domingo, septiembre 04, 2011

CANAGUÁ



Como “Pueblos del Sur” se conoce en Mérida a un rosario de pequeñas poblaciones desperdigadas en la zona austral de ese estado andino. Uno de los más escondidos es Canaguá, comunidad que se mantuvo a salvo de la vorágine conquistadora, del reparto en encomiendas -y demás hierbas aromáticas- porque en sus alrededores no hubo hallazgos de yacimientos de oro, plata o cualquier otro metal de similar tenor.

Como bien han de suponer, la ausencia de minería en estos parajes se tradujo en su casi nula presencia en los registros de aquellos primeros cronistas e historiadores que se dedicaron a esculcar, divulgar y reseñar honras, vidas y costumbres de estas tierras.

Se ha podido documentar que, durante ese a veces poco claro período de la historia venezolana que se resume como La Colonia, los habitantes de Canaguá debían trasladarse hasta Mucuchachí, para recibir diferentes sacramentos. Es cierto que en la actualidad es un recorrido precioso, pero, pensar en lo que significaba siglo y medio atrás andar y desandar estos caminos a lomos de bestias por entre las montañas, le arruga las ganas a cualquiera. Se sabe que en 1845 había una humilde capilla donde algún clérigo de paso llevaba a cabo los oficios religiosos.

En ese mismo año los vecinos de Canaguá, supongo que hartos y con las asentaderas desolladas de tanto cabalgar en busca de sacramentos y poder enterrar en el camposanto de rigor a sus difuntos, solicitaron al entonces obispo de Mérida que les bendijera la nombrada ermita, y les otorgara el permiso pertinente para construir un cementerio. Supongo que por aquello de a Dios rogando y con el mazo dando, para endulzarle a monseñor el petitorio también pidieron les dejaran acondicionar la casa donde pernoctaba el cura que a bien tenía visitarlos una vez por la cuaresma.

Fue el 27 de junio de 1872, cuando el doctor Lope María Tejera, presidente del estado, tal como decían en aquellos tiempos a los gobernadores, otorgó a Canaguá la designación de parroquia civil.

Hace pocos años en sus cercanías se descubrió un yacimiento de fósiles paleontológicos que, aseguran los expertos, son de mastodontes. También señaló en su momento uno de los tantos especialistas que estudiaron dichos restos, que era muy posible que “hayan(sic.) otras especies de la fauna antigua”, en los alrededores del lugar del hallazgo. Del mismo modo explicaron que es la primera vez que en la zona andina se comprueba la presencia de estos representantes de la fauna prehistórica.

En esta comunidad merideña su acervo es tan extenso como los caminos que llevan hasta ella.

Su gente suele mirar con inocencia y está llena de una ternura que no siempre se puede entender y que cobró toda su dimensión el 4 de marzo de 1954 cuando llegó allí el primer vehículo automotor: un jeep que su entonces párroco, el cura Eustorgio Rivas, se empeñó en llevar hasta allá –y lo hizo– con la participación de todos sus habitantes, luego de largas jornadas de trabajo.

Ese día, al caer la noche, un muchacho que se ocupaba de cuidar y alimentar las mulas en el establo del pueblo, llegó hasta la parte delantera de aquella bestia mecánica y, con sumo cuidado, le depositó una buena brazada de pasto, “porque debe estar necesitando reponerse de esa travesía tan larga”.

© Alfredo Cedeño















1 comentario:

alberto dijo...

Muy buena la reseña historica de canagua, me encanta ese pueblo.