domingo, mayo 13, 2012

SANTA LUCÍA DE LOS TIMOTES



Mucurujún fue el nombre que dieron sus primigenios habitantes a este lugar. En sus alrededores vivían los grupos indígenas Mucuguá, Quindorá, Tafayés, Chijós, Muarcé, Mucumbás, Mucuyupú y Timotes, entre muchos otros. Ellos vivían en bohíos de piedra y techos de paja silvestre, su alimentación y economía giraban en torno al cultivo de la papa y el maíz.


Ellos tenían sus propias deidades, las cuales representaban en figurillas de piedra que aún es común encontrar en algunos parajes cercanos.  Aquellos grupos desarrollaron una cultura en cerámica que, también, es posible ver en las casas de algunos vecinos que las conservan con justificado celo.  



Corría el año 1600 cuando estos parajes fueron descubiertos por los exploradores españoles y, casi de inmediato, comenzaron los misioneros a incursionar. Fabián García de la Parra, cura de la orden de los Agustinos, fue el primero en arribar.

Al poco tiempo, Carlos I, mediante Real Cédula, ordena al visitador Real Alonso Vázquez de Cisneros que visite los dominios de los Timotes.  La tarea encomendada  se llevó a cabo en septiembre de 1619.

Él revisó los primeros libros de bautismo –que ya se llevaban- y ordenó el 23 de septiembre de 1619, reunir a todas las parcialidades indígenas en el sitio de Mucurujún para formar un pueblo que se habría de llamar Santa Lucía de los Timotes. Para ello dio un plazo de 90 días, orden que fue llevada a cabo por el capitán Francisco Camelo, tal y como lo asienta el Archivo General de Indias. 

Desde allí empieza la historia a ser narrada a la manera de los vencedores. En diciembre de 1619 el pueblo estaba constituido y los indios de los alrededores obligados a vivir en la decretada localidad. Sus tierras pasan a manos de los encomenderos Hernando y Lorenzo Cerrada, Pedro de Rivas, Martín de Surbarán y Martín Buenavides. Comenzaron a llegar familias españolas quienes, entre otras cosas, introdujeron el cultivo del trigo y la metamorfosis cultural siguió su paso.  Un proceso civilizatorio muchas veces cuestionado, por lo sangriento que llegó a ser, que hoy encontramos consumado en la merideña población de Timotes.

La otrora Mucurujún todavía se asoma en la población contemporánea. La podemos encontrar en los tejidos de algodón que, siguiendo técnicas milenarias, se hacen en Piñango y Tafayez. La vemos en las casas de piedra y techo de paja que hacen en Gavidia y Mucumbás, en su cultivo en terraza, en la gentileza y cordialidad con que el natural de Timotes sigue recibiendo al forastero. 

Timotes, después de cuatro siglos, sigue teniendo por hijo al hombre de la montaña que no ha variado su actitud, a pesar de que de fuera sólo le llegó la destrucción y alteración de un modelo social y cultural que ahora conocemos parcialmente gracias al trabajo de los científicos sociales.





Timotes continua siendo cuna de mujeres empeñosas que haciendo melcochas, o el pan de cada día, llenan de aromas sus calles con la suave sonrisa que marca en los rostros pequeñas huellas donde se pueden ver germinar  gentileza, firmeza y gallardía…

© Alfredo Cedeño


4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues es terrible, aún hoy en día, que no se deje vivir a cada pueblo su propia vida.

un abrazo
Amaia

zulma dijo...

pueblo que al pasar por la carretera del Páramo parece triston, gente con la piel curtida de sol y frío, pero con calor humano y afabilidad . La conquista española trajo paradojicamente desarrollo y destrucción a un pueblo totalmente autóctono .Saludos

MOMO dijo...

Gracias por recordarnos siempre quien es Venezuela!

Joaquin dijo...

Timotes pueblo símbolo de desarrollo en Venezuela, gente laboriosa que con sus manos saca el fruto de la tierra... valle de los timoties indigenas que han dejado sus marcas en nuestra población, mi muy amado pueblo.