domingo, marzo 18, 2012

TRUJILLANEANDO 12 (San Lázaro)



He tenido el privilegio de recorrer el estado Trujillo al ritmo de mis quimeras, seguramente descuidando aquello de lo que la “gente normal” suele ocuparse. ¿Pero cómo dejar de apasionarse por un país como este donde tuve la suerte de nacer? En mi vagar por él llegué a este estado que, gracias al soporte de una de sus nativas, lo he podido andar para conmoverme hasta el llanto en más de una oportunidad.



Siempre recuerdo parte de unos versos de Alberto Arvelo Torrealba que se refieren a su amado llano:
Sabana, sabana, tierra
que hace sudar y querer,
parada con tanto rumbo,
con agua y muerta de sed



Si a estos versos le cambiamos sabana por Trujillo, tendrían la misma validez. Este estado tiene todo y su gente no tiene nada. Es lacerante. Pero pese a eso, el trujillano de adentro, “el paisano” sigue laborando y sigue haciendo que estos espacios sean un trocito precioso de esta manta multicolor que es Venezuela.



Casi en el centro de este estado está San Lázaro, que se aposentó en medio de una retícula de pequeños valles en una de las estribaciones del ramal de Piedras Negras de la Cordillera de Trujillo. Sus calles son un tablero de gente, casa, gestos, colores, paradojas y gestos. Han pasado casi cuatro siglos desde que el obispo Fray Mauro Tovar lo fundó como pueblo de doctrina.



Déjenme mostrarle lo que este pueblecito digno y hermoso es, a través de las imágenes que logré hacer allá… Y no se sorprendan si en la carretera consiguen un autobús diminuto con el color del cielo, ¡es que viene de allá!

© Alfredo Cedeño








1 comentario:

Gastón Segura dijo...

Vaya, vaya con San Lázaro.