domingo, marzo 17, 2013

MIS POEMAS DE AMANDA

            Es una suerte de dogma en el mundo comunicacional que un texto informativo es aquel en el cual el autor da a conocer de manera sucinta y objetiva hechos, circunstancias reales o algún tema particular al lector. Pues bien, este trabajo lo escribo sin rastros de ecuanimidad, sindéresis, imparcialidad o alguna de todas esas cualidades que se supone un texto informativo debe tener.
        Esta vez, como nunca, escribo desde las tripas, con muchísima mas emoción de la que probablemente logre transmitirles.  He dicho en innumerables oportunidades una frase que acuñé en el marco de una entrevista que me hizo, varios años atrás, mi querido Elías Santana: Venezuela es lo que es pese a sus políticos y gracias a sus mujeres. Hoy esa frase tiene más vigencia que nunca, es lo que trataré de mostrarles en esta nota de hoy, cuando escribo sobre una mujer espectacular por la cual ando derretido como barra de chocolate en el bolsillo de un muchacho feliz.
          Me estoy refiriendo a Amanda Gonzalez de García, una caraqueña de pura cepa que ha levantado a pulso titánico su chocolatera Mis Poemas en las afueras de San José de Barlovento, más conocido como de Río Chico aunque a sus habitantes no les haga mucha gracia, municipio Andrés Bello del estado Miranda.  Allí, luego de transitar una carretera en estado infernal de la que poco se ocupan los organismos que debieran velar por el buen estado de la vialidad, y en un ambiente de sueños ella junto a su esposo, hijos, su yerno Simón Pérez y toda su familia ha levantado una joya de la artesanía del cacao venezolano, que producen desde plantar el árbol hasta fabricar el chocolate más rico que se puedan imaginar. 
A esta altura les recuerdo que el cacao fruto del Theobroma cacao L., de origen americano, y cada vez más se afirma que del territorio venezolano, fue desde tiempos inmemoriales tenido en alta estima entre nuestras culturas prehispánicas, al punto de que era empleado como moneda.  En cuanto a su origen se ha determinado que este ocurrió en el Amazonas sudamericano de donde se extendió su uso y cultivo hasta Centroamérica donde se llevó a cabo su domesticación, o cultivo especializado. En la cuenca del Alto Orinoco venezolano crecía de manera silvestre y se le conocía con el nombre de Calabacillo.
En lengua Nahua de México se le conocía como Xocolatl, nombre que sería hispanizado, para su introducción al viejo continente, como Chocolate. En 2006, el investigador John Henderson, de la Universidad de Cornell, Íthaca, New York, afirmó que los vestigios más antiguos sobre el uso del cacao como bebida se situaban 1.100 años a.C. No obstante, estudios posteriores llevados a cabo por investigadores mexicanos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, así como de las universidades de Columbia, Arizona, Yale, Wisconsin y Kennesaw, señalan que existen evidencias del consumo de cacao como bebida en los años 1900 a.C, es decir, 800 años antes de lo que se creía hasta ahora.  Ellos se basan en los residuos de una bebida a base de cacao localizados en una vasija de cerámica encontrada durante las excavaciones realizadas en el sitio sagrado del Cerro Manatí, en Veracruz, México. La vasija se localizó junto a una gran cantidad de objetos suntuosos entre los que destacan: hachas labradas en piedra verde, jadeíta, pelotas de hule, mazos de madera y varias estacas con la punta quemada, entre otros. Los investigadores estimaron que la vasija, datada mediante carbono 14, era del 1750 a.C.
¿Casualidad? No sé, ni quiero caer en especulaciones, pero la chocolatera de Amanda está ubicada en el sector Manatí de la carretera que lleva al caserío Agua Clara, del sector que ya les mencioné.  Y ya que ando por recovecos históricos les cuento que ella empezó a sembrar su obra 38 años atrás junto a su esposo Ramón.  “Yo tenía en Caracas una floristería, que se llamaba Armonía Floral, y estaba en Chapellín, frente a los laboratorios Behrens. Nosotros, Ramón y yo, pensábamos en tener algo hacia el monte como para retirarnos en la vejez.”
Hoy Amanda tiene 75 años y se mantiene al timón de un esfuerzo largo, hermoso y sostenido. “Un señor llamado Víctor Zurita, al que le habíamos alquilado en la casa un cuarto nos habló del señor Pedro Caraballo que tenía esta parcela y quería salir de ella, así que nos pusimos en contacto con él y le compramos. Él aquí no tenía casi nada, unas matas de mango, unos camburitos, eran cinco hectáreas. Ramón, que  había sido empleado publico durante 30 años  y quedó jubilado, decide venirse porque teníamos un señor que no producía nada, así que Ramón se metió aquí de pata y cabeza. Primero hizo un ranchito muy pintoresco que era mitad zinc, todo el contorno de abajo, y la otra mitad de arriba tela metálica por la plaga. Yo venía en veces dos veces por semana, cuando eso no había autopista, por la carretera vieja, salía a las tres de la mañana de Caracas.”
Amanda iba “a traer dinero para pagarle a los obreros, no había transferencia electrónica, ni  nada de eso. Mi hijo que trabajaba en Finalven de noche, muchas veces cuando estaba llegando me encontraba saliendo y se venía para acompañarme. Cuando eso tenía una Wagoneer roja automática. Después cuando empezó a salir plátano aquí yo me llevaba esa camioneta hasta los tequeteques.  Un día salimos de aquí, mi hija y yo, porque no aguantábamos la plaga a la una de la mañana y me paré en la estación de Caucagua y el señor me dice: señora si a usted se le espicha un caucho por ahí no sé como va  a hacer con esa carga. Le dije no, yo voy con Dios, no se espicha.  Y así fue.”
Pura voluntad es esta mujer que me hizo saltar las lágrimas más de una vez  mientras me iba desgranando su vida de luchas y logros. “Cuando llegaba  allá me fajaba con la floristería. Venía a traer dinero para pagar los empleados  o lo que tuviera que comprar y me volvía a ir, traía la comida y eso era en esa carretera vieja de Guarenas arriba y abajo. Ahora yo no me atrevo a hacer eso, me atrevía a esa edad pero ahora hasta ir para Caracas sola manejando aunque es autopista tengo miedo a veces lo hago porque es necesario.  Así pasamos un tiempo hasta que decidí quedarme aquí. Dije: No vuelvo a Caracas, no aguanto más ese estrés y esa cuestión. Y me metí aquí. Yo manejaba tractor, en el 95 fundé una escuela agropecuaria aquí en El Delirio junto con un profesor que ya se murió e hice un acto para todos los productores que fundaron esto, que entre ellos está el señor Echenique, poniéndole su medalla tricolor, haciéndole un homenaje a personas que comenzaron aquí  y que nadie se ocupa de ellos”.
Amanda se dedicó en aquellos años a realizar una labor de promoción social entre sus vecinos campesinos y productores agrícolas. “Yo estaba trabajando para la comunidad cuando me tropiezo con Enrique Mendoza que era gobernador y se la pasaba dando cositas por ahí, y yo siempre llevando carticas para limpiar los caños, arreglar la carretera, buscarle casita a los productores, hasta que un día tuve la oportunidad de hablar con él y le dije: mire gobernador por qué si se llevan el mejor cacao de Venezuela para otros países y nos lo devuelven en papelitos de colores, ¿por qué nosotros no hacemos lo mismo? Y él me dice, moviendo la cabeza así como le da él: ¿cómo dices tú? Le digo: bueno si los otros lo hacen yo creo que lo podemos hacer, unas maquinas, hay que hacer algo.”
Ella confiesa que lo hizo porque cultivaba cacao y cuando lo iba a vender no le alcanzaba lo que le pagaban para lo que había gastado en peones, y todo el proceso de producción. “Veía que había que hacerle un valor agregado para que eso pudiera dar.  Entonces él me dijo: déjame pensar; y se fue. Una vez me llaman, ya si había celular, y me dicen mire señora Amanda vamos a dar unos  créditos para unas plantas chocolateras artesanales, si usted quiere participar. Yo ni corta ni perezosa acepté la cuestión. Los requisitos eran muy fáciles. Y eso se iba a procesar mediante CORDAMI –Corporación de Desarrollo Agrícola del estado Miranda– y su presidente fue a Colombia porque allá hacen unas plantas artesanales. Total que contrataron unos colombianos que no cumplieron bien. Ellos mandaban una maquina hoy para uno o dos productores, de los diez que estábamos ahí. Aquello empezó a enervarme, a calentarme la sangre.”
        En el ínterin, ella había convencido al alcalde para que le facilitara un espacio en la sede de la alcaldía para acudir allí una vez a la semana para recibir las quejas y solicitudes de los campesinos, para ocuparse de su tramitación ante los organismos competentes. ¡Es incansable esta mujer! “Yo le dije: quiero que tú me cedas aquí un espacio para que me visiten los parceleros de este sector y me digan cuales son sus problemas, entonces yo los escribo y los canalizo ante los entes. Me lo dio y yo iba todos los martes medio día, pero me retiré porque la gente lo que creyó fue que yo era una bolsa de dinero y querían para el remedio, para el hijo que estaba preso, y así siempre. En menos de veinte mil bolívares no me salía el día que iba para allá y esa era plata de lo mío, de mi pensión, de mis reales que yo tenía de mi floristería.”
Volviendo al tema de los créditos para la procesadora, y el suministro irregular que los vecinos colombianos habían realizado, Simón Pérez, un ingeniero hoy en día casado con una de sus hijas, le ofrecen que se ocupe del caso de las plantas de cacao “y él me dice a mi que lo llevara donde estaba una que habían entregado que era de las mas completas y vio, así rapidito. Yo le dije ¿y ya viste todo? Si, me dijo. Él se dio cuenta que con ese tipo de planta no íbamos a llegar sino hasta el chocolate de taza de ese Corona que hacen los colombianos. Y él presentó un proyecto para producir unas plantas mejores y se lo aprobaron. Por supuesto que Simón salió con las tablas en la cabeza, pero como estaba enamorando a la hija mía…”.
Por lo que haya sido, lo cierto es que Simón, en el mismo espíritu de Amanda, con mística y entrega, armó un taller en los terrenos de ella y allí “fue construyendo las maquinas que necesitábamos.  Él hacia 10 prensas y yo salía en un camión que CORDAMI nos había facilitado y las repartíamos, después al otro domingo lo mismo, así con cada uno de los que habían recibido el crédito. Las máquinas mías eran las de probar, las que me quedaron a mí eran con las que iban probando si servía o no. Y así comenzamos; la verdad es que si no hubiera sido porque tenía a la hija mía al lado y a él al lado esto no fuera lo que es porque yo hubiera hecho cualquier cosa, pero no fuera lo que es Mis Poemas ahorita, porque ellos se han ocupado de los diseños, y mis hijos todos me han apoyado. Uno que es vendedor de toda su vida fue el que nos introdujo en los Plaza, en los Excelsior Gama, en esos sitios donde es difícil entrar porque hay muchos requisitos.”
¿Logran entender que esta nota no puedo escribirla sino cargado de la emoción que esta mujer transmite? Cuando estaba a punto de preguntarle por la marca de su chocolatera me suelta: “¿Por qué el nombre? Porque así es como identifico a mis hijos, ello son mis poemas, yo hubiera querido poder escribir pero no he escrito más nada sino lo que tengo es muchachos y yo los llamaba a ellos mis poemas y cuando llega la chocolatera y busco el nombre dije bueno ¿qué mejor que llamarla como llamo a mis hijos: Mis Poemas?”
         No tengo empacho en confesarles que necesité voltear y que los ojos no me traicionaran ante ella.  ¡Carajo! Qué privilegio poder decir que se es paisano de esta mujer. Ella nunca dejó de honrar la deuda contraída y mes a mes fue pagando sus cuotas estipuladas, hasta que hubo las elecciones de gobernador en el 2004 y resulta ganador el candidato rojo rojito Diosdado Cabello. “Cuando ganó él yo estaba en la mesa de Agua Clara trabajando por Súmate y empezó a gritar la gente de ahí “¡vamos por la chocolatera porque eso es de nosotros!” Reuní a mis hijos les dije está pasando esto y decidimos: no, esto hay que cancelarlo ya. Al otro día estaba yo en CORDAMI y pagué todo. La única que no visitó Diosdado, ni le pintó la pared de rojo, ni nada fue a  mí. A todos los demás les puso un cartelón en la puerta Diosdado Cabello, planta chocolatera tal y cual y le pintaron la casa de rojo porque no habían pagado ni lo han pagado aún.”
Para Amanda es inaudito que alguien no honre sus deudas y que no haga producir lo que hace. “Si usted tiene una cosa donde no multiplique la cuestión y que trabaje con buena fe no le puede ir bien. Con esto de las misiones la gente no quiere trabajar porque si recibe una misión por la que está embarazada, otra por el papá que no sé qué,  y se sacan ocho o diez mil bolívares dicen que con eso viven.”
Con modestia habla de sus productos: “No aumento los precios pensando que este es un hueco bien feo, así bien lejos, que hay mucho hueco en la carretera. Yo más bien le agradezco a la gente que venga a comprar aquí, no encuentro cómo atenderles para que se sientan bien. ¿Cómo voy a poner unos chocolates que después nadie va a comprar?, ¿qué voy a hacer yo con ese poco de chocolate?”
       Amanda trabaja en la producción de chocolate propiamente con su hija y dos empleados: Hilda Hernández y José Manuel Unamo. Hilda vive en San Vicente, y tiene que tomar 3 transportes para llegar a la planta. José Manuel se ocupa de todas las labores pesadas tales como la extracción de la manteca del cacao; un vecino, Antonio Echenique, se dedica a ayudarla –¡sin aceptar pago alguno por sus labores!– en el envasado y etiquetado. Afuera son dos peones el señor Carlos llegado de La Grita y el barloventeño de pura cepa Gerardo Cedeño.
 
Ella procesa alrededor de 200 kilos de chocolate a la semana “y a veces no puedo porque hay un freno en cuanto a la nevera, porque tengo que hacer la bolsita, meterlos en la bolsita. Salen por tanda 72 de 100 y 52 de 200 gramos, cada tanda son 19 kilos cada vez que lo meto en esa olla, y son dos al día, no puedo hacer más de eso porque el tiempo de la nevera de llenarlo y eso ya no da más, necesito equipos más grandes y más gente, pero eso lo vamos a solucionar en la nueva planta que ya Simón está armando.”
 
Amanda heredó de su madre lo laboriosa. “Yo soy la mayor de catorce hermanos, y mi mamá nos crió haciendo granjerías ahí donde vivíamos en Chapellín; ella hacia arepa en la mañana, después hacía arepitas dulces, con maíz que mi hermano y yo molíamos dos veces, y hacia majarete, conservas; y cuando hacia la conserva de coco me ponía quitarle la conchita al coco y a rallárselo, yo me rallaba todos los dedos y yo le tenía una calentera al coco… Pero ahora hago aquí unos bombones de conserva de coco que ¡a la gente le encanta!”
 
En Mis Poemas ella prepara bombones de 25 sabores entre los que recuerdo: maní, maní garrapiñado, avellanas, nueces, merey, macadamia, pistacho, mango, fresa, coco, naranja, cambur, melocotón, pera, guanábana, higo, parchita “que me queda muy buena, y esos bombones son uno a uno. Aquí todos nos fajamos, sobre todo en estos días cuando vinieron dos autobuses seguidos, uno un día y otro día llenos de muchachos y ahí no quedaron sino como cinco bombones, yo estaba desesperada viendo mi vidriera así  y nos fajamos a hacer bombones y me lleve un  poco para la casa en la noche y los envolví allá y en la mañana los traje y eso porque me sentía mal viendo eso así.”
 
Cuando anden por Barlovento no dejen de llegar donde ella. Si quieren comunicarse les dejo su teléfono: 0234-7715361. Búsquenle la lengua y déjense llevar por su historia, disfruten a esta venezolana digna y centrada.
 
Con un nudo en la garganta la escuché decir al hacer un balance de su obra: “¿Qué viene ahora? Viene mi descenso, pero yo veo que a mis hijos les gusta y  mis nietos también, y es de ellos. Esto es una compañía anónima y todas las acciones son suyas, de Mis Poemas, yo no tengo ni una. Soy la directora general hasta que me muera, y entonces quedarán a cargo. Me estoy sintiendo cansada…”
 
          ¿Cómo no estar insoportablemente orgulloso de ser venezolano ante una mujer como Amanda? ¿Cómo puede haber gente que dude de que este país es una sucursal del Paraíso, si en cualquier rincón se pueden encontrar montones de ángeles como ella?  No me cansaré de repetir, y espero poder seguir haciéndolo por muchísimo tiempo, chauvinismos aparte, poseo el invalorable privilegio de ser hijo de Venezuela.

© Alfredo Cedeño

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Que viaje delicioso!!! te felicito!! doy fe pública de este especial chocolate, que para los que hemos tenido la suerte de probarlo es realmente todo un poema.
Muchos saludos, feliz domingo y muchas gracias por las imagenes.

Dora.

Anónimo dijo...

Que bello reportaje.Me enorgullece de que seas venezolano y nos muestres cada domingo nuestra querida venezuela y nuestra gente y costumbres.Mil bendicones Alfredo suerte exitos

Anónimo dijo...


Solo un ARTISTA,
maravillosamente sensible,
hijo de esta santa tierra; puede transmitir algo tan
"angelicalmente" ejemplar.
Mil gracias.
Marian

Anónimo dijo...

Como siempre tus lectores no podemos hacer otra cosa que envolvernos en la magia de tus letras

Jane

Anónimo dijo...

Grande Amanda y su gente. Grande el fotopoeta que la presenta. Besos.


Ylleny Rodríguez

Anónimo dijo...

Muy buen trabajo Alfredo!!! Dios bendiga a la Sra y a su compañia!!! Te digo algo! La Sra le echó bolas porque es de oposición porque si fuera Chavista tuviera la mente e rancho que tienen ellos, sería picara y zángana!!!
Qué arrrecha sería Venezuela si hubiesen 8 millones y pico de personas que pensaran como ella, no estuviéramos así!! Gracias por compartir este trabajo muy pero muy bueno!

Jhonny Chamy

Anónimo dijo...

Excelente el articulo de este domingo,,,me provocó comer chocolate!!!
gracias


Susana Croatto

Anónimo dijo...

Mientras relatas la vida de Amanda, delatas la sensibilidad de tu alma...

Raquel

Anónimo dijo...

Me siento inmensamente emocionada de tu post de hoy, gracias Alfredo, que hermosa mujer la Señora Amanda digna hija de este pais, ejemplo de virtud y honor, gracias por recordarmos con tu letra y fotos que somos hijos de este hermoso pais al que tu tanto amor das, gracias y mis respetos

Vilma Cantagallo

Anónimo dijo...

Realmente excelente, pensar que como Amanda hay muchas y muchos venezolanos que día a día si construyen patria

Horysa Parada

Anónimo dijo...

Hola Alfredo, en estos días en que leer el periódico, ver televisión es tan deprimente, en que llegas a sentir que llegamos al fondo del abismo... que pensamos que ni más abajo, ni como empezar a subir...leer tu artículo es ver que en nuestro país hay mucha gente de calidad, trabajadora, entusiasta, que quiere a Venezuela y disfruta y ama el trabajo que decidió hacer. Estoy hablando de Amanda...pero también de ti. Tu trabajo deja mucho aprendizaje y reflexión, con ese hablar tan fresco y esas imágenes que dicen tanto. Como tú dices orgullosa de ser Venezolana, de Amanda y de ti. Un abrazo grandoteeeeeeeeeee!!!

Marina

Anónimo dijo...

Que imagenesii
Las de la impacienciaii
Con la venia de la sra Amanda;
Provoca saborearlos uno a uno,
con todos nuestros sentidos;
antes de que lleguen a sus fogones. MAGISTRAL
Mil gracias
Marian

zulma dijo...

Excelente reportaje , no conozco ese chocolate , y de verdad parece delicioso, con toda la variedad de sabores que tiene , seria maravilloso poder ir hasta alla , y ver como se elabora todo .
Gracias Alfredo como siempre muy bueno tu reportaje , un abrazo

Ro. Gayol dijo...

Una mujer ejemplar. Con convicciones que superan todos los obstáculos. Ella representa lo mejor que tenemos en esta tierra. Iniciativas como la que esta gran señora ha impulsado en compañía de su familia deben difundirse,no sólo para contagiarnos de ánimo, sino para convencernos de que en este país existen todavía muchas posibilidades de salir adelante.

José Valle Valdés dijo...

Estupendo reporte, amigo, me ha encantado. Bien que sabes narrar.

Abrazo

Anónimo dijo...

Que chocolates mas sentidos!!! Gracias maestro! Mil gracias por darnos a conocer una hermosa historia, llena de valores, trabajo y esperanza!

Zafira

Anónimo dijo...

para mí
Excellent!!
Yo estuve por alli hace un año y medio.
La Sra me pareció dulce y amable.
Compre bastante chocolates,esos con rellenos y papelitos de colores
Muy buenas las fotos, as always.

Maria Teresa Eraso