, nación y patria.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 

domingo, septiembre 22, 2013

MERCEDES IPUANA

            “Yo nací pá llá lejos, cerca de Portete, en Jarara, cerca de la mar, allá La Guajira. Llegué aquí cuando muchacha con papá de los muchachos que era chófer y nos casamos en Maracaibo.”
 
            Ella es Mercedes Ipuana, sus hijos aseguran que tiene más de 90 años, yo creo que ronda los ochenta, ya que su hija mayor tiene 60. Sin embargo, eso no es resaltante porque en ella se condensa la sabiduría de todo un pueblo: el de los indígenas wayú. Como bien lo denota su apellido pertenece a la casta Ipuana, que significa Los que viven sobre las piedras y cuyo tótem es el gavilán.
 
            He dicho en reiteradas oportunidades que Venezuela es lo que es gracias a sus mujeres y pese a sus políticos.  Esa afirmación, en esta oportunidad está más que justificada. Antes de continuar quiero comentarles que pasé varios días recorriendo parte de La Guajira en medio de un sitio militar a la zona que hizo mucho más difícil de lo habitual recorrer esos espacios. Pese a ello, y al férreo control que los irregulares, de una y otra banda, ejercen en toda el área, la habitual solidaridad de la gente me permitió recorrerla y recopilar material para traerles dos entregas sobre este rincón de Venezuela ubicado a unos 560 kilómetros en línea recta al occidente de Caracas.
 
La sociedad Wayú gira fundamentalmente en torno a la mujer, por ello personalizo hoy en Mercedes Ipuana. Ella me contó que se había criado “tomando leche de vaca, había mucho ganado, vivíamos de lo que producía el ganado, las cabras y los ovejos.”  Mercedes y su familia se alimentaban de lo que cultivaban maikki (maíz), pitshuushi (frijoles), wüirü (auyama) y yuca, por supuesto.
 
El pintor Guillermo Ojeda Jayariyu afirma, con incuestionable precisión, “el mundo Wayuu sobreviene atado al ritmo y a la entrega de la mujer como unidad mística, asociada a las expresiones de la Tierra. La mujer Wayuu es imagen de protección, renovación y permanencia, es metáfora de facultades para ocasionar y mantener la vida.”
 
            Ella se levanta cada día, domingos incluidos, a soltar su rebaño para que salgan a pastar, sus hijos y nietos pasan cada vez que pueden a “darle una vuelta”.  En su rostro el sol implacable y el agraz viento de La Guajira han ido labrando un laberinto de surcos donde su voz brota en coqueteo nostálgico: “En ese tiempo las leyes eran distintas no es como ahora: Cuando los mayores estaban conversando no me mantenía entre ellos. Antes las mujeres eran tímidas, ahora se casan las veces que quieren, compran a los novios, se casaban una sola vez. Antes teníamos otro modo de vivir. Había mucho respeto, no había ese corrompimiento que hay hoy en día. Antes la esposa respetaba al esposo.”
 
Depositaria de seculares tradiciones explica lo que es la lanía, la contra o amuleto, que se otorga a alguien “y si no la sabes utilizar bien se te acaba lo que tienes, te enfermas. No cualquiera la puede tener.  Está la lanía de evitar las cosas malas. Está la lanía para remedios. Está la lanía para evitar los choques entre los wayú y que no deja que el enemigo se acerque”.  Mercedes tiene la suya y la propia lanía le avisará si debe dársela a alguien o no, y si dice que no se lo de a nadie: la tiene que enterrar.

Ella la consiguió en una sierra según se lo hizo saber un sueño y tuvo que ir a buscarla allá. “Un cerro grande que se llama Lumá”, tenía como 8 años y se fue sola. “Caminé lejos, lejos, lejos, me fui encaramando, encaramando, encaramando. Por medio del sueño era como si me hubieran hecho un mapa. Sobre una laja la encontré: era un matorral de una grama y cogí ese monte y lo molí con piedra y la hice peloticas y la eché en un wo'olu (una mochila pequeña) y me devolví a la casa.” Hasta la fecha la tiene y espera que su lanía le avise si se la entrega a alguno de sus descendientes o si la debe enterrar. Y así lo hará.
            Mercedes es depositaria de los mitos wayú y los va transmitiendo con voz firme y libre de cascaduras: “Epitsü era un hombre que salió de su casa sin rumbo porque un sobrino había tenido un problema y caminó y caminó por muchos días después de tanto caminar presentó que tenía sed, tomó agua y siguió caminando. Se mancó un pie y ahí se quedó; cuando de pronto todo se transformó. Nacieron pájaros, crecieron los árboles y él quiso caminar y no pudo; se transformó en el cerro epitsü y quedó plantado ahí. Ahora los militares se metieron ahí  y eso no debe ser porque eso es un cerro sagrado.”
            Mercedes Ipuana es sueño y leyenda, es mujer recia desplegada en las alforzas de su manta que sacude el viento como bandera de una cultura que ha resistido, y se sostiene, a mil embates que no logran domeñarla. Al despedirme de ella en el borde de su enramada no supe controlar mi raíz citadina y le pregunté sino tenía miedo de estar allí sola. Ella sin parpadear, con su garrote firmemente empuñado sólo me respondió  con un mundo de dignidad en la voz: Wayú tayá (Yo soy wayuu).

© Alfredo Cedeño
PD: Estos trabajos fueron posible a la ayuda desinteresada y entusiasta de un enorme grupo de personas; como siempre mi memoria hace de las suyas y recuerdo entre muchos a: la doctora Omaira Leal Rosario, a la profesora Zaida Andrade, a Dora Ipuana, a Joel Rosales y La Nena, a Juan Manuel Querales y Andrea de Querales, así como a diferentes funcionarios de diversos cuerpos cuyos nombres es mejor resguardar. A todos: infinitas gracias.   

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