domingo, abril 27, 2014

LECHERÍA

            Ahora, cuando Venezuela es una profunda letanía de protestas que no cesa. Ahora, que los estudiantes venezolanos se empeñan en dar lecciones de hidalguía sin cuartel ante una casta política extraviada en sus pocos claros laberintos de intereses propios. Ahora, cuando la impotencia se enlaza a la rabia ante el cinismo exhibido en ambos lados de la calle de estas luchas que ahora se libran aquí. Ahora es cuando tenemos país para rato, y su historia hay que contarla para que no nos escamoteen el orgullo de nuestro ayer, que es la piedra sillar de esta cepa de luchadores incansables que somos.
 
            Sin raíces hasta el árbol mas grande se viene abajo, sin las bases adecuadas el palacio más señorial se derrumba, sin historia cualquier pueblo es apenas un magro rebaño al que cualquier infeliz puede carajear a su antojo. Es ahí donde esta necesidad de contarles lo que somos, a partir de lo que hemos sido, se robustece y me llena de vanidad que no quiero disimular.  Hoy les escribo de Lechería, ese maremágnum urbanístico que desde las propias orillas del Caribe se ha ido configurando en las afueras de Barcelona, capital del estado Anzoátegui.  
 
            Ahora bien, Lechería no siempre fue Lechería, este batiburrillo arquitectónico con aspiraciones de Miami caribeña que ahora vemos en pleno desarrollo. Al comienzo de todo, en el siglo XVI, nació allí Miguel de Neverí, aseguran que a fines de agosto del año 1535; sin embargo la resistencia de los diferentes grupos indígenas que habitaban la zona, así como profundas diferencias entres los conquistadores hispanos hizo que al año siguiente dicho poblado fuese abandonado.
 
            Las discrepancias entre los exploradores fueron de tal calibre que el cronista Juan de Castellanos las registró en su Elegías de Varones Ilustres de Indias de este modo:
Por San Miguel de Neverí pasaron
Al tiempo que venían de camino,
Adonde saquearon y robaron
Los bienes del Ortal y del vecino,
Por no poder los pocos que quedaron
Resistir el furor luciferino,
Y dalles el desorden y la codicia
A los que mas podian la justicia.
 
            La desolación de la zona duró su buen tiempo hasta que a fines del siglo XVIII se inició en sus inmediaciones la construcción del Fortín de la Magdalena. Esas labores fueron llevadas a cabo por el ingeniero militar Casimiro Isava Olivier; y la edificación, debido a su estratégica posición se convirtió en un sitio codiciado por corsarios, realistas y patriotas.  Bolívar fue uno de los que mostró interés por dicha fortificación y en 1819, desde Guayana, le encargó al general Rafael Urdaneta que le tomara; el oficial zuliano obedeciendo las instrucciones del Libertador, zarpó el 14 de Julio de 1819 desde la Isla de Margarita hacia las costas de Barcelona, junto a otros jefes patriotas. 
 
Las crónicas revelan que el 16 de Julio Urdaneta llegó a las cercanías de El Morro, el General realista Juan Saint-Just y 1.300 soldados a su mando, acuartelados en La Magdalena, no opusieron mayor resistencia, y se limitaron a cañonear a las fuerzas patriotas por escaso tiempo, antes de rendirse la tarde del 17 de Julio. Debo señalar que esa escaramuza tuvo un desagradable desenlace ya que la Legión Británica realizó una brutal escabechina. Esas fuerzas fuera de control de ahí siguieron a tomar el pueblo de Pozuelos, para luego saquear a Barcelona llegando a robarse las vestimentas de oro de San Celestino.
 
Salvo la mencionada edificación esa zona no era más que un peladero de chivos donde  una ranchería de pescadores margariteños fueron construyendo sus viviendas, y en sus inmediaciones se instalaron Nicomedes Iriza y Carmen Bustillos quienes eran dueños de corrales y ventas de leche de cabra.  Las actividades de Iriza y Bustillos hicieron que los vecinos de la contigua Barcelona acudieran a comprar dichos productos y que fueran dándole el nombre de Lechería al sector.
 
No será hasta superada la segunda mitad del siglo XX cuando la más conocida cara que hoy asociamos con esta ahora pujante localidad comienza a perfilarse. Refiere un testigo de aquellos tiempos: “En todo ese terreno sólo había agua, sal y dos árboles”.  Y es cuando se comienza la construcción de el Complejo El Morro en lo que fuera la Salina del Paraíso. En 1967 Daniel Camejo Octavio fundó la Compañía Anónima para el Desarrollo de la Zona Turística de Oriente (CAZTOR) dando inicio a la metamorfosis de la zona.
 
El Morro y sus canales fueron arrinconando el casco de Lecherías, que pese a ello no sucumbió y permanece con sus casas coloridas y la profunda devoción a la Virgen del Valle anclados en estas tierras bravías.  En los años 60 tuvo oscura resonancia cuando en sus playas apareció el cuerpo torturado del profesor universitario Alberto Lovera. Luego sobrevino la vorágine constructora, y todavía hoy, cada mañana los pescadores artesanales llevan los frutos de sus faenas a las rancherías para ser vendidos.  El gesto desenfadado de los vendedores con los compradores es un vaho que refresca en medio del calor agobiante. Lechería es otro pedazo de esta, como he escrito otras veces, colcha de retazos que es Venezuela y la cual hemos ido haciendo hasta sentirnos orgullosos de ella.
 
Por ello es que al releer ahora un viejo ejemplar de esa joya de revista que en su momento nos regaló la petrolera Creole, el farol, encuentro un trabajo de Alfredo Armas Alfonzo que comienza así: “Antes de 1498 a esta tierra la alumbraba la tempestad o la caliginosa luz enceguecedora del verano, que era también aire de polvo o de ceniza”, y entiendo que esa tempestad de donde venimos es la misma partera de la luz donde nos seguiremos sumergiendo para deslastrarnos de estas amargas cenizas que por estos días nos abruman.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelentes y con profesionalismo esas fotos...enhorabuena.

Anónimo dijo...

Excelentes y con profesionalismo esas fotos...enhorabuena.

Anónimo dijo...

Buen día, ya avanzado. ¿Lechería todavía conserva ese aspecto en alguna parte? Qué bueno. Te gusta destacar la persona contra amplias superficies murales de color. Muy bueno todo. Saludos afectuosos.

Alejandro Moreno

Adriana Gomez dijo...

Excelente....realmente excelente!!! Gracias!!

Adriana Gomez dijo...

Excelente....realmente excelente!! Gracias!!

Anónimo dijo...

Me encantó tu publicación de hoy, gracias por darnos el regalo de tu excelente trabajo.....ya se está convirtiendo en necesario para mi!! Feliz semana!!

Adriana Gomez Soto

Anónimo dijo...

Querido amigo como siempre muy bueno, tanto las fotos y el texto muy enriquecedor, mil gracias, un abrazo!

Beyla Medina

Anónimo dijo...

Mil gracias Alfredo por ilustrarnos y remembrar toda esa historia, que con el tiempo se desvanece en nuestros recuerdos.
Agradecida

Hortencia Ruiz

Herminia Castro dijo...

Muy interesante gracias por tan valioso documental .saludos .

Yo dijo...

Hola Alfredo, gracias por hacernos recordar esa historia que siempre se nos olvida y mostrarnos el lado ingenuo de Lechería, que muchos desconocen....
saludos, Carmen Elena