domingo, noviembre 04, 2012

BILBAO

           De aquellos polvos vienen estos lodos, reza el refrán. Es manido el argumento que nos enrostra a los hijos de América la tendencia a la conducta anárquica, y a menudo “alegre”, cuando de ejercer el poder y respetar la institucionalidad se trata. Pero si nos damos un recorrido a vuelo de pájaro por la historia de nuestra llamada Madre Patria, veremos que hasta sanos resultamos ser ante las una y mil maromas, de todo orden y concierto, que en aquellos lares se llevaron a cabo.
           No pretendo remontarme a los tiempos de celtas, fenicios, cartagineses, griegos, romanos, visigodos, moros y otros tantos más. Voy a darme una pequeña vuelta sobre una breve etapa de su historia, la que cabalga entre los siglos XIII y XIV. En aquellos tiempos, era rey de Castilla Sancho IV, quien había tenido por consorte a María de Molina quien le había parido la descendencia de rigor: siete muchachos entre hembras y varones… 
          Pero antes de seguir con lo formal, vamos con el chisme, que no por ello es menos historia. Resulta que doña María era tía de Sancho IV, algo así como la tía Julia del ahora Nobel Mario Vargas Llosa, y para ellos casarse debían haber tenido una dispensa papal que permitiera sus nupcias.  
          Por supuesto, la debilidad de la carne se impuso a la fortaleza eclesiástica, por lo que ambos fueron excomulgados… Bragueta, enaguas y continencia no suelen hacer buenas migas. Todo ello llevó a una serie de escaramuzas de todo tipo con los cuales no pienso darles la lata este domingo.
           Un buen día, el 25 de abril de 1295, Su Majestad Sancho IV murió –la palmó, diría en estos días el muy castizo hijo de Asturias don Pepe Rico–, y la reina María, quien tenía el pendeja bastante alejado de sus virtudes, reclamó la corona para su vástago, el futuro Fernando IV de Castilla.  El nuevo soberano apenas contaba con 10 años de edad, por lo cual fue su madre junto a Enrique de Castilla el Senador, al cual nombraron tutor del rey, quienes ejercieron el poder.
 
          No quiero ponerme creativo y suponer ciertas posibilidades extra regencio- tutoriales entre ambos. Si bien la Molina andaba en la treintena, o sea: en edad de más que merecer, Enrique de Castilla era un sexagenario que venía de haber estado preso casi treinta años en las cárceles papales por haber estado jodiendo y soliviantando a los círculos de poder en Roma.  Así que, es elevada la probabilidad de que la castidad campeara entre los augustos personajes; aunque se han visto casos…
           Dirán ustedes: ¿Y a este qué le pasa hoy?, ¿se fumó una taza de tallarines o se olió un frasco de trementina con creolina? Nada de eso, y tengan paciencia, que la prisa es plebeya y hoy andamos de temas reales, por muy arrabaleros que sean los procederes de aquellos quienes los protagonizaron.  Mi abuela Elvira decía: “las peores son las que tienen carita de yo no fui…”. Santas palabras, puedo dar fe de ello. Pero sigamos.
          María de Molina y Enrique de Castilla ejercieron de regentes hasta 1302. Para no dejarles a medias el chisme de fustanes y sotanas les diré que en 1301, mediante la respectiva bula de rigor, el papa Bonifacio VIII legitimó el matrimonio de la de Molina con el difunto rey Sancho IV de Castilla. Y se resolvió retroactivamente el problema sucesoral. (Si París bien vale una misa... ¿Se imaginan cuánto de gordo debe haber sido el arreo de mulas cargadas de oro o plata que llegaron a El Vaticano?)
          Pero vayamos a lo que nos interesa de todo este jaleo. Doña María y don Enrique, en su versión medieval de Falcon Crest, encargaron desde Valladolid, el 15 de junio de 1300, a Don Diego López de Haro V, fundar la villa de Bilbao mediante una carta fundacional, o Carta Puebla.  
          López ejecutó la tarea y estableció la nueva villa en la orilla derecha de la ría del río Nervión, y en la carta fundacional de Bilbao proclama:
“En el nombre de Dios y de la virgen bienaventurada Santa María: Sepan por esta carta quantos la vieren y oyeren como yo Diego López de Haro, señor de Vizcaya en uno con mio fijo Don Lope Diaz y con placer de todos los Vizcaynos, fago en Bilvao de parte de Begoña nuevamente población y villa qual dicen el puerto de Bilvao.”

           Es decir que esta ciudad, de la cual muestro esta ronda de imágenes, nació bajo el reinado de Fernando IV y por la voluntad de las trapisondas y voluntades de la Molina y el Enrique.  Es justicia decir que el tesón vizcaíno no es de nuevo cuño y en breve la localidad naciente se convirtió en paso obligatorio de todo el comercio de Castilla hacia el mar. 
 
Fue así como el puerto de Bilbao se convirtió en un eje comercial que comerciaba con los puertos de Flandes y Gran Bretaña; así como con los de Francia, Portugal, Italia, Castilla y Aragón. 
          ¡Qué de hechos no podría narrarles! A esta ciudad llegó la primera imprenta en 1577, y fue aquí donde en 1596 se editó el primer libro en euskera,  Doctrina Christiana en Romance y Bascuence del Dr. Betolaza. Esta es la cuna de Miguel de Unamuno y de Pedro Arrupe; la de Blas de Otero y de Gabriel Aresti, la de Casilda de Iturrizar y Anselma de Salces, quienes emplearon sus fortunas para apuntalar obras culturales, benéficas y hospitalarias.
            Bilbo, como pronuncian en la lengua vasca, es la ciudad que ahora abriga al querido Mikel de Viana; la que se pavonea por la costa cantábrica con su sede del Guggenheim; es la urbe que alberga a  355.731 habitantes y a la cual Singapur otorgó el Lee Kuan Yew World City Prize, considerado el Nobel del urbanismo. 
          De ella dijo el pintor onubense Daniel Vázquez Díaz: ¿Qué es lo que tiene Bilbao que tan hondo se metió en mi alma? Bien lo dijo Unamuno: Bilbao… mientras yo viva, vivirá conmigo….. y no pienso morirme nunca del todo, porque él no puede morir del todo y en él espero vivir.

© Alfredo Cedeño



13 comentarios:

Amaia Villa dijo...

¡Alucinada me has dejado amigo Alfredo! Yo que veo en el escritorio del blog Bilbao y digo ¿eh? ¿habrá un Bilbao en Venezuela? pero entonces miro la foto y digo si es mi Bilbao. Me ha hecho ilusión este paseito tan cercano para mí pero hoy desde tus letras, eso sí tengo que decirte que además de las fotos que nos regalas hay estampas muy hermosas de Bilbao, de edificios preciosos, de jardines, de Poppy, de nuestra arañita al lado del Gugem y su hermoso paseo que faltan en tu colección, así que te invito a visitarnos cuando quieras y algún día te presentaré también algo que no se puede dejar de visitar al venir a Bilbao. Hay que acercarse a Portugalete y visitar el puente colgante, al cual hace poco hice un poema y que algún día pondré en mi blog.
Me alargue otra vez, me pudo el entusiasmo. Invitado quedas no se te olvide.

Un abrazo muy fuerte

Martha Alicia dijo...

¡Alfredo, qué linda historia! Un placer leerla. Las fotos acompañan dignamente la historia.
Un gran abrazo.

Martha Alicia dijo...

¡Alfredo, qué linda historia! Gracias por compartir . Fue un placer leerla. Las fotos maravillosas. Un gran abrzo.

Anónimo dijo...


Hay una canción, que tarareaban mis padres y que reza así:

"Un inglés vino a Bilbao, para ver las rías y el mar, pero al ver las bilbainicas, ya no se quiso marchar.
Y dijo: Vale más, una bilbainica, con su cara bonica, con su gracia y su sal, con su gracia y su sal, que todas las americanas, con su inmenso caudal, con su inmenso caudal, con su inmenso caudal".

Lorena

Néstor Belda dijo...

Nunca dejas de sorprenderme, Alfredo, en tu terruño o allende los mares, siempre tienes una historia para contarnos. Un abrazo!

Araminta Gálvez dijo...

Que maravilla de recorrido con tus fotografías y textos Alfredo. Felicitaciones y gracias por compartir el mundo, o al menos un pedacito de él. Abrazos.

Anónimo dijo...

Gracias Alfredo por compartir conmigo tan bella historia de ese rincón de España.... bellas fotos... gracias... un abrazo amigo mío

Miriam Lopez

María Mónaco dijo...

Bilbao y su polémico Guggenheim (al menos para el mundo de los arquitectos)... Preciosas imagenes y texto Alfrendo, contigo uno siempre tiene algo para admirar y mucho que aprender, gracias por este hermoso paseo por esa bella tierra, un abrazo

Anónimo dijo...

Alfredo, ahora encontré tiempo para enfrascarme en tus líneas. Acabo de leer tu interesante historia, además admiré una vez más tu talento fotográfico. Quisiera decirte tantas cosas, pero sólo acierto a decir...Felicidades!
Siempre se aprende algo, y yo, siendo bilbaina, enamorada de Bilbao, te estoy muy agradecida por ampliar mi conocimiento. Tu manera, tan exquisita de contar la historia, me ha cautivado...
Muchas gracias Alfredo!!
Un fuerte abrazo para ti!!
Begoña

Rafael Indi dijo...

Tenía más razón que un santo Unamuno. Hace tres veranos la visité y llevo desde entonces queriendo volver. Supongo que el ligero hastío que tengo por la arquitectura andaluza hizo que el contraste fuese positivo. Diría que junto a Granada y Barcelona es mi ciudad española favorita. Espero que probaras el kalimotxo.

Un saludo Alfredo.

Anónimo dijo...

Eres increíble, en la noche usé parte de lo que aprendí de tú artículo sobre Bilbao. En esa ciudad hace cuatro meses, lloré a moco suelto al oír a sus pobladores contar la historia que Picaso plasmó en una pintura,,..Guernica, algún día quisiera saber más de está historia, seguro que contado por tí será mejor...

Maria Rios

Anónimo dijo...

Que sabroso leer la historia de Bilbao narrada como un cuento y con unas fotos que transportan la imaginación

Zafira

José Valle Valdés, Pichy dijo...

Qué bien sabes narrar, amigo, cautiva la amenidad con que cuentas. Te felicito.

Abrazo