domingo, julio 13, 2014

ARAYA

            Yo tenía 13 años cuando un día, miércoles por mejor seña, me escapé de clases en  el liceo José María España en Macuto, estado Vargas, para ir a un cine foro que había organizado la Federación de Estudiantes de Educación Media –FEEM– en el centro de estudiantes del Liceo Vargas, en Maiquetía. La película que vimos fue Araya, de Margot Benacerraf.
 
            Son imborrables aquellas tomas en blanco y negro del cielo y del mar, por ello estas fotos de hoy en similar técnica; como también perdura en mi recuerdo la voz entonces fresca de un veinteañero José Ignacio Cabrujas, antes de adquirir su característico tono bronco.  Él cabalgaba la genial música, que luego supe era de Guy Bernard, recitando: “Y sobre esta tierra nada crecía. Y todo allí era desolación, viento y sol. Y la Vida toda venía del mar. Y de las bodas del mar y del sol nacía la sal sobre esta tierra. Un día unos hombres desembarcaron sobre estas tierras áridas donde nada crecía, o era desolación, viento y sol, y llamaron esta tierra Araya.”
 
            Necesité casi una década, después de esa sesión cinematográfica, para saciar esas ganas que se me atornillaron de conocer aquellas inmaculadas pirámides de sal, de escuchar directamente aquellas voces que me llegaban desde la pantalla con innegables  resonancias de Margarita, tierra natal de Mercedes, mi madre. 




            Araya forma parte del estado Sucre y está a menos de 300 kilómetros en línea recta al este de Caracas. Aseguran que su denominación viene del vocablo indígena  haraia que traduce tierra de sal, término que los españoles transcribieron como araya. Al decir de los historiadores todo empezó entre 1499 y 1500, cuando Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra hicieron su viaje de rescate y reconocimiento de las costas venezolanas y descubren “las salinas de la Punta de Araya”.
 
Sabemos gracias a Pablo Ojer que a fines del siglo XVI. “La comisión más importante fue la confiada a un capitán con doce soldados, 4 caciques y 300 indios para que fueran a las salinas de Araya. En ocho días cargaron en 3 navíos más de 4.000 fanegas de sal, más de 2.000 arrobas de pescado seco, sin contar el pescado fresco que consumieron. Serpa [Diego Fernández de Serpa] en persona pasó a Araya a tomar posesión de aquella tierra “en nombre de la ciudad de Nueva Córdova” [Cumaná].”
 
            Casi un siglo después, llega allí el capitán holandés Daniel de Mujerol, quien dio inicio a la explotación salinera de inmediato. Fue así como Holanda se apropió de nuestra salina. Hay datos de aquellos tiempos que revelan que entre 1599 y 1604, por Araya pasaron 456 barcos salineros y 35 barcos de rescate, movilizando un total de 10.507 hombres en ese lapso. Es decir: en Araya mandaba Holanda.
 
            Felipe III, al parecer debidamente cabreado y hasta las narices de esa situación, ordena a Bautista Antonelli –el más famoso ingeniero militar de la época que estuvo activo en América– estudie y reconozca los alrededores de Araya, lo cual llevó a cabo los días 19, 20 y 21 de junio de 1604. Desde Cumaná, el entonces gobernador Diego Suárez de Amaya, informa a don Felipe III de la inspección en carta del 10 de julio de 1604, donde escribió: “cuantos pasos dio Bautista Antonelli de yo, siguiéndole de ordinario sin apartarme del un punto, como lo dirá el mismo, pasando los dos excesivo trabajo de gran sol y fuego que salía de la salina, que nos abrasaba, atollando en muchas partes de la hasta la rodilla, demás del gran trabajo que Antonelli pasó en nivelarla, que por solo este servicio merece que V.M. la haga una muy grande merced ….Fue Dios servido que en tres días que estuvimos en la salina no hubiese urcas a la carga, que ha más de un año que un solo día no la han dejado desocupada, que se puede atribuir á milagro”.
 
            En diciembre de ese mismo año, Antonelli estaba en Madrid para presentar su informe. Él había quedado impresionado con las dimensiones de la salina y en su informe relata: “Es tanta la grandeza de esa salina y la muchedumbre de sal que cría, que tengo por cierto que en el mundo no ha creado cosa tan espantosa naturaleza, que es muy diferente haberla visto que oillo decir, que aunque cargase doscientas urcas cada mes no la menguarían nada, porque dentro de quince días se vuelve á cuajar otra tanta sal como la han sacado, y esto lo causa que quitándole dos o tres capas de sal en agua, la cual sube hasta que hinche el hoyo que le han hecho, y se convierte toda en sal blanca como un alabastro”.
 
            No será hasta 1622 que la Junta de Guerra decrete la construcción de la Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya. En cuatro palabras: El Castillo de Araya. Quien reinaba entonces era Felipe IV, y bajo la dirección de Cristóbal Roda Antonelli se inician los trabajos de construcción. Entre diciembre de 1622 y 1633, otro Antonelli, Juan Bautista –hijo de Bautista y nieto de Cristóbal–, está al frente de las labores de fabricación del baluarte.
 
            En 1650, el castillo contaba con una dotación de 200 hombres lo cual representaba gastos de mantenimiento por 27.270 pesos anuales. En 1684 un terremoto daña las estructuras de la fortificación. En 1720 la dotación de esas instalaciones había subido a 246 hombres y los gastos a 31.293 pesos anuales. Estoy seguro que si en Araya hubieran levantado una iglesia de similar tenor al de su castillo, la catedral de Sevilla sería una pendejada a su lado. 
 
            En 1725 una tormenta anegó las salinas y las inutilizó: ese fue el comienzo del ocaso del castillo. El 29 de julio de 1759, la corte española manifiesta lo inútil de esta obra y solicita  informes acerca de su eventual demolición. El 27 de agosto de 1761, el gobernador de Cumaná, José Dihuja Villagómez, apoya la opinión real de la demolición. Y en 1762, bajo el reinado de Carlos III fue volado el Castillo de Araya, para ello emplearon 45 quintales de pólvora –2.070 kilogramos– a un costo de 4.640 pesos, 4 reales y 17 maravedíes. Esas ruinas son las que 198 años más tarde, el 31 de octubre de 1960, en decreto publicado en la Gaceta Oficial 26.935, fueron decretadas monumento nacional. Son las mismas que hoy exhiben supuestas restauraciones llenas de remiendos y aplicaciones inapropiadas. Cada día se deterioran más ante la ya familiar inercia nacional, que algún día verá desplomarse este otrora Castillo de Araya…
 
            Entre uno y otro temporal la explotación salinera se restableció y fue el pivote económico que permitió que en estos parajes desérticos se estableciera una tenaz comunidad que los preñó de casas y pueblos. Así apareció Manicuare, cuna del poeta Cruz Salmerón Acosta a quien la lepra obligó a recluirse en una casa que le fabricó su familia en un rincón de su lar natal. Bien lo describió Juan Santaella: “se le estaba cayendo la carne a pedazos y el alma a versos”.
 
            Cruz Salmerón el del desgarrado soneto Azul:
Azul de aquella cumbre tan lejana
hacia la cual mi pensamiento vuela,
bajo la paz azul de la mañana,
¡color que tantas cosas me revela!

Azul que del azul cielo emana,
y azul de este gran mar que me consuela,
mientras diviso en él la ilusión vana
de la visión del ala de una vela.

Azul de los paisajes abrileños,
triste azul de los líricos ensueños,
que no calman los íntimos hastíos.

Sólo me angustias cuando sufro antojos
de besar el azul de aquellos ojos
que nunca más contemplarán los míos.

           A él honro con esta única foto en color.
            Araya, Araya, tierra dolorosa de gente hermosa. Aquí se afincaron Pablito Fuentes y María Rosas Marcano a fabricar una preciosa historia de amor. Ellos se escaparon de la casa de ella en La Asunción, Margarita, y se instalaron entre el sol, el viento y la mar a quererse a tiempo completo, y parieron su muchachera con orgullo; mientras se ganaban la vida e inventaban formas de “traer algo de bien para estos mundos olvidados”, como me llegó a decir el propio Pablito en su casa.  Así fue como empezó a llevar gasolina en tambores con su bote desde Cumaná hasta terminar instalando el expendio de gasolina.
 
            Como ellos son centenares los “Arayeros” e hijos adoptivos que han labrado en este puerto de abandonos un santuario de logros. Araya es territorio de triunfos, de mujeres que siguen machacando la tierra con técnicas seculares para fabricar sus cacharros de barro, de pescadores imperturbables y de muchachas capaces de alterar con su mirada desparpajada hasta a un eremita.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 

sábado, julio 12, 2014

No hay tiniebla que detenga la mañana
no hay esbirro para encarcelar la esperanza
no hay verdugo para nuestros rebeldes
no hay más camino que volar y ser libres.

© Alfredo Cedeño 

jueves, julio 10, 2014

SIEMPREVIVA

Lanzas violetas que manan del sol con blancas sombras
ágiles señales de muchachas y muchachos libres
a los que la roja mordaza no puede quitar el habla,
planetas de sueños
galaxia resonante de utopías nada lejanas
universo preñado con delirios en vuelos largos,
pasos seguros para encontrar una conciliación renuente
hasta llegar a la minúscula orilla del desamparo
donde las plegarias son pedradas que rescatan la paz.
  
© Alfredo Cedeño 

martes, julio 08, 2014

PRECIOSA

Cual flor deslumbrando el fondo del jardín
la libertad demuestra no ser un espejismo,
es la certeza de una muchachada sin cobardía
que azota con su belleza a la jauría de verdugos,
es el alborozo sin fronteras de mis estudiantes
que saben espantar y corretear las oscuranas,
es la bendición derramada sobre este suelo
que tratan inútilmente de embozalar los rojos.
Ella es los gritos y esfuerzos sin cuartel
que están forjando nuestras criaturas amadas.


© Alfredo Cedeño 

domingo, julio 06, 2014

LA ATENAS DE ORIENTE

            Al salir de Barcelona, capital del estado Anzoátegui, 250 kilómetros al este de Caracas, si uno “baja” hacia el Orinoco, es decir se dirige al sur de la citada ciudad, a casi una hora de carretera se verá a mano derecha el cartel que anuncia el desvío hacia Aragua de Barcelona, ciudad de la que escribo hoy, y bautizada con el título de esta nota debido a la cantidad de creadores que han nacido allí.
            Antes de seguir me disculpo con ustedes porque a los diez minutos de haber llegado allí el pasado miércoles, y comenzando a “calentar” el ojo, y con solo doce imágenes hechas, la cámara se negó a seguir trabajando, por lo que espero, una vez resuelto ese pequeño detalle, volver pronto y saldar la deuda visual que con Aragua –es como la llaman  sus nativos–  necesito saldar. Aclarado ello sigo contándoles de esta conmoción hecha pueblo nacida en medio de estos parajes retostados de sol y relumbrantes de luz.   
            Estas tierras fueron habitadas por diferentes grupos indígenas, según el contar de los cronistas, algunos aseguran que fueron Guacamayos y Cores los primeros habitantes; yo me inclino a creer que mas bien fueron los temidos Caribe quienes se sabe estaban asentados en toda esta zona.  Asegura Pablo Ojer en una nota que hace en el capítulo XXI de Historia de la Nueva Andalucía, de fray Antonio Caulín, que Camaruco era el nombre original de Aragua de Barcelona. Sabemos por una carta del obispo de Puerto Rico, Fr. Pedro de la Concepción Urteaga Salazar y Parra, dirigida a Su Majestad desde Cumaná el 10 de diciembre de 1712 en la cual escribe: “…con advertenzia de que el un pueblo está ya casi fundado con solo nombrarle un cabo y un cura capellán en el sitio de Camaruco en que habitan guardando ganados como cien personas”.
            Lo cierto es que hace unos años la alcaldía de esta localidad encomendó al ya citado Pablo Ojer que determinara su fecha de fundación, y éste determinó que la misma se había llevado a cabo el 20 de febrero de 1734 por instrucciones del entonces “gobernador de la Nueva Andalucía, Cumaná y Cumanagotos”, don Carlos Francisco de Sucre y Pardo. Este funcionario fue nombrado para dicho cargo por Real Cédula del primer rey Borbón, Felipe V, fechada en Madrid el 22 de diciembre de 1729. ¡Ah! Este señor es el bisabuelo paterno del héroe de nuestra Independencia el Mariscal Antonio José de Sucre.
            La villa se consolidó y se convirtió en una de las puertas entre los llanos centrales y los llanos orientales, el desarrollo de la ganadería en sus inmediaciones fue inmenso. Los dueños de las principales fortunas de Barcelona tenían hatos en esas tierras. Aragua de Barcelona llegó a convertirse en una estratégica plaza militar; por ello en los fragores de las tantas batallas libradas contra las fuerzas de ocupación españolas se considera como la  más cruenta la que aquí se libró el 18 de agosto de 1814.
El próximo mes se cumplen dos siglos del citado hecho. Unos 2.000 defensores patriotas bajo el mando del Coronel José Francisco Bermúdez, quien desoyó las instrucciones de Bolívar por un celo regional, enfrentó el ataque de 5.000 soldados realistas bajo el mando del oficial ibérico Francisco Tomás Morales. La lucha se llevó a cabo casa por casa, y calculan que hubo 1.700 víctimas entre soldados y pobladores de la ciudad, amén de 2.000 heridos. Los cronistas aseguras que el saldo final fue de 4.711 muertos ya que al finalizar la refriega el asturiano José Tomás Boves, quien era el Comandante General del ejército realista ordenó la ejecución de todos los apresados. Soldados y vecinos fueron pasto de la barbarie.  Para darles idea de la magnitud de ello, les dejo la siguiente cifra: en la batalla de Carabobo, que selló la derrota del reino español en estas tierras, la cifra de caídos rondó los 3.500 
            Hoy Aragua de Barcelona, a la cual decenios atrás bautizaron como La Atenas de Oriente,  es un manto de techados rojos cuyas tejas reverberan bajo el sol inclemente y su iglesia es una mole que se distingue en medio de la sabana. En estas calles nació gente como Francisco Carvajal, guerrero del siglo XIX a quien bautizaron El Tigre Encaramado, quien se lanzaba a las batallas empuñando una lanza en cada mano y conduciendo su caballo con la boca donde aferraba las riendas. Murió en la mencionada batalla de agosto de 1814.  
            Aquí también nació Susana Duijm, primera latinoamericana en ganar el Miss Mundo. Veleidades aparte debe decirse que esta es la cuna de José Gregorio Monagas, quien decretó en 1854 la abolición definitiva de la esclavitud en Venezuela; de los poetas Tomás Alfaro Calatrava, José Tadeo Arreaza Calatrava y Francisco Salazar Martínez. Igualmente son hijos de este pueblo el dramaturgo Néstor Caballero, el novelista Denzil Romero, el cantante Carlos Almenar Otero y la ex primera dama Gladys Castillo de Lusinchi.
            Podría seguir enumerando la deslumbrante descendencia de Aragua de Barcelona y que pocos alcanzan a imaginar al recorrer sus calles. Pueblo de gente afable. Al verme bajar del auto donde había llegado un vecino me recibió con voz firme: ¡Bienvenido a Aragua! En su frase y gestos había una bonhomía de no escasa gallardía en la que se reflejaba un orgullo, no exento de humildad, de saberse parte de este delicado entramado donde se mezcla todo cuanto nos ha ido configurando como país.

© Alfredo Cedeño
 
 

sábado, julio 05, 2014

RAÍZ


                                               A Christian Holdack 

Dices patria y el orgullo es una ventolera
que se hace muescas en la piel,
la sientes en las tripas y gritas en la calle
aunque eso te cueste el derecho a recorrerla,
se abraza la tierra natal o adoptada
con desconsolada sensación de náufrago…  
Tres colores y siete estrellas
para hacerse uno y todo de este paraíso infernal.

© Alfredo Cedeño 

jueves, julio 03, 2014

MANCHA

                                                                             Para Abril Tovar, flor enjaulada

La mácula apareció como golpe de esbirro
asentándose vesánico sobre la carne virgen
puñetazo maldito hasta su vigésima generación
mordaza sin efecto para atajar el verbo
estigma que no puede ocultar su vana canallada
muchachos venezolanos que siempre pueden.

© Alfredo Cedeño 
Follow bandolero69 on Twitter