domingo, marzo 10, 2013

CLAROSCURO

            No voy a darme golpes de pecho, ni enhebraré una retahíla de mea culpa dominicales, pero debo reconocer ante ustedes que he navegado, muchas más veces de las que quisiera asumir, las aguas del maniqueísmo. Cuanto cuesta mantener el equilibrio y no ser arrastrado por las pasiones vertiginosas… ¡Qué difícil aquello de la objetividad!
 
            No creerán que voy a  desperdiciar esta oportunidad para embarcarme en una de mis habituales digresiones, así que quiero recordar ahora al muy querido José “El Pollo” Ramírez, quien solía cerrar sus correos así: “Si fuera objeto sería objetivo, pero como soy sujeto…”.
 
            Empecé a trajinar, a veces desafinando, este concierto polícromo y vital de la imagen muy pronto.  Recuerdo de niño a mi madre, la extrañada Mercedes, con una cámara Brownie de Kodak “retratando” todo cuanto acontecía en nuestro ámbito. Eso lo hacía, incluso desde antes de yo adquirir memoria, lo cual supe mucho después cuando vi unas pequeñas cartulinas de borde irregular con fotos de mi padre sosteniéndome sentado en sus piernas; u otras trepado en las enormes piedras que abundaban en los alrededores de la casa de mi madrina Felicia y mi padrino Eusebio –Chebo–, en la parte alta del río Osorio en la maltrecha y maltratada La Guaira.
 
        Cuando a los 14 años di los primeros pinitos en este vendaval de imágenes, supe convertirlo en consuelo de las diatribas propias de todo adolescente que siempre anda en aquello de “no sé qué me pasa”.  Aprendí a caminar, a veces dando zancadas, otras tropezando, infinidad de caídas, pero siempre avanzando. Fueron los años de formarme jugando en el laboratorio con la magia del blanco y negro.
 
       Allí no tuve más remedio que entender la tolerancia que se consumaba en los grises, esa maravillosa sinfonía tonal donde veía unirse los blancos y los negros. Ahí tuve que aprender a desplazarme a través del mediotono para consumarlo en el claroscuro. 
     Tiempos aquellos de encerrarme horas en el cuarto oscuro, pero también de buscar fundamentación teórica a la alquimia, que nunca cesó de maravillarme al ver en las cubetas la ordalía que hacía transfigurar el papel blanco en aquellos segmentos del mundo que mis ojos habían descubierto a través de las lentes. 
        Una de las lecturas más esclarecedoras de aquellos tiempos fue La photoghraphie est-elle un art?, de Volker Kahmen, donde hacía referencia a unas palabras de Zolá: “La photographie met en évidence une foule de détails qui seraient passes inaperçus et que l´on n´aurait pas pu repérer pour la plupart –la fotografía pone en evidencia una serie de detalles que podrían pasar desapercibidos y que la mayoría no hemos podido identificar–. ¡Eureka!  Ese par de líneas significaron para mí una epifanía: podía darle forma conceptual a la idea que sentía, más no sabía manifestar.
        Ocurría en aquellos días, al igual que ahora, que mi relación con la imagen era enteramente irracional. No he sabido, aunque seré honesto y escribiré que no he querido –no me ha dado la real gana–, dejar que mi vinculación con la fotografía no sea instintiva.  Me he esforzado por mantener una cierta condición primitiva –coqueteando con lo animal– en la mirada, para poder apropiarme del click que hace mío lo que veo.
Cuando años más tarde leí Cámara Secreta, del boricua Edgardo Rodríguez Juliá, y encontré: “Convertir una imagen en realidad social es arriesgarnos a degradarla, pervertirla, empobrecerla”, pasé largos días rumiando esa bendita frase. Por supuesto que lo primero que me pregunté fue: ¿qué será lo que el estimado Edgardo llama realidad social? ¿Acaso no se puede enriquecer, sublimar y enaltecer lo fotografiado? Luego entendí que él no había hecho otra cosa más que practicar uno de sus juegos preferidos: zaherir a quien lo lee.  Esa clave la descubrí al encontrar en esa misma obra aquello de: “… el espejismo, esa momificación que es la fotografía”.
 
          ¿Momificación? Opto por no caer en la provocación que significa en estos días para el ambiente venezolano dicha palabra, y de un salto me planto en el soplo vital que imprime a una estampa la intención de quienes oprimimos el obturador.
 
            El catalán Joan Fontcuberta, a quien días atrás otorgaron el llamado Nobel de la Fotografía –Premio Internacional de Fotografía Hasselblad– en su libro Ciencia y fricción asentó: “La fotografía reúne incesantemente lo obvio y lo obtuso, lo que es y lo que no existe, lo que se nos da a ver y lo que se acepta como reconocible: es ahí donde radica la monstruosidad funcional de la fotografía.”
 
            Si, por otra parte, nos remitimos a la definición de claroscuro vamos a encontrar: “Efecto que resalta la distribución adecuada de luces y sombras, especialmente en un cuadro. Contraste de luz y sombra que finge o hace resaltar las formas en profundidad.”
 
            No puedo dejar de preguntarme ¿hasta donde la representación que realizo de mi mundo, en cuanto que todo aquello que veo e interpreto a través de mi máquina lo hago mío, puede cabalgar con soltura alejado de los extremos en que a menudo nos sumergimos?  ¿Puedo despojarme de toda intencionalidad o debo ejecutar un juego de espejos que solo muestren lo que cada cual hará que se refleje desde su propia mirada?
            A la postre, creo que ese juego infinito que distribuye luces y sombras para provocar el resaltamiento de las formas es un puente que se derrumba cada vez que produces una imagen. Ese parpadeo del diafragma abre las puertas que aparentan estar bloqueadas, pero que no pueden hacerse parapeto invencible ante el acto que las convierte en símbolo.  No en balde Fontcuberta en su ya citada Ciencia y fricción se pregunta: "¿Hasta que punto lo imprevisto ha incidido en el discurrir de la representación fotográfica?"

© Alfredo Cedeño

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente hermoso Amigo. Voto por las fotos de tu infancia...

Ylleny Rodríguez

Anónimo dijo...

Bendita la luz de tu mirada que transforma lo estético en flujo constante del tiempo. Gracias por compartir


Vilma Cantagallo

Anónimo dijo...

Buenos dias mi querido alfredo,siempre deleitando con tus bellas imagenes y tus relatos.Enfocando con tu ojo interior,los que nos dejas cada domingo.BENDICIONES Y EXITO

Anónimo dijo...

Siempre al mirar imagenes en blanco y negro sentimos nostalgia.
Bello relato anecdótico y autobiográfico.
Gracias por esta entrega.
Muchos saludos.

Dora.

Anónimo dijo...

La fotografía sigue siendo en blanco y negro.

Jaime Ballestas

Anónimo dijo...

Muy linda las fotos y apropiados los comentarios, alimento y frescura
para el alma.. gracias..!!
Muchas bendiciones

Matilde O.

Anónimo dijo...

Un bello paseo, por lo que es y ha sido su lente, lo que ud transmite que día a día y al pasar de los años va evolucionando. Hermoso maestro! y me llega en particular esto... "Allí no tuve más remedio que entender la tolerancia que se consumaba en los grises, esa maravillosa sinfonía tonal donde veía unirse los blancos y los negros. Ahí tuve que aprender a desplazarme a través del mediotono para consumarlo en el claroscuro."

Zafira

Anónimo dijo...

Acabo de ver tu trabajo, sólo te puedo decir que vale la pena que estés todo el tiempo trabajando para nosotros tener ese material tan hermoso.

Marina

Anónimo dijo...

Claroscuro....Luz y sombra... como la vida misma. excelente y hermoso trabajo que nos describe desde sus comienzos la fuerza y el amor de tu persona en lo que haces a travez de la fotografia ,lo maravilloso de un momento captado en un click y que jamas volvera a repetirse,El claroscuro que nos lleva a la infancia cuando nuestras primeras fotos eran asi y que a mi parecer ningun color de la nueva era podra borrar esa magia de aquellas fotografias. Felicitaciones por esta entrega y que ese click siempre se escuche y podamos disfrutarlo

Lola Rodriguez

Anónimo dijo...

GRACIAS X COMPARTIR CONMIGO TU BELLAS OBRAS EN FOTOGRAFIA DE BLACONEGROS O CLAROSOSCUROS,,, SON PERFECTAS... FELIZ DOMINGO... Y NUNCA DEJES DE COMPARTIR CONMIGO TU TRABAJO..

Miriam Coromoto

Amaia Villa dijo...

Una buena reflexión sobre la fotografía entretejiendola con tu historia con ella. Me gusta especialmente la frase que traes "–la fotografía pone en evidencia una serie de detalles que podrían pasar desapercibidos y que la mayoría no hemos podido identificar"Para mi en la fotografía se muestra una percepción de la realidad, dependiendo en que momento, en que detalles se dije el que la capta, aunque también el que la mira tiene su propia interpretación.

Un abrazo