domingo, septiembre 17, 2006

GURISA

Para Katia Engler,
por esa solidaridad y amor
tan de ella…



Cámbieme esa cara de malas pulgas o me pongo muy triste
y se esconderá el sol para que se llenen de polvo las hojas
y se van a llenar de plumas de aves desnudas los parques
y se van a poner melancólicas las canciones enamoradas
y se pondrán mustias las flores en las plazas de París
y se quedarán calladas las ranitas de las calles de Caracas
y el Plata se va poner chiquitico como chorro de orín de un cachorro abandonado
y se vestirán muy triste las hembras que van a encontrarse a escondidas
con sus gañanes en los desvanes luminosos
y las ventanas se cerrarán para que no se ampare la lluvia del frío
y se perderán los poemas entre la arena de las playas mas frías del mundo
y se quedarán pasmados los panecillos con que las muñecas
meriendan de manos de las nenas lindas y malcriadas
y no podré seguir aguantando las ganas de llorar
cuando veo esos ojos de tigra que no saben si quererme o no...

® Alfredo Cedeño

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabes siempre es lindo tener gente solidaria a tu lado, y que la otra persona lo reconozca.
Te felicito

Anónimo dijo...

A Alfredo Cedeño por esencialmente humano.

Nos ha tocado un tiempo histórico ‘muy interesante’ para vivir.

Resultamos ya casi acostumbrados al devenir imparable de la violencia, el irrespeto, la intolerancia, la envidia y todo aquello que, de alguna manera, hace sucumbir la esencia de lo humano.

A veces siento que la tarea de los poetas, de los escritores, de los artistas, se asemeja a la de Sísifo.
Sin embargo, al beber de la copa de Camus reivindico entero el instante sublime de libertad que le atribuye en su desgracia, y hago eco de sus palabras: uno debe imaginar feliz a Sísifo.

Tenemos, eso sí, el fuego de Prometeo aún ardiendo en el tallo de un hinojo.
Tenemos, eso sí, ya por Epimeteo ya por Pandora, la esperanza en el fondo de la caja.
No es poca cosa.

Por eso, por el fuego, por la esperanza, por el instante de libertad en que somos felices, me abrazo a lo humano del hombre.

Por eso…

¿¡Cómo no quererte, gurisito bandolero!?

Si sos un adulto que le ganó a la vida el derecho de conservar los asombros de los niños.

Si sos un hombre que descubre, con la inocencia de su niño, una alegría nueva a diario.

Si sos un adulto que, con el alma pura de niño, desempolva encantos encantados en las rutinas gastadas y cansinas.

Si sos un hombre que, por no renunciar a la plenitud, aprendió a conservar la porfía de la niñez, esa que grita a los cuatro vientos el coraje de saber ser feliz con un dulce en los labios y una espada de madera en las manos, salvadora de princesas atrapadas en el lado oscuro de la luna.

¡¿Cómo no quererte, Alfredo Cedeño?!

© Katia Engler