domingo, febrero 02, 2014

ESTADO TÁCHIRA

            En ocasiones anteriores al escribir sobre la división territorial de Venezuela he explicado que este país de mis tormentos está dividido en 24 Entidades Federales, 23 de las cuales se denominan estados, uno de ellos es el tema de esta nota de hoy: el estado Táchira, ubicado en el extremo occidental del país, a unas seis centenas de kilómetros en línea recta al suroeste de Caracas.
 
            Apenas dos semanas atrás escribí sobre los alfareros de una localidad de esta región (http://textosyfotos.blogspot.com/2014/01/alfareros-de-lomas-bajas.html), y pese al riesgo de parecer recurrente, como les iré mostrando con breves pinceladas estos territorios han dado tanto de qué hablar, y han hecho tanto que bien podría estar semanas enteras escribiendo de esta tierra y su gente, de la cual se suele decir que tiene una acendrada vocación de poder; y si a la historia nos remitimos encontraremos que sólo es superada por Caracas en cuanto a la cantidad de presidentes venezolanos que han nacido acá: Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez (por 27 largos y oscuros años), Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita, Marcos Evangelista Pérez Jiménez, Carlos Andrés Pérez (en dos oportunidades y de quien se aseguraba sotto voce que al igual que el actual en realidad era oriundo de Colombia) y Ramón J(osé) Velásquez.
 
            Sería injusto y casi blasfemo, digo yo, pretender que Táchira es sólo cuna de matachines y jerifaltes ansiosos de poder y dejar de mencionar que también ha parido hombres como Pedro María Morantes, a quien se ha conocido mejor como Pío Gil, cuya pluma poco temerosa de comienzos del siglo XX nos dejó su novela El Cabito en la cual desnudó la satrapía de su paisano Cipriano Castro.
 
Gil, o Morantes, escoja usted lo que más le guste, fue autor de frases memorables como esta: “Nuestros imbéciles magistrados han establecido que únicamente son amigos de ellos los que los adulan, también han establecido que sólo los que los adulan tienen talento. El mérito no vale nada.” O aquella otra: “Los venezolanos tenemos el culto de la servilitud y somos felicitadores. El servilismo y el despotismo se han colocado frente a frente influenciándose recíprocamente. El servilismo produce el despotismo, y éste, a su vez, genera aquél.” No puedo dejar de cerrar este párrafo con aquello de: “Existen los aduladores de profesión, anatómicamente organizados para el oficio, con glúteos anestesiados al puntapié, insensibles al bofetón, con rostros ignorantes del pudor, con conciencias refractarias al remordimiento.”
 
            Además de este escritor y abogado, Táchira ha sido la cuna del arquitecto Fruto Vivas –a quien algunos reprochan sus recientes rojos coqueteos–, el poeta Manuel Felipe Rugeles, Leonardo Ruiz Pineda, el maestro Pedro Antonio Ríos Reyna y de nuestro querido Pedro León Zapata, cuyas caricaturas llevan medio siglo desnudando los vericuetos del poder en nuestro país. Otro hijo del Táchira es un personaje que parece salido de las más enfebrecidas plumas del siglo XIX, me refiero a Rafael Inchauspe Méndez, más conocido como Rafael de Nogales Méndez quien fuera un hombre de vida fantástica.  Basta leer su obra Cuatro años bajo la media luna, uno de los más crudos testimonios occidentales acerca del genocidio armenio, para delirar de asombro. 
 
Nogales Méndez, nacido en San Cristóbal y con raíces en Seboruco, se educó en Alemania, Bélgica y España, por lo que, amén de español, hablaba fluidamente alemán, francés e italiano, participó a fines del siglo XIX en la guerra entre España y Estados Unidos; luego en 1902 en la Revolución Libertadora de Venezuela; en 1904 en la guerra ruso-japonesa; cuando estalla la Primera Guerra Mundial intento enrolarse en el ejercito francés pero al exigirle renunciar a la nacionalidad venezolana los mandó al carajo y se alistó en el ejército alemán donde lo enviaron al frente otomano donde se ganó el título honorífico de bey.
 
Él obtuvo la Cruz de Hierro en su Primera Clase la cual recibió de manos del káiser Guillermo I; y también se ganó el sable de Mejishovon y la estrella de Mechedieh. Creo que se autorretrata a cabalidad en la dedicatoria de su Cuatro años…: “Esta modesta obra, escrita con la tosca pluma de un soldado, la dedico respetuosamente  a la memoria de mis compatriotas latinoamericanos, desde Méjico hasta la Argentina, que durante la Guerra Magna supieron combatir y morir con gloria para mantener en alto la tradición guerrera de muestra raza.”
 
Pero no sólo en el viejo continente este hombre pasmoso estuvo dando muestras de arrojo. Al concluir la Primera Guerra Mundial colaboró con las fuerzas nicaragüenses de Augusto César Sandino; en California se unió a las fuerzas del revolucionario mexicano Ricardo Flores Magón, para luego volver a Venezuela que entonces era gobernada por su paisano Juan Vicente Gómez, quien lo designó gobernador del estado Apure donde termina alzándose en armas contra Gómez, lo cual hace que se deba exiliar y muere en Panamá el 10 de julio de 1936. Él, además de su citada obra, también dejó escritos: El saqueo de Nicaragua y Memorias de un Soldado de Fortuna.
 
            Gente de carne y hueso que han ido colocando su cuota para que esta entidad, nacida oficialmente el 23 de noviembre de 1863 cuando el general Juan Crisóstomo Falcón, como Presidente de la República, creó el estado Táchira mediante decreto.  Pero, ojo, mucho antes había comenzado su transito por los libros históricos. Fray Pedro Simón en Noticias Historiales de Venezuela, en el capitulo XVI de su Séptima Noticia de la II Parte dice: “…hasta los primeros de junio del mismo año de mil y quinientos cincuenta y ocho, en los cuales le dieron principio y fueron marchando la vuelta del Valle de Cúcuta. Y habiéndolo pasado, y después de él, las lomas del Viento, llegaron al valle donde después se pobló la villa de San Cristóbal, a quien llamaron el Valle de Santiago por haber entrado el día de este sagrado apóstol.”
 
            Treinta años más tarde a lo narrado por Simón, mediante Real Cedula de 26 de mayo de 1588 se erigió la Gobernación de La Grita y Cáceres, bajo la dependencia del Nuevo Reyno de Granada. La cadena histórica es inmensa y no voy a dedicarme a atiborrarlos de fechas y citas, pero les doy fe de que sobra material para hacerlo.
 
Tierra que no cesa de moverse, Marco Aurelio Vila en  Geografía del Táchira explica: “La estabilidad geológica del Táchira  aún no se ha realizado. Dentro de la historia del hombre son varios los movimientos sísmicos que han perturbado la vida tachirense. Michelena y Capacho Nuevo deben su existencia a los daños que los terremotos ocasionaron a las localidades de Lobatera y Capacho Viejo, lo que indujo a muchos de los habitantes de estas localidades a buscar nuevo lugar donde levantar su destruida localidad.”
 
Táchira con sus 29 municipios y 66 parroquias, que le hacen el más dividido geo-políticamente en toda Venezuela, es también la cuna de la explotación petrolera en Venezuela. Un grupo de emprendedores tachirenses: Manuel Antonio Pulido, José Antonio Baldó, Ramón María Maldonado, Carlos González Bona, José Gregorio Villafañe y Pedro Rafael Rincones, crearon con un capital de 100.000 bolívares, el 12 de octubre de 1878, la empresa La Petrolia del Táchira, que operaba en las cercanías de Rubio.
 
A su primer pozo, el Eureka-1, le siguieron otros cuyos niveles de producción alimentaban una refinería que procesaba ¡15 barriles de petróleo! a diario y cuya producción de kerosén se exportaba fundamentalmente a vecinos pueblos colombianos. Pioneros en todos los ámbitos del mundo hidrocarburo en Venezuela crearon la primera publicación institucional del país The Petrolia Star, con la cual mantenían informados al personal, allegados y visitantes sobre las gestiones de la empresa.
 
            He tenido el privilegio de andar estos rincones y conocer a su gente, de comer en sus mercados y oler sus hortalizas, de llenarme los ojos de sus riscos preñados de almácigos colgados a sus faldas. Hubo tiempos en los que pude disfrutar su hospitalidad, ahora en mengua por la invasión de esa plaga infernal que significa el maridaje de guerrilla-narcotráfico-paramilitares quienes aparentan disímiles rutas que terminan confluyendo en una pelea descarnada por cuotas de poder  que hacen muchas veces intransitables estos bucólicos parajes.
 
            Táchira, cuyo nombre afirman se originó en el vocablo indígena tachure, usado para denominar a la humilde planta tua-túa o sibidigua (Jatropa gossypifolia), y que en sus cerros y quebradas es común encontrar, sigue siendo una comarca de sueños donde cualquier quimera se puede hacer verdad, sus hijos lo han demostrado, en sus paisajes –a pesar de todo– se puede seguir comprobando. 


© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 





1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso.

Ylleny Rodríguez