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sábado, julio 09, 2016

SU HONOR POCO SE DIVISA

 El Dào Dé Jīng, también llamado Tao Te Ching, o Tao Te King, cuya autoría se atribuye a Lao Tsé,  Laozi o Lao Tzu, es considerado el texto angular para el taoísmo y el budismo. A sus fuentes han acudido infinidad de personas a buscar soporte e inspiración para sus búsquedas y “batallas”. En el capítulo 69 de dicho texto hay una frase que trato de recordar siempre –pese a no tener más adversarios que mi propia e impenitente inocencia, por no decir pendejera, al ver el mundo­– por lo acertada que le considero, y reza así: “No hay peor desgracia que subestimar al enemigo, si lo hago pongo en grave peligro mi tesoro”.
Otro compilador chino, Tzun Tzu, explicó en El arte de la guerra: “Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar”. Hoy hago referencia a estos autores o compiladores, todavía no se ponen de acuerdo los especialistas en cómo calificarles, al observar el despelote que innegablemente reina en la Venezuela de mis tormentos.
No pocas críticas y choques me trajo cuando me opuse a que se tratara de despachar a Chávez con el muy candoroso, rayano en lo naïf, argumento de lo bruto que era. Lo mismo ocurre ahora con su heredero, a quien se ha señalado hasta el hastío de chofer de metrobús y de un tiempo para acá de ser colombiano, y mientras tanto el bigotudo empoderado nos sodomiza sin contemplaciones de tipo alguno. El difunto ahora galáctico, y espero que no sea cierto aquello de que habremos de regresar del reino de los muertos, así como el marido de la primera combatienta han hecho durante más de 17 –die ci sie te– años exactamente lo que les ha dado la gana, y pese a proyecciones  económicas, políticas, sociales y hasta astrológicas pretenden seguirlo haciendo hasta que se les antoje.  Es lo menos que uno piensa al ver las jugadas hechas en el tablero militar el pasado jueves 7 de julio.
Hasta ese día no pocas quinielas daban por ganador de la cartera del ministerio de la defensa al general Néstor Luis Reverol Torres, quien se oía decir contaba con el apoyo de Tareck el Aissami y que pese al soporte que daba el inefable Diosdado Cabello al almirante Franklin Montplaisier, sería él quien iría a comandar los destinos castrenses nacionales. Naranja china, limón francés. La cara de estupor mostrada por el marabino cuando anunciaron la ratificación de Padrino y su salida de juego fue de antología. Sin embargo, he de confesar, la estupefacción fue mayor para quienes conocen las interioridades de la llamada cuarta pata de las Fuerzas Armadas Nacionales, la pregunta reiterada que se oyó por todas partes, al oírse el nombre del sucesor, fue: “¿Benavides Torres?”
A todas estas, ¿quién es este individuo y de dónde salió? Debo escribir que este ser siempre ha descollado por su incompetencia. Recuerden lo que he dicho en otras oportunidades: en el escenario rojito no hay mejor manera para ascender que hacer gala de inepto. El ahora flamante comandante general de la fuerza fundada por el general Eleazar López Conteras en 1937, originalmente debía formar parte de la cohorte de la promoción Batalla de Araure 1984; pero por inteligente perdió una materia en el último año por lo que fue echado, para luego reingresar al año siguiente y es por lo que aparece en el puesto 28 de 113 egresados en la promoción Batalla de San Félix II de 1985.  Eran tiempos cuando desempeñaba la presidencia de la república Jaime Lusinchi, el director de la EFOFAC era el general de brigada Florentino Galaviz Jara y el comandante del cuerpo de cadetes el coronel Valmore Rodríguez Lares, por cierto primo de la periodista Idania Chirinos.   
Los compañeros de aquel “teniente de una estrella” no lo reconocían como muy inteligente que se dijera, pero era un hombre tenaz y que destacaba por sus dotes físicas. Su apego a la democracia cuartorepublicana fue a carta cabal y ello lo llevó a ocupar diversos cargos a lo largo de su carrera “demostrando idoneidad y apego a la constitución, leyes, ética y deber militar”.  Así las cosas este ahora “mayor general”, recién salido del rango de capitán fue trasladado al regional 9 en la región de Guayana, y allá destruyó a tiros una embarcación con tripulantes y pasajeros a bordo. El escándalo fue antológico y el general a cargo del CORE 9, junto al general del Ejército en el área decidió interponer sus buenos oficios para lavarle la cara al oficial de nuestro cuento.
Al poco tiempo, creo que ya en pleno delirio rojo, fue enviado al curso de comando y estado mayor en la, ¡Oh sorpresa!, Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, por supuesto la del malvado imperio. Allá, para los malvados evaluadores americanos, el coeficiente intelectual del cursante no calzaba las botas necesarias para aprobar el curso, y lo coletearon en el examen más importante de todos, el de operaciones. En esa oportunidad de nuevo fue salvado por la negra mano de la suerte, ya que en esa institución es norma observada que ante materia aplazada el estudiante queda expulsado; pero… por ser un oficial extranjero no podían botarlo, así que le entregaron el examen para que lo respondiera en casa y allí los entonces tenientecoroneles Rojas Sarurbi y Sanfiel le ayudaron a responder y aprobar la prueba. Fin del cuento que nuestro nuevo comandante general egresó entre los últimos de 64 alumnos que formaban dicha cohorte.
Mención obligatoria es que el ahora denostador por excelencia de Estados Unidos, al terminar ese curso allí pretendió, con su cara muy lavada y sin empacho alguno, ingresar a esa institución como instructor. Las aspiraciones del rodilla en tierra se desvanecieron ante la dureza de los evaluadores quienes resaltaron su bajo coeficiente intelectual y lamentable desempeño académico.  Tuvo que regresar e incorporarse a su fuerza y así llegó al frente del grupo de guardias encargados de la custodia de esa pústula roja por excelencia que es nuestro máximo organismo electoral, entiéndase el CNE. Allí hizo todos los méritos del caso y siguió su ascenso en las huestes rojas.
Necesito en este punto realizar un alto para hacer honor a la cónyuge de tan honorable oficial, la abogada Lucina de Benavides. Ella ocupó en los altos mirandinos dos cargos en la burocracia oficial. Allí, la distinguida dama se dedicó a apertrechar sus alforjas de la mejor manera posible, al punto que, y es comentario todavía oído en las interioridades de la Guardia Nacional, el propio Chávez ordenó su destitución.
Sigamos con nuestro digno comandante general. Su afán por demostrar ser el más chavista de la manigua lo llevó a ser  jefe de Estado Mayor y segundo comandante del CORE 5. Fue así como llegó el  sábado 22 de agosto de 2009 cuando un grupo de ciudadanos convocaron a protestar contra la nueva Ley de Educación, y marchar hasta la sede de la Asamblea Nacional. La manifestación fue detenida en la avenida Libertador. Allí, el para ese momento ya coronel, y comandante de la operación de seguridad, luego de disolver de manera desproporcionada, con uso de “gas del bueno”, al grupo de ciudadanos tomó un micrófono conectado a cornetas y lo entregó a su compañero de fuerzas y por aquellos días viceministro de Seguridad Ciudadana, Juan Francisco Romero, quien justificó la represión con estas palabras: “Una vez que hubieron rompido (no es joda de mi parte, tal cual lo dijo) la barrera, tratamos de volver a colocarla…”. Luego de su rebuzno regresó el aparato al esbirro ya mencionado y este se dirigió a la tropa de la siguiente manera: “Aquí venían a protestar por la Ley de Educación, pero la consigna era que Chávez se va y que el gobierno va a caer. Los manifestantes rompieron el cerco eléctrico. ¿Quién los entiende? La única forma de que el comandante salga es a través del voto. Hay que estar preparados porque estas protestas van a ser toda la semana”. Luego de su arenga, en las cornetas empezó a sonar a todo volumen, la canción Tin-marín, de Alí Primera.
                ¡Por supuesto que lo premiaron! Tres días más tarde el difunto lo condecoró con la Orden del Libertador por su actuación durante esa marcha.  ¿Cómo no iba a llegar a general? Claro que sabiéndose guapo y apoyado continuó con sus desmanes a plena máquina. Fue cabeza visible de los atropellos indiscriminados contra los ciudadanos durante las jornadas de protestas del año 2014, lo cual condujo a que se ganara ser uno de los funcionarios sancionados por el Gobierno de Estados Unidos por incurrir en la violación de los derechos humanos de los ciudadanos durante esas manifestaciones. En aquella oportunidad la Casa Blanca lo señaló como responsable de acciones mientras ejercía funciones en la Guardia Nacional. Es menester resaltar que dichas sanciones fueron ratificadas y extendidas hasta el año 2019 por Estados Unidos, justo el día antes de ser elevado por don Nicolás al rango de comandante de fuerza.   
Sé muy bien que las cosas son como son, no como uno quisiera que lo fueran. Por eso ante nombramientos como este, que me luce como una jugada de Maduro para terminar de minar la moral del mundo militar y acabar con ella, donde por lo visto pendejo no es, y más bien lo son aquellos que de tal siguen tildándolo, y ante la aporía opositora condensada en ese alambique desportillado en que ha devenido la MUDa, sólo me queda confiar en las hondas raíces morales que alguna vez tuvo la Guardia Nacional.
Necesito confiar en mi propia e impenitente pendejera de que las bases que sembraron gente como el, nunca valorado adecuadamente, oficial Edito Ramírez, al momento de crearse las Fuerzas Armadas de Cooperación, en algún momento retoñarán y serán ellas mismas las que se ocupen de limpiar con dignidad todo el oprobio que sobre ellas han lanzado estos hijos de su bendita madre.

© Alfredo Cedeño

jueves, mayo 24, 2012

PARALELOGRAMOS


Cada rectángulo es un paso al borde del arcoiris
se solapan bajo los mantos que les impusieron
mientras quiebran cristales en finas rendijas del cielo…

© Alfredo Cedeño

domingo, febrero 12, 2012

WASHINGTON DC


La capital estadounidense, Washington D.C., fue fundada el viernes 16 de julio de 1790. Las letras DC significan District of Columbia que, como bien suponen, se traduce como Distrito de Columbia. Digamos que es un distrito federal, tal y como lo especifica la Constitución de los Estados Unidos.



La idea de su creación tiene casi infinitas versiones, algunos dicen que fue en una cena, otros que fue una suerte de conjura malévola del grupo de próceres masones quienes llenaron de signos y símbolos a la nueva ciudad. Dan Brown en su última novela El símbolo perdido se hace eco de esa teoría para armar su obra. Sobre lo que no hay discusión es que fue el propio George Washington quien eligió la ubicación de la nueva urbe. Él seleccionó alrededor del río Potomac un área cuadrada de 10 millas (16 kms.) por lado, pero trazado de forma tal que su figura semejara la de un diamante. El área escogida abarcaba territorios del estado de Maryland, y la Mancomunidad de Virginia; incluyendo en su perímetro los pueblos de Georgetown, Alexandria y Hamburgh en la zona de Foggy Bottom.



La planificación y diseño de la ciudad naciente estuvo bajo la tutela del arquitecto francés Pierre Charles L'Enfant, quien había llegado al territorio estadounidense como ingeniero militar del Marqués de La Fayette. El urbanista galo formuló una propuesta inicial en 1791 con un estilo fundamentalmente Barroco, incorporando avenidas vastas y haciendo que sus calles principales confluyeran en enormes redomas o rotondas. Su diseño contemplaba tres avenidas principales que irían en sentido Este-Oeste, las cuales recibieron los nombres de los estados más importantes de ese momento. La más al norte de ellas sería la Massachusetts, Virginia la más al sur, y la Pensilvania sería la que uniría la Casa Blanca y el futuro Capitolio, que también estaba contemplado construir.




Debo explicar que en la actualidad el diamante concebido por Washington perdió la esquina ubicada al sur del Potomac, correspondiente a Virginia, y ese espacio, alrededor de unos 100 km², fue devuelto a dicho estado en 1847, y ahora conforma parte del Condado de Arlington y la ciudad de Alexandria.



Ahora bien, el corazón del Imperio, como gustan de imprecar muchos, es no sólo la sede del gobierno federal estadounidense sino que también se ha convertido en la sede de los llamados entes multilaterales. Me ocurrió más de un vez escuchar, en alguno de la infinidad de locales de todo tipo que hay en esta ciudad, conversaciones que por momentos me hacían dudar de mi ubicación espacio-temporal.



Puedo jurar que la virulencia y enjundia de “izquierda” me hacía pensar, invariablemente que estaba en un centro de estudios revolucionarios bolcheviques. Mi desubicación se tranquilizó siempre al ver los ID colgados de sus cuellos con cintas que anunciaban que eran funcionarios de la denostada Organización de Estados Americanos –OEA-, o del monstruoso Fondo Monetario Internacional –FMI-, tal vez del no menos infame Banco Mundial-, cuando no de la Organización Panamericana de la Salud -OPS o PAHO-, o cualquier otro de los tantos organismos multinacionales que aquí tienen su sede principal.


Confieso que siempre me sorprendía la queja unánime de estos personajes sobre la mala cara de los funcionarios de Inmigración, y su incapacidad de entender por qué a ellos no les otorgaban pasaportes especiales, para no tener que estar soportando las colas infames de ingreso… Cuando no de lo cara que está la gasolina, o de los buenos precios que se consiguen en el Potomac Mills o en las rebajas fabulosas de Tysons Corner…

Quejas revolucionarias apartes, quiero dejar testimonio de mi subyugamiento por esta ciudad, y el que me quiera mentar la madre o acudir ante las oficinas de la venerable revolución a acusarme de contrarrevolucionario, reaccionario, o alguna otra de esas lindezas propias que acostumbra usar la izquierda exquisita, cabrona, incongruente y caviar: la asumo con la escasa dignidad de la que siempre he hecho gala.


Son infinitos los lugares y rincones por recorrer en esta ciudad. Prometo que en algún momento haré otra selección de las más de cinco mil imágenes que he ido realizando en ella. Y volveré a escribirles de cómo ese tigre feroz que aparenta ser, también es un mendigo rendido a los pies del bronce que -¡como en todos lados!- sirve de bacinilla a las aves, es un hombre que parece asombrarse ante las nalgas desnudas de un querubín.



Washington DC puede ser un adolescente que acude a un muro contemporáneo de los lamentos para llorar por sus muertos caídos en guerras absurdas. Es una urbe donde el sincretismo de chinos, negros, latinos y sajones se encuentra en cualquier esquina; pero que en realidad es una abuela que reposa en cualquier banco capaz de volarle la cabeza a cualquier viandante que crea poder arrastrarla sin misericordia.

© Alfredo Cedeño

jueves, enero 12, 2012

PURGATORIO


Desde los escombros de mi fe
crucifico a beatas y sayones
santifico a putas y bandoleros
y me largo abierto a la vida
para abrazar las cruces humeantes
donde la feligresía resucita feliz.

© Alfredo Cedeño

sábado, diciembre 03, 2011

CEMENTERIO DE ARLINGTON


El cementerio nacional de Arlington en Virginia, Estados Unidos, es un camposanto militar establecido durante la Guerra Civil Americana en los terrenos de la que fuera la vivienda del general confederado Robert E. Lee. Está situado al lado de Washington DC, cerca del Río Potomac, en las proximidades del Pentágono.

Allí están enterrados veteranos de todas las guerras en que han participado las llamadas fuerzas americanas: desde la Revolución Americana hasta las acciones militares en Afganistán e Iraq. Más de 4 millones de personas visitan cada año este recinto, cuya imagen de miles de lápidas sobre un manto verde tanto identificamos como icono norteamericano.

Invariablemente, quienes allí acuden se intrigan por una edificación de aire griego que se ve en lo más alto. Es una mansión del siglo XIX que, de entrada, parece fuera de lugar entre las más de 250.000 tumbas militares que la rodean. Pero debo explicar que cuando se comenzó su construcción, en 1802, esto era una finca, propiedad de George Washington Parke Custis, hijo de John Parke Custis que era hijo de Martha Washington en su primer matrimonio con Daniel Parke Custis.

Fin de fines que el “nietrasto” o nieto adoptivo, como más les provoque llamarlo, concibió esta casa como un monumento viviente a George Washington, y en un comienzo pretendió llamarle Mount Washington; pero terminó imponiéndose el de "Arlington" porque ese era el nombre de una finca propiedad de la familia Custis por varias generaciones en el área costera de Virginia.

Custis aprovechó la visita del arquitecto inglés George Hadfield, quien llegó a Washington en 1785 para ayudar a construir el Capitolio, y lo contrató para que diseñara una estructura y fue como apareció la construcción a la que hice referencia líneas atrás. Se necesitaron dieciséis años para ser completada.

El ala norte fue la primera en ser completada en 1802 y Custis la convirtió en su casa, a la vez que iba guardando allí todos los objetos de George Washington que pudo ir adquiriendo con regularidad; entre ellos estaban retratos, documentos personales y la ropa de Washington, así como la tienda de mando que había utilizado, del 26 de septiembre al 19 de octubre de 1781, en Yorktown para derrotar, junto con su aliados franceses, a las fuerzas inglesas.

Ahora bien, George Washington Parke Custis y su esposa, Mary Lee Fitzhugh, con quien casó en 1804, vivieron en Arlington House toda la vida y fueron enterrados juntos en la propiedad. Pero antes de eso la única hija que tuvieron, Mary Anna Randolph Custis, casó con su amigo de la infancia y primo lejano, Robert E. Lee, quien era un militar egresado de la West Point, y quien, a la muerte de su suegro, llega a Arlington para actuar como albacea de la herencia.

Pero, el viejo Custis había establecido en su testamento que Mary Anna tenía el derecho a habitar y manejar la propiedad por el resto de su vida; pero que a su muerte la propiedad pasaría a su hijo mayor, George Washington Custis Lee. En otras palabras: Robert E. Lee nunca fue propietario de Arlington. Él actuó como custodio de la propiedad, que había decaído y estaba en mal estado cuando él se dedica a ejecutar la voluntad de su suegro y logró devolver a la propiedad la rentabilidad y el buen orden.

Robert E. Lee y su esposa, Mary Anna, vivieron en Arlington House hasta 1861, cuando el estado de Virginia ratificó su alianza con la Confederación y se separó de la Unión para dar inicio a la llamada Guerra de Secesión.

Los especialistas en el mundo castrense afirman que Lee, quien poseía eso que ellos llaman genio militar, fue fundamental para sostener la existencia de la Confederación durante los cuatro años que duró la Guerra Civil estadounidense.

Pero sigamos con los espacios del ahora camposanto. En sus alrededores tuvieron lugar una serie de escaramuzas bélicas; y Lee avizorando lo que venía escribió a su esposa sobre Arlington: “Es mejor que preparemos nuestras mentes para una pérdida general.”


En efecto, la revancha no se hizo esperar y la propiedad fue confiscada por el gobierno federal, cuando los impuestos de propiedad de Arlington no fueron pagados personalmente por la Sra. Lee. El 1 de enero de 1864 fue rematada y comprada por un comisionado de impuestos para “uso por el gobierno, para la guerra, con fines militares, benéficos y educativos”.


El 15 de junio de 1864, el año antes de que finalizara la guerra, el general Montgomery Meigs C., quien comandaba la guarnición en Arlington House, se apropió de todos esos terrenos para usarlos como cementerio militar. Su intención era hacer la casa inhabitable por si la familia Lee intentaba regresar. De hecho en el jardín de rosas, erigió un monumento con los restos de 1.800 víctimas de la batalla de Bull Run, también conocida como batalla de Manassas.


Debe decirse que ni Robert E. Lee, ni su esposa, como titular, intentaron recuperar el control de Arlington House; nunca regresaron a la casa que George Washington Parke Custis había construido y atesorado. Después de la muerte de su padre Lee en 1870, George Washington Custis Lee presentó una demanda de desahucio en el Tribunal de Circuito del Condado de Alejandría, como el hijo mayor del general y la Sra. Lee. En su libelo, él afirmó que la tierra había sido confiscada ilegalmente y que, de acuerdo con la voluntad de su abuelo, él era el propietario legal. En diciembre de 1882, la Corte Suprema le devolvió la propiedad, e indicó que habían sido confiscadas sin el debido proceso. El 3 de marzo de 1883, el Congreso le adquirió la propiedad por US$150.000 y se convirtió en la reserva militar Arlington House.


De ahí en adelante el uso fúnebre se consolidó hasta convertirse en una suerte de panteón en el que, amén de los guerreros, están sepultados los hermanos Keneddy así como El Soldado Desconocido, Lee Marvin, Glenn Miller, Ignacy Jan Paderewski y Joe Louis, entre muchos otros.


Hoy, sus lápidas presencian día a día el desfile en el que admiración y necrofilia se dan la mano llenando sus senderos.
© Alfredo Cedeño

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