lunes, septiembre 18, 2006

AUTOPISTA

El asfalto es una serpiente que muerde el valle
y su espesa alfombra verde de samanes y caña
es una sensual cadera que se mece casi impúdica
entre las montañas leves de la golpeada Aragua.

El calor agobia el pellejo de todos sin piedad
y la brisa calma al trópico desatado en la cara
con la esperanza inútil de los corazones rotos
mientras motas de nubes salpican el cielo solo.

La calzada es una lanza sin control de chóferes
que pasan imperturbables entre estos parajes
donde los sueños se pueden multiplicar
y la belleza es una quimera que se hace cierta.

El paisaje luce ingrato y vacío de esperanzas
donde muchachos dejan a un lado el mundo
al cobijo de una pistola que les deja mal vivir
sin poder abordar esa vía de lujos rodantes.

De ciudad a ciudad pasa el camino ya cansado
perdió las cuentas de bocas peregrinas que piden
no es un consuelo para los ruegos de orfandades
entre este valle de tiros que pretende justicia.

® Alfredo Cedeño

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es la palabra construída sobre una calle que transcurre rápido. En veloz carrera. Se engulle cada objeto que la atraviesa. Quedan como abalorios. Ch.