domingo, diciembre 18, 2011

VARGAS, 12 AÑOS...


Yo nací en Caracas, y a los tres meses de nacido, por una oferta laboral que tuvo papá, me llevaron a vivir en el corazón del casco colonial de La Guaira. Allí viví hasta casi cumplir los nueve años, cuando nuevamente nos mudamos, esa vez a Caraballeda, donde estuve hasta cumplidos los veintiuno.


Es decir que Vargas para mi no era La Guaira, como de forma genérica, y alegre en su ignorar, llamaban los temporadistas capitalinos a toda nuestra franja costera desde Cepe hasta Chuspa. Para mi Vargas es la forja donde me hice lo que soy: con mis escasas virtudes y mis incontables defectos. En estos espacios aprendí que la libertad no es una metáfora sino una forma de vida labrada al compás de las olas que retumban como los cueros el día de San Juan.

Aquí aprendí a querer las palabras al compás de los templones de orejas de las “señoritas” Modesta, en La Pólvora, y Carmen Jiménez, en El Corral de los Bueyes. Supe entender los sueños sentado sobre las ruinas de La Subida del Colorado, mientras veía los barcos mercantes descargando sus bodegas en los patios del puerto. Me hice un cabeza dura, al compás de mi eterno despiste e innumerables chichones en la cabeza, que me hice con los bordes de las ventanas seculares que formaban un encaje de historias entre la esquina El León y la Cruz Verde.



Después, un tanto más al Este, ya en Caraballeda, comencé a tratar de descifrar el contoneo de las aguas cantarinas del río San Julián, al cual anduve, buscando “pozos” donde lanzarme en “clavados”, hasta casi sus cabeceras. Me empringué entero de mango todas las vacaciones recorriendo desde Tarigua y Punto Fijo hasta Los Pinos, donde los árboles eran una mina de dulzores sin fin. En Caribito, Los Ángeles, Naiguatá, Uria, Los Caracas, La Sabana, Caruao, Chuspa y Guayabal adquirí, en medio de las bromas pesadas y sanas de mis compañeritos, los gestos que me hacían avanzar por las aguas con movimientos desmañados.

Entre ambos sitios mi padre me enseñó con paciencia franciscana el valor de cada recoveco: Esta es la Guipuzcoana, que se empezó a fabricar en 1.734, por la bajada de pantalones del rey Felipe V con los vascos entregándole el control de lo que producíamos, y escenario de nuestro gran oprobio cuando Bolívar le entregó Miranda a los españoles; aquí tuvieron esos carajos españoles presa en 1816 a Luisa Cáceres de Arismendi. Aquella fue la casa de José María España, uno de los primeros en plantearse nuestra emancipación, y por allá vivía Manuel Gual, que fue su compinche y compañero de gestas. Ahí nació Pedro Elías Gutiérrez, que compuso Alma Llanera. Allá vivía José María Vargas. Esta iglesia de Caraballeda fue la que pintó Reverón. Papá me llenó de orgullo y profunda querencia por todo este territorio.




Lo que soy, para mal y para bien, es producto de este caleidoscopio geográfico, histórico y humano que me marcó de modo indeleble.

Debido a ello, cuando hace doce años empezaron a llegar las noticias de lo que estaba ocurriendo en este querido territorio, mi primera reacción fue de negación. Y, pese a que mi madre –fallecida la semana pasada en su Caraballeda adoptiva- y hermanas estaban atrapadas allá, no quería bajar. La verdad: no sabía cómo encarar la realidad y ver los escenarios más felices de mi vida convertidos en un delirio de destrucción.




Por todo eso es que hoy, doce años después, publico estas fotos de aquellos días. Con la rabia e impotencia ante la mayor manifestación de incompetencia nunca imaginada, y que allí se ha manifestado con todo vigor…



Los autodenominados “políticos” se apropiaron de tanta desolación para jugar a su favor. Hubo los que hicieron fortunas con los movimientos de tierra, hubo aquellos que beneficiaron a compañías “amigas” en la asignación de contratos de todo orden y concierto para la supuesta reconstrucción de Vargas.




Hoy esto sigue siendo un teatro de equívocos y frustración que su gente no se merece.

© Alfredo Cedeño



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuñao: Excelentes fotos y excelente texto. Muy conmovedor. Quienes amamos Venezuela, también amamos Vargas. Un abrazo: Samuel y Guada

Anónimo dijo...

Muy triste todo aquello q pasaron..y una no pudo hacer nada