domingo, febrero 16, 2014

VIOLENCIA

La ciudad era un racimo de plomo derretido
y la muerte le salía a bocanadas
Estos versos terribles los escribió la poetisa bogotana Emilia Ayarza en su poema A Cali ha llegado la muerte escrito a raíz de la explosión de varios camiones cargados de dinamita que el 7 de agosto de 1956 acabó con la mitad de esa ciudad colombiana, destruyendo 40 barrios y matando a miles de personas. Así como ese estallido, la violencia es una onda que nunca sabemos cómo se generará, ni donde terminará. Se me ocurre pensar en este momento en la propia Colombia y la deflagración que vivió a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948.
 
            El término violencia en español es lo que los filólogos denominan cultismo; ya que se originó en el sustantivo latino violencia, que se deriva del adjetivo violens, -entis, con significado de impetuoso, furioso; a su vez este provino del sustantivo vis: potencia, fuerza, poder.  En cuanto a sus aplicaciones como herramienta para definirla podría llenar decenas de líneas con sus variantes. Pero hoy me interesa abordar la violencia que hemos vivido de manera patente durante días recientes en distintos rincones de Venezuela, violencia que se ha venido entrelazando al tejido societario venezolano en los últimos quince años y que ahora se manifiesta con pleno vigor y, pareciera que, con poca capacidad de mengua en tiempos próximos.
 
            No puedo dejar de extrapolar lo que ahora vivimos y evocar al poeta salvadoreño Roque Dalton y sus versos:
En El Salvador la violencia no será tan sólo
la partera de la Historia.
Sin lugar a dudas que Dalton hizo un guiño en su poema a la frase acuñada por el pensador prusiano Carlos Marx, quien en el capítulo XXIV de El Capital asentó aquello de: La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva. Y que desde su publicación en 1867 ha servido como acicate y justificación para expresiones irracionales de todo orden.
 
            No sólo Marx veía con buenos ojos la violencia, su compinche y socio Engels en un artículo publicado en 1895 en la revista Die Neue Zeit escribió: “durante el golpe de Estado de 1851, cuando Morny hubo de recurrir positivamente a la violencia para que continuase lo que había comenzado…”. Estas dos citas pueden dar pie para entender al investigador colombiano Alvaro Guzmán que en Sociología y Violencia asienta: “La violencia política aparece entonces como un recurso extremo por el cual optan las clases en la salvaguardia de sus intereses, particularmente los de dominación.”
 
Por su parte el boliviano Víctor Montoya en Teorías de la violencia humana asegura: “La violencia existe desde siempre; violencia para sobrevivir, violencia para controlar el poder, violencia para sublevarse contra la dominación, violencia física y psíquica.”  El sociólogo germano-estadounidense Lewis Alfred Coser plantea que la violencia juega un papel funcional en la sociedad y enumera que la puede haber: como Realización, como Señal de Peligro y como Catalizador. Todos estos enunciados son una mínima muestra de las variaciones que ha habido, hay y habrá en torno a esta realidad que ahora vivimos aquí al norte de Suramérica.
 
Creo que los venezolanos hemos jugado con fuego y pido a quien corresponda que nos proteja de nuestra irresponsabilidad. Hemos sido nosotros mismos quienes nos hemos hundido en un tremedal del que no veo fácil salir. Por largos años la dirigencia política tradicional, de manera alegre y venal se dedicó a sembrar las bases de su propia descalificación y a ganarse un profundo sentimiento de repulsa y desconfianza de la ciudadanía, mientras que una élite económica jugo a ser una versión tropical, bananera y subdesarrollada del Ciudadano Kane, destapando una Caja de Pandora a la que ahora, cuando ven sus propiedades e intereses en juego, nadie encuentra como cerrar.
 
Todo ese remolino de cosas abrió las puertas para que en medio de una ola delirante de popularidad llegará por vía electoral a la presidencia de Venezuela un ex militar que, por vía de un golpe de estado fallido, había intentado llegar al máximo poder en el país.  Son ya 15 años en los cuales se ha ido eslabonando un culto a la violencia que ha permeado todos los sectores venezolanos.  Violencia que se manifiesta en una inseguridad desbocada que nos hace a todos víctimas directas o indirectas de ella; violencia que se ha expresado de manera reiterada a través de distintos mecanismos y medios.
 
Hace apenas horas el actual presidente Maduro declaró: “En nosotros no van a tener debilidad. Vamos a acabar con los componentes fascistas que hoy tenemos.” No se olvide que el actual primer mandatario siendo legislador fue capaz durante una sesión de la Asamblea Nacional de golpear a uno de sus colegas en el rostro.
 
En este marco de violencia institucional y generalizada vemos declaraciones como las de Diosdado Cabello, presidente del Poder Legislativo venezolano, advertir desde la ciudad de Cumaná a los “señores fascistas de la oposición” a que vayan en “santa paz porque la revolución socialista será implacable”. Vemos en ambas declaraciones de los máximos representantes de la organización política en el poder manifestaciones de intolerancia e intransigencia que, por otro lado, obtienen una réplica de algunos voceros opositores del mismo tenor. Todo ello para conformar un circulo vicioso en el que la serpiente del conflicto se muerde la cola, y sigue un giro que por momentos se hace insoportable.   
 
Son ahora los estudiantes acompañados por vastos sectores de la colectividad (que no la gran mayoría puesto que la apatía es evidente en muchos otros, sobre todo en los estratos más humildes donde no se ven acciones de calle contrarias a la vocería de los llamados socialistas del siglo XXI), quienes han dado una dura lección de civismo exigiendo libertades coartadas;  y cuyas manifestaciones han sido atacadas de manera brutal por los cuerpos de seguridad y bandas armadas afectas al gobierno. 
 
Este accionar contra las protestas no es nuevo, en los últimos doce años ello ha sido ejecutado de manera sistemática, acompañado de una implacable labor de propaganda y difusión que ha tenido repercusiones domésticas e internacionales. Ya perdí la cuenta de cuantas protestas documenté en todo este tiempo, y hoy ellas resurgen con bríos que, confieso, me sorprenden. Ello me hace recordar en un pasaje de una novela mía aún inédita en la que un personaje dice: “Todo lo que tiene que ver con el hombre es así de imprevisible, porque a fin de cuentas somos la naturaleza. Tú ves que está lloviendo y el río empieza a echar agua y sabes que si sigue creciendo se va a desbordar, que si sigue así por varios días se va a inundar una orilla.  Lo mismo pasa con la gente, tú la ves que está a punto de cansarse de que la jodan, de que la carguen acorralada, hasta que llega un día que estallan y se llevan por delante lo que sea.  Igualitos al río, que por más sacos de arena que le pongas, cuando se desborda lo que queda es correr.” 
 
Les escribo, con el corazón en la mano, no quiero que Venezuela haga suyas aquellas palabras de Shakespeare en Tito Andrónico: “Te ruego que les hagas sufrir una muerte violenta, que violentos han sido contra mí y los míos.”  Hemos sido un pueblo alegre, vivaz y hermoso que no se merece este Purgatorio que ahora vivimos.  Por todo ello hago mías las palabras escritas por Freud en carta que le dirige a Einstein en 1933:
Hoy la violencia está en la más absoluta oposición a la actitud psíquica que nos impone —que nos ha impuesto ya— el proceso de civilización. No podemos echar marcha atrás. Tenemos que sublevarnos contra esa violencia porque, simple y sencillamente, ya no nos es posible sufrirla, asimilarla. Le aclaro: esto no es un repudio meramente intelectual y emocional. Al contrario. Nosotros, los pacifistas, tenemos ya por naturaleza, esto es, instintivamente, una intolerancia ante la guerra.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alfredo como siempre la belleza de tus fotos la nitidez de ellas, captas el aroma a violencia que vivimos. Doloroso si
Me enorgullece que tengas la valentía de mostrarlas y escribir como sabes hacerlo

Leida

zulma dijo...

Hola Alfredo muy buenas las imágenes,los comentarios muy bien escogidos .Duele ver a Venezuela en LLamas y con esta violencia desatada ,nunca habia visto algo asi, solo cuando el caracazo vi algo parecido ,donde nos sale lo mas obscuro que llevamos dentro,porque todos tenemos luces y sombras, unos mas que otro,Es duro ver a mi hermano en esta posición ,los políticos han hecho los que les ha dado la gana con esto y se han enconchado y solo los estudiantes sin una dirección son los que están expuestos .Cuidate y gracias por tus comentarios

Anónimo dijo...

Mary Santa Teijeiro
En estas horas que vivivmos, deseo expresar mi punto de vista sobre las manifestaciones y protestas que se dieron en estos días.
Comienzo por la declaración de los estudiantes afectos al PSUV, donde indican que la Oposición tiene orquestado un golpe desde Mexico donde se incluía el asesinato de Mónica Spear y de allí en adelante encender la llama de la protesta. Conozco bastante bien a la gente de la oposición y esa opción es de todo punto irreal, máximo que se ha demostrado que fueron delincuentes comunes plenamente identificados, uno de ellos soltado en los operaticos de "justicia" implementados por Iris Varela.La declaración de este chico es irreal, pero....
Si alguien es capaz de pensar así de otro, es porque él hubiese pensado algo similar.
Me refiero a esto porque muchos de ustedes saben que vivo a una cuadra de la Calle Elice, donde se escenifican los, para mi extraños, enfrentamientos entre manifestantes y Guardia Nacional. Digo extraños porque comienzan no antes de las ocho de la noche, cuando la mayoría, por no decir todos los auténticos manifestantes deben de haberse ido. Segundo, los destrozos en su mayoría son originados por armas de fuego de alto calibre. Los estudiantes no disponen de ese tipo de armas. Llamo a la reflexión de estos eventos, para que estas protestas lleguen a su objetivo y la oposición no vuelva a pisar "peines". No sea que suceda lo mismo que en 2002 y haya un montón de inocentes encarcelados.