domingo, septiembre 10, 2006

DIEZ LUSTROS

Hoy décimo día del noveno mes del sexto año, segundo milenio,
entro al medio siglo de vida feliz, impertinente e irresponsable
con mi eterna truhanería que aprendí para pesar de mis padres
quienes hicieron lo imposible para que fuera un ser decente
que pusieron lo mejor de ellos mismos para hacerme alguien.

Lo hago a veces eufórico, otras melancólico, algunas triste
de repente despechado, de vez en cuando con las maletas rotas
y puestas en la puerta o hasta lanzadas por una ventana
con la sorna de una vida que ya pasó la mitad de lo asignado
y la seguridad que las penas son un fardo que no quiero llevar.

Avanzo buscando mis sombras para ampararme de mi corazón
que no aprendió a quedarse quieto ni aún capitulando enamorado
que aturdió a las mensajeras de bienaventuranzas con picardías
que ofreció villas y castillas para robar besos, coitos o adioses
que no supo ser recatado porque detesta la dignidad por simple.

Blasfemo, impertinente y consecuente con la palabra sin barreras
con la magia de un buen culo ante ojos, manos, piernas y balano
con las enaguas de la Maja Vestida bajo mi almohada para soñar
con los efluvios de mares que cada coño ha traído a mi vida arisca
con los compases de las danzas que no supe ni pude aprender.

Ahora hago votos de continuidad como iluso confeso y profeso
entre esperanzas de los besos que mendigaré si es necesario
entre caricias que robaré si es llegado el caso o creo pertinente
entre promesas de amor eterno que seguiré haciendo por un día
entre cariños tímidos o pasiones de mujeres delirantes y firmes.

Hoy renuevo mis preces de tunante bondadoso pero sin remedio
donde las ilusiones seguirán siendo el pan de cada noche y día
donde los requiebros cada vez serán más asertivos y eficaces
donde las ganas serán una tarde donde el sol nunca se ponga
donde los mensajes de amor se harán cada vez más insolentes.

Prometo que no jugaré al decente pero tampoco seré un viejo verde
por respeto a mi propia decadencia corporal que ya no lo permite
por resguardo de la escasísima moderación que me impone el pudor
por consecuencia con este Edipo no resuelto que todavía arrastro
por cuidarme dentro de mi propia bellaquería sin arreglo posible.

Ofrezco mi testimonio que reincidiré cuantas veces crea necesarias
para velar la maltrecha dignidad de los maridos engañados conmigo
para desaparecerme discretamente de aquellas que ya no me toleren
para regalar goces entre los muslos que a bien tengan entretenerme
para desbaratarme con los besos que encuentre en Caracas o Moscú.

Garantizo insolencia, de rufián, y ternura, de conejo inerme, al reír
como la sonrisa de la ninfa que se sabe pasto de las ganas infames
como el parpadeo de las plazas donde los amantes follan indolentes
como los chorros que no pueden lavar las culpas de los apóstatas
como la soprano que no aspira mas que el amor de su propio Otelo.

Por todo ello y lo que prefiero callar por el decoro de los demás
espero no pase otro medio siglo antes de vestirme de madera
y que el mundo no tenga que seguir soportando mis desplantes,
que he ido perfeccionando con la alevosa condición de ser feliz
aunque en ello se me hayan colado algunas lágrimas desconsoladas.

® Alfredo Cedeño

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Poeta:

Un "bravo" por ti.

FELIZ CUMPLEAÑOS¡¡¡

Isamar dijo...

Que descarado, y, a la vez que sincero y que buen retrato suyo este poema.
Que los 50’s estén llenos de todo lo bueno.
Feliz Cumpleaños “tío-predilecto”!!!!

Isamar Leal G.

Anónimo dijo...

Bravo !
Ahora si que me dejaste mudo....Bellisima cancion de vida la que pronuncias con tu verso Diez lustros. Te felicito amigo eternidad perpetua para ti libaciones y honores..

Caquistos

Anónimo dijo...

Alfredo, tu texto tiene sus "palobrotas", pero estoy de acuerdo con LIV. Eres formidable. Todo un coloso. Felicidades crísticas universalistas.

Orlando Alcántara.

Anónimo dijo...

He estado muy ocupado en los últimos meses y no he podido seguir todo lo que escribe Alfredo Cedeño. Hoy vi que LIV opinaba con un ¡Bravo! un poema de Alfredo y por curiosidad me atreví a regresar al mundo irreverente de Alfredo. Mi primer intención era descubrir el porqué Livia opinaba de esa manera. Hasta llegué a pensar que el poema estaría sobrecargado de palabras prohibidas en contra de Dios. El caso es que me puse a leer y llegó un momento como si fuera un satori (despertar) en el que me olvidé del escalpelo y la censura y simplemente me perdí en la lectura del poema y sus entresijos. En su intrínguilis simplementa extasiado con la "stasis" de Tomás de Aquino. Felicidades, Alfredo. Que Dios te abra el camino grande de las grandes editoriales (no en cuanto a las tiradas de ejemplares, pero sí en cuanto a la calidad del público). Felicidades.

Orlando Alcántara

Anónimo dijo...

He estado muy ocupado en los últimos meses y no he podido seguir todo lo que escribe Alfredo Cedeño. Hoy vi que LIV opinaba con un ¡Bravo! un poema de Alfredo y por curiosidad me atreví a regresar al mundo irreverente de Alfredo. Mi primer intención era descubrir el porqué Livia opinaba de esa manera. Hasta llegué a pensar que el poema estaría sobrecargado de palabras prohibidas en contra de Dios. El caso es que me puse a leer y llegó un momento como si fuera un satori (despertar) en el que me olvidé del escalpelo y la censura y simplemente me perdí en la lectura del poema y sus entresijos. En su intrínguilis simplementa extasiado con la "stasis" de Tomás de Aquino. Felicidades, Alfredo. Que Dios te abra el camino grande de las grandes editoriales (no en cuanto a las tiradas de ejemplares, pero sí en cuanto a la calidad del público). Felicidades.

Orlando Alcántara F.