sábado, febrero 22, 2014

CARROÑERO

 
Sus garras y pico acostumbradas a la peste
se hacen sombras de amplio y oscuro volar,
su vuelo arrogante le impide ver la mueca
que lo reviste y nos aparta con repugnancia,
cual alacrán de los aires en busca de presa
aletea con torpeza sobre la azul serranía.

© Alfredo Cedeño

1 comentario:

Olga Baudilia Peralta dijo...

pobre ser que no puede amar.