sábado, diciembre 03, 2011

CEMENTERIO DE ARLINGTON


El cementerio nacional de Arlington en Virginia, Estados Unidos, es un camposanto militar establecido durante la Guerra Civil Americana en los terrenos de la que fuera la vivienda del general confederado Robert E. Lee. Está situado al lado de Washington DC, cerca del Río Potomac, en las proximidades del Pentágono.

Allí están enterrados veteranos de todas las guerras en que han participado las llamadas fuerzas americanas: desde la Revolución Americana hasta las acciones militares en Afganistán e Iraq. Más de 4 millones de personas visitan cada año este recinto, cuya imagen de miles de lápidas sobre un manto verde tanto identificamos como icono norteamericano.

Invariablemente, quienes allí acuden se intrigan por una edificación de aire griego que se ve en lo más alto. Es una mansión del siglo XIX que, de entrada, parece fuera de lugar entre las más de 250.000 tumbas militares que la rodean. Pero debo explicar que cuando se comenzó su construcción, en 1802, esto era una finca, propiedad de George Washington Parke Custis, hijo de John Parke Custis que era hijo de Martha Washington en su primer matrimonio con Daniel Parke Custis.

Fin de fines que el “nietrasto” o nieto adoptivo, como más les provoque llamarlo, concibió esta casa como un monumento viviente a George Washington, y en un comienzo pretendió llamarle Mount Washington; pero terminó imponiéndose el de "Arlington" porque ese era el nombre de una finca propiedad de la familia Custis por varias generaciones en el área costera de Virginia.

Custis aprovechó la visita del arquitecto inglés George Hadfield, quien llegó a Washington en 1785 para ayudar a construir el Capitolio, y lo contrató para que diseñara una estructura y fue como apareció la construcción a la que hice referencia líneas atrás. Se necesitaron dieciséis años para ser completada.

El ala norte fue la primera en ser completada en 1802 y Custis la convirtió en su casa, a la vez que iba guardando allí todos los objetos de George Washington que pudo ir adquiriendo con regularidad; entre ellos estaban retratos, documentos personales y la ropa de Washington, así como la tienda de mando que había utilizado, del 26 de septiembre al 19 de octubre de 1781, en Yorktown para derrotar, junto con su aliados franceses, a las fuerzas inglesas.

Ahora bien, George Washington Parke Custis y su esposa, Mary Lee Fitzhugh, con quien casó en 1804, vivieron en Arlington House toda la vida y fueron enterrados juntos en la propiedad. Pero antes de eso la única hija que tuvieron, Mary Anna Randolph Custis, casó con su amigo de la infancia y primo lejano, Robert E. Lee, quien era un militar egresado de la West Point, y quien, a la muerte de su suegro, llega a Arlington para actuar como albacea de la herencia.

Pero, el viejo Custis había establecido en su testamento que Mary Anna tenía el derecho a habitar y manejar la propiedad por el resto de su vida; pero que a su muerte la propiedad pasaría a su hijo mayor, George Washington Custis Lee. En otras palabras: Robert E. Lee nunca fue propietario de Arlington. Él actuó como custodio de la propiedad, que había decaído y estaba en mal estado cuando él se dedica a ejecutar la voluntad de su suegro y logró devolver a la propiedad la rentabilidad y el buen orden.

Robert E. Lee y su esposa, Mary Anna, vivieron en Arlington House hasta 1861, cuando el estado de Virginia ratificó su alianza con la Confederación y se separó de la Unión para dar inicio a la llamada Guerra de Secesión.

Los especialistas en el mundo castrense afirman que Lee, quien poseía eso que ellos llaman genio militar, fue fundamental para sostener la existencia de la Confederación durante los cuatro años que duró la Guerra Civil estadounidense.

Pero sigamos con los espacios del ahora camposanto. En sus alrededores tuvieron lugar una serie de escaramuzas bélicas; y Lee avizorando lo que venía escribió a su esposa sobre Arlington: “Es mejor que preparemos nuestras mentes para una pérdida general.”


En efecto, la revancha no se hizo esperar y la propiedad fue confiscada por el gobierno federal, cuando los impuestos de propiedad de Arlington no fueron pagados personalmente por la Sra. Lee. El 1 de enero de 1864 fue rematada y comprada por un comisionado de impuestos para “uso por el gobierno, para la guerra, con fines militares, benéficos y educativos”.


El 15 de junio de 1864, el año antes de que finalizara la guerra, el general Montgomery Meigs C., quien comandaba la guarnición en Arlington House, se apropió de todos esos terrenos para usarlos como cementerio militar. Su intención era hacer la casa inhabitable por si la familia Lee intentaba regresar. De hecho en el jardín de rosas, erigió un monumento con los restos de 1.800 víctimas de la batalla de Bull Run, también conocida como batalla de Manassas.


Debe decirse que ni Robert E. Lee, ni su esposa, como titular, intentaron recuperar el control de Arlington House; nunca regresaron a la casa que George Washington Parke Custis había construido y atesorado. Después de la muerte de su padre Lee en 1870, George Washington Custis Lee presentó una demanda de desahucio en el Tribunal de Circuito del Condado de Alejandría, como el hijo mayor del general y la Sra. Lee. En su libelo, él afirmó que la tierra había sido confiscada ilegalmente y que, de acuerdo con la voluntad de su abuelo, él era el propietario legal. En diciembre de 1882, la Corte Suprema le devolvió la propiedad, e indicó que habían sido confiscadas sin el debido proceso. El 3 de marzo de 1883, el Congreso le adquirió la propiedad por US$150.000 y se convirtió en la reserva militar Arlington House.


De ahí en adelante el uso fúnebre se consolidó hasta convertirse en una suerte de panteón en el que, amén de los guerreros, están sepultados los hermanos Keneddy así como El Soldado Desconocido, Lee Marvin, Glenn Miller, Ignacy Jan Paderewski y Joe Louis, entre muchos otros.


Hoy, sus lápidas presencian día a día el desfile en el que admiración y necrofilia se dan la mano llenando sus senderos.
© Alfredo Cedeño

1 comentario:

Gastón Segura dijo...

Y es que no paras de trotar; ¿cuando te darás un respiro y te tumbarás en el coy a ver pasar el mundo?