lunes, junio 26, 2006

CARAMBOLA

En la preñez de los besos tristes precintan colchones
los ángeles custodios del pecado marchito y original,
clausuran los cabaret de los truhanes sin banderas
para que los pianos calaveras deshielen los desafíos.

Entre ganas bucaneras de labios deshilachando acuarios
de tiburones sin agallas, desovan los ombligos breves
al derrumbarse grises en tres cataclismos de hormonas
que nunca pensó saborear en sus tiempos de otoño.

Con la sordidez de la promesa que nunca será verdad
se juegan en las plazas públicas a quererse a destajo
sin esperar amaneceres, ocasos de sueños rosa
ni carreras para apagar deudas de coños canosos.

Desde las barandas de un cántaro sin aproximaciones
de prestamistas pesimistas en un circo de monjas fanáticas
las señoras miran con ojos de animales en delirio de celos
al visitante de los mares a la deriva en sus montañas urbanas.

© Alfredo Cedeño

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuando leo a los autores, trato un poquito de sentir como ellos, también los reinvento algunas veces, pero esta lectura tan llena de metáfora, tan cruda al mismo tiempo, irreverente para una época, se me hace como una vieja pintura de mi padre en su oficina : un marinero anciano anclado en un puerto mirando el mar añorando sus recuerdos y masticando sus pecados -

Gracias, como siempre es un placer pasar por sus letras .

Paz