domingo, abril 01, 2012

PUEBLO YUKPA


Al comienzo no había ninguna persona en el mundo hasta que el dios Amõretocha se peleó con uno de sus hijos —que tenía forma de pájaro carpintero— y lo condenó a vagabundear por el monte durante tres meses, pudiendo sólo regresar por las noches a dormir. Un día mientras deambulaba le dijeron que había un árbol que hablaba, el mameracha. A partir de ahí se dedicó a buscarlo y cuando lo encontró comenzó a picotearlo hasta darle forma humana y fue como brotaron los primeros yukpa.

Desde comienzos del siglo XVI existen registros por parte de los cronistas de la existencia de este grupo indígena asentado en la Sierra de Perijá abarcando territorios venezolanos y colombianos. Ellos son el único grupo étnico de filiación caribe que reside en el sector occidental de Venezuela.




Sérgio Meira de la Universidad de Leiden, Holanda, asegura haber recogido en febrero de 2003 “datos lexicales y gramaticales (1.200 oraciones, 700 lexemas) que demuestran la “caribidad” del yukpa. Aunque existan divergencias lexicales considerables en ciertos campos semánticos, las semejanzas gramaticales y en el vocabulario fundamental destruyen todas las dudas.”



Actualmente se calcula que en el sector venezolano sobreviven casi 8.000 individuos. Del lado colombiano se estima que existen unos 6.000. Como siempre ocurre con los grupos humanos “descubiertos”, el pueblo Yukpa también ha sido conocido con los nombres de chaques, macoitas e irotas, entre otros.




Sus territorios ancestrales se han convertido en una maldición que atenta contra su integridad como grupo social, ya que esas tierras por su fertilidad han sido ambicionadas por modernos terratenientes que los han sometido a un sistemático y prolongado despojo de sus territorios. Uno de los intentos más recientes lo ha llevado a cabo el gobierno venezolano para dedicar parte de esos espacios a la explotación de carbón, con el consiguiente daño ambiental.




También los traficantes de drogas los han perseguido para apropiarse de sus espacios agrestes y establecer plantaciones y laboratorios clandestinos.




Pese a todo lo desolador que pudiera parecer este escenario que este grupo vive hoy en día, ellos no dejan de cultivar café, de atender sus pequeños rebaños, de alimentar sus aves, de soltar a sus niños en medio de la serranía, de acudir donde sus curanderos ancestrales, de amamantar con firmeza y sin pudores a sus bebés. No dejan de ser Yukpa y mantenerse en sus tierras seculares pese a todos los avatares… Amõretocha, tengo la certeza, sigue velando por ellos.

© Alfredo Cedeño.


3 comentarios:

Gastón Segura dijo...

Esperemos que siga velando por tiempo, porque tal y como está el panorama mundial es casi un milagro que los dejen no estar ahí, sino vivir.

Anónimo dijo...

Estimado Alfredo,....con el tiempo necesario,...me he permitido explorar tus creaciones más recientes,....todas de impecable factura,.y un acabado conocimiento de como hacer una poesía de buen gusto.
Muchas veces no comento, dado que se hace visible una profundidad creativa que va mucho mas allá de mis expectativas y debo ser sincero, de mis conocimientos. No Obstante, encontré en El Pueblo Yukpa, un escrito de profunda responsabilidad,...como un compromiso de un literato, de una persona permeable a una causa que muchos consideran perdida,..de un poeta hacia la belleza que exudan las imágenes que supiste plasmar, de un pueblo, de una etnia, de los representante genuinos de la tierra. Seres cuasi primitivos, posiblemente con deidades propias, con costumbres ignoradas,....sensibles y con un aura de inocencia ya casi desaparecidas de la faz de nuestra civilización,...Lamentablemente, todas esas cualidades, los hacen también fÁcil presa de apetitos de los bien llamados buitres humanos. Sirva este comentario, como una felicitación, y un aplauso a la dedicación y la buena entraña. Con el afecto de siempre. ELCRUZADO (angel_petta@hotmail.com)

Eduardo Alfaro dijo...

Excelente trabajo, me gusta el blog donde puedo ver mas de tus fotos. Espero sigas haciendo buenas fotos.. admirable tu trabajo