domingo, noviembre 18, 2012

PUEBLO AÑÚ

           Hay amenazas a los pueblos minoritarios que a veces son más crueles que la propia aniquilación física: ello ocurre cuando, por medio de diferentes mecanismos de opresión cultural, son despojados de sus manifestaciones más profundas. Uno de los peores es cuando la lengua hablante de un determinado grupo humano, agente que los cohesiona por excelencia, desaparece. Es del pensador inglés Samuel Johnson aquella frase que reza: “En el idioma está el árbol genealógico de una nación”.
        Este elemento no sólo sirve como unidad diferenciadora a los integrantes de un colectivo determinado, sino que, además, se convierte en un vehiculo aglutinador que les otorga a ellos el sentimiento de ser parte de “algo”, de no ser un individuo aislado. ¿Recuerdan aquello del muy mentado espíritu gregario? No tengo dudas de que el lenguaje propio de -cualquiera sea- un grupo social es su característica por antonomasia.

           Bien han sufrido ustedes dominicalmente diversas manifestaciones de mi naturaleza divagante, de la cual desde hace muchísimo tiempo el celebérrimo José Humberto Márquez y Zambrano –gocho y lustrado- se ha quejado reiteradamente. Hago este inciso porque al pergeñar las líneas anteriores me vino a la mente el Génesis.  Dice el citado libro bíblico que Yavé, luego de crear al hombre y ver que todos hablaban un idioma común, entró en pánico ante la amenaza que ello representaba.  Confieso que no entiendo bien a qué le podía tener miedo, pero lo tenía… así que se dijo a sí mismo (a menos que haya tenido mujer o algún otro ser otorgador-recibidor de afectos, lo cual no queda claramente explicado en Las Sagradas Escrituras): “…bajemos y una vez allí confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos a los otros.”
          Así que los amigos apóstatas bien podrán achacar a Él la causa de todos nuestros males.  Sigamos a lo que voy este domingo 18 de noviembre. Hoy escribí sobre el octavo grupo indígena más numeroso que sobrevive en Venezuela: los Añú o paraujanos, como también se les conoce.  Cifras oficiales del año 2001 revelaban la existencia de 17.437 de ellos distribuidos en algunas zonas del estado Zulia, occidente de Venezuela. 
           En 1991, cuando realicé para El Diario de Caracas, con el invalorable apoyo de las queridas Lucy Gómez y Mariela Pereira, una serie de trabajos sobre la realidad indígena venezolana, recuerdo el escándalo de ver como el idioma de ellos estaba en franca vía de extinción. Apenas quedaban, en aquellos días, cinco (5) ancianas que hablaban dicha lengua. Compartí mi angustia con ese venezolano de excepción que fue Daniel de Barandiarán ante lo que significaba ello.  Y fue Daniel quien, unos meses más tarde, me llamó con su habitual entusiasmo y la voz más estentórea que nunca para darme la noticia que había un grupo de investigadores que estaban trabajando a pasos firmes y enormes en la recuperación de dicho idioma; lo cual en la actualidad se logró.  
           Bien sabemos que no todo es siempre como quisiéramos que fuera, si bien se superó el escollo idiomático ahora son otras las vicisitudes que ellos enfrentan en sus espacios.  
           Considero pertinente explicarles que a los Añú les achacan el origen del nombre de nuestro país, ya que fue a ellos, y sus viviendas, quienes vieron los primeros exploradores europeos que anduvieron el poniente de nuestra geografía. 

          Ya comenté semanas atrás (http://textosyfotos.blogspot.com/2012/08/la-casa-venezolana.html ) sobre la teoría que hay en torno al origen del nombre Venezuela por una carta que, comenzando el siglo XVI, envía Américo Vespucio desde Sevilla a Pier Francesco de Medicis en la cual habla de la similitud con Venecia, y también se supone, según algunos historiadores, hablaba de la Pequeña Venecia.
          Lo que no les terminé de contar –¡Joder! Que tampoco puede uno quemar todos los cartuchos de una vez, porque ¿cómo cazas después algún váquiro que consigas mal parado en el camino?–   algo de la mencionada misiva del Vespucio al Medicis, es que al revisar el original de dicha correspondencia se lee exactamente: …e trovammo una grandissima popolazione che tenevano le lor case fondate nel mare come Venezia, con molto artificio, e maravigliati di tal cosa, accordammo di andare a vederli e comma fummo alle lor case vollovi difendersi, che non entrassimo in esse… 
           Pero, no es sólo en esas líneas donde dice lo que escribe, sino que en una carta-relación que redacta el 4 de septiembre de 1504, en Lisboa, dejó asentado respecto a esa oportunidad:  “Fumo a terra in un porro dove trovamo una popolazione fondava sopra lacqua come Venetia; erano circa 44 case gran adoso di capane fondate sopra pali grossissimi…”. 
          Si alguno de ustedes lee un diminutivo vinculado al nombre Venecia en las líneas citadas, ¿me pueden dar luces? Lo agradeceré infinitamente.
           A todas estas, quiero también hoy darles a conocer un dato sobre un cartógrafo español: Martín Fernández de Enciso quien en su libro Suma de Geografía que trata de todas las partes y provincias del mundo, en especial de las Indias, que se publicó en el año 1519 en la muy castiza Sevilla, se puede leer: y al cabo de la cerca de la tierra está una peña grande que es llana encima della. Y encima de ella está un lugar o casas de indios que se llama Veneçiuela…
          Lo dicho por don Fernández de Enciso lo parece corroborar en 1603 Juan Botero Benes, quien en su libro Relaciones de Universales del Mundo, dijo que en el golfo de Venezuela hay una población de indios con ese nombre edificada en un peñasco “essempto y relevado que se muestra sobre las aguas”. (Aclaro aquí por una nota de un señor, o señorita, anónimo que me reclamó la semana pasada sobre mis “errores”, que estoy transcribiendo textualmente la grafía utilizada en aquel entonces.)
          ¿Será muy insolente de mi parte decir que, de nuevo, ciertos amigos  historiadores están pelando más bolas que El Fugitivo?  ¿O será que Fernández de Enciso y Botero Bones eran unos viejitos majaderos que escribieron eso para desprestigiar el honorable mundo de la historiografía?  Los impertinentes no son de nuevo cuño, siempre los hemos habido…
 
          Sigo con mi cuento que me interesa, pero es que quienes me conocen, saben bien lo que me gusta un chisme, y no me irán a negar que este sobre el nombre del país de mis tormentos, en la nota de parafrasear al maestro Cabrujas, no está interesante. Fin de fines que los Añú se mantienen regados por Isla de Toas, algunas zonas urbanas de la capital zuliana y en la Laguna de Sinamaica, donde continúan, mediante el uso de técnicas seculares, fabricando sus casas y caminería sobre las aguas. 
          Ya no es el riesgo de perder su lengua original, ahora son problemas de sedimentación y de agentes exógenos que atentan contra ellos y su modelo social. Y cierro esta nota de hoy con otra frase del bachiller Samuel Johnson: Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción. 
PD: Gracias por dejarme compartir con ustedes estas líneas…


 
 
 

10 comentarios:

Gastón Segura dijo...

Siempre, igual, sorprendiéndome.

Gastón Segura dijo...

Siempre igual, sorprendiéndome

Anónimo dijo...


Contada así la historia sabe a cuento, a película de dibujos.
Ojala nos la hubieran enseñado de esta forma, más amena y divertida, pero no por ello menos rigurosa.

Anónimo dijo...

Maestro gracias por dar a conocer una vez más sobre nuestro indígenas, en particular hoy día de la CHINITA!! una cosa no sabia eso de que eran el octavo grupo indígena más numeroso que sobrevive en Venezuela: los Añú o paraujanos. Lo comparto!

Zafira

palabra sobre palabra dijo...

Un repor sin desperdicio.

Anónimo dijo...

Es un placer leerte Alfredo! Tus temas son siempre muy interesantes y sabes exponerlos con mucho estilo, conocimiento de la palabra y una gran sensibilidad. Además tienes una simpatía natural que... se hace viva a través de tus líneas y sabe arrancarme una sonrisa :-))
Muchas gracias!!
Begoña

Amaia Villa dijo...

Encantada como siempre de este paseo contigo. Me alegra lo que cuentas de que no se perdió el lenguaje de este pueblo y te felicito por tu contribución a ello.

Un abrazo fuerte

Anónimo dijo...

EXCELENTE ARTICULO AMIGO =) es una forma agradable de conocer nuestras raíces y ojala sus textos y sus imágenes den la vuelta al mundo para mostrar con orgullo que en el Zulia nació Venezuela. Gracias a esta gente luchadora!!!! y aun cuando pasan los años seguimos viendo su incansable labor y sus huellas en la historia.

Anónimo dijo...

Yo comparto la versión de Enciso, además en mi comunidad, Isla de Toas, conocemos popularmente que el significado de veneciuela es "lugar de aguas azúles" te recomiendo que consultes los libros de ALCIRO Amado Pereira para que compruebes lo que te estoy diciendo. prefiero creer lo que dijo enciso, eso refuerza nuestra identidad añu. felicitaciones!!!

Anónimo dijo...

tambien defiendo la teoria de que esa peña es isla de toas por sus cerros de piedra caliza, ya que el la parte noroeste del lago la única unica parte donde hay cerros es en isla de toas los cuales para entonces eran vírgenes y mucho mas altos de los que son ahora tras la explotación de sicho mineral