sábado, febrero 11, 2012

INFRAGANTI

Todo esto que les voy a narrar no es producto de mi imaginación calenturienta, nada de lo que aquí se asienta tiene el riesgo de coincidir por mera casualidad con la realidad ya que ocurrió en la vida misma. Resulta que, el que suscribe, estaba de noviecito de una damisela, casada por más señas, pero quien era más celosa que la misma palabra. Para hacerlo breve: digamos que era una versión tropical y rubia de Otelo.

La mencionada fémina en cuestión argüía que ella no era infiel puesto que yo conocía muy bien, en el momento de iniciar nuestro affaire, su condición. En cambio yo, en ese entonces, estaba absolutamente libre y que así debía conservarme por el bienestar de ambos. He de confesar que yo acepté con humildad y resignación las condiciones impuestas por la señora bonita.

En ese tiempo a mi me había dado por hacer un seminario en el Consejo de la Judicatura, que estaba en el edificio de El Universal, en plena avenida Urdaneta. Entre los participantes también estaba una fiscal, no de tránsito sino del Ministerio Público, que la verdad no era lo tan buena moza como la cara de pícara que tenía y ella de lo más encantada conmigo, aunque yo no tanto. Tal como reconocí antes, yo me estaba portando bien con la Pili, la novia casada de las que les hice referencia líneas atrás. Quiero decirles también, para que se hagan una idea completa de todo, que por aquellos días, yo tenía un apartamento muy pequeño por los lados de San Bernardino. La gallega, porque como bien han de suponer eso de Pili era el diminutivo del muy castizo María del Pilar y los Ángeles, vivía por El Hatillo, y ella a veces –tan seguidas como los constantes viajes de su amado esposo se lo permitía- se dejaba aparecer por allá para ayudarme a limpiar, a cocinar, a que no pasara frío, ustedes saben, esas cosas de cuando se tienen veintipico de años.

Ahora bien, la Pili era de un respetuosa que ni les cuento, así que cuando tenía clases ella ni portaba por mi nidito. Y todo muy bien. Peeeero… Es que nunca falta uno. La fiscal empezó con una insistidera para que estudiáramos juntos, la verdad que no le veía mucha razón porque ahí no había exámenes ni nada de eso:
- Pero mire amiga, ¿para qué vamos a estudiar, si aquí no hay pruebas, ni cosa alguna que se le parezca?
- Ay no amiguito –ella me decía así, la muy bandida, y ya verán por qué lo digo-, es que a mi me da pena cuando el Doctor Petit Da Costa hace algún comentario y yo no sé qué comentar, en cambio usted siempre tiene algo que decir, amiguito, vamos a echar una repasadita juntos, amiguito, ¿si amiguito?

Y aquel chichón de amiguito para acá, amiguito para allá, hasta que yo un día por cansancio le dije que si y para no hacerles el cuento muy largo, terminamos yendo al apartamentico a hacer el repaso. Les juro, por quien ustedes quieran, que no pasó absolutamente nada, pero nada de nada. A mí si me llamó mucho la atención que la fiscalita preguntaba mucha cosa:
- Ay amiguito, ¿y esa crema Pond´s que tiene ahí en el baño?, no me diga que usted se echa cremitas…
- No, amiga, lo que pasa es que mi novia las tiene ahí para cuando viene y quiere quitarse el maquillaje.
- Uhhhh… ¿Y usted tiene novia amiguito? Pero eso no importa amiguito, me quita un peso de encima, no me llame mal pensada, pero es que como ahora hay tanto hombre raro por ahí, y la verdad que usted es como tan respetuoso amiguito, o es que…¿ yo no le gusto?
- Nada de eso amiga, lo que pasa es que uno no puede estar mezclando las cosas, además que una mujer tan buena moza no me podía imaginar que estuviera sola… (le digo yo, para capotear a la tipa que la veo que viene como el toro: pá encima. Para nada, ahí mismo saltó:)
- Pues déjeme decirle amiguito que no tengo perro que me ladre, y celosa ¡no soy!
- Caramba doctora, pero qué suerte para el que se gane ser su novio, porque eso no es normal…
- Es que una no puede andar con esas zoquetadas amiguito, y por cierto… ¿tu novia es muy celosa amiguito?
- Celosísima doctora, eso es una cosa muy seria.

La vaina fue que la mujer pasó como dos o tres horas en mi nidito y vuelvo a jurar: ¡NADA DE NADA!

Al día siguiente, sábado por la mañana, tal día así como hoy, aparece por allá, como a eso de ocho de la mañana, la Pili y yo de lo más contento. ¡Fin de semana de luna de miel! Ella llega con unas botellitas de vino, y unos salchichones y unas aceitunas y pan gallego, con todos los aperos que llaman pues. ¡Ah! Y con una busaquita que ella siempre llevaba con unas pantaleticas y una batica. Ella sacó todo y puso en la mesa lo que era de la mesa y en la nevera lo de frío y me dice:
- Ay negrito, ¡si supieras lo que te tengo hoy!

Y se va para el cuarto. Yo estaba que de vaina levitaba. Cuando Galicia se fue para dentro agarré un reproductor y puse un cassetico con una musiquita, para empezar a hacer el ambiente que llaman. No se olviden que eso del picó láser vino mucho después, en aquel tiempo lo que mandaba era long play y cassette. Estaba de moda en esos días Gualberto Ibarreto y si uno quería ponerlas de a toque les ponía cualquier cancioncita del camisa e´rayitas, que eso era un tiro al suelo. Además que ella estudiaba Matemáticas, y escuchen la canción, porque es que ¡ni encargándola quedaba mejor parado! http://www.esnips.com/displayimage.php?pid=12324729 (OJO: sombreen con el mouse y denle al botón derecho para que la oigan)

Yo terminaba de apretar la tecla del play y veo que ella viene con una pantaleta negra en la mano. De entrada pensé: Yupi, la vaina promete. Pero ahí mismo caigo que no me cuadraba la cara de la mujer. ¡Aquella arrechera que se le salía hasta por las pestañas! ¡La nariz le hacía como la de un toro negro! Y me suelta:
- Pantaleón, ¿me puedes decir qué significa esto? -Y movía el dedito de un lado al otro con la bendita pieza esa ensartada. Yo no me morí de vaina, sentía que me subían y me bajaban, (las bolas por supuesto), y me quedé mudo. ¿Qué más podía hacer?- Dime pues, qué hace esto atrás del copete de la cama? O es que ahora te crees Miranda y en vez de recoger pelos de totona, vas a coleccionar las pantaletas de todas las zorras esas que traigas para acá? ¡DIME PUES!

Yo vivía en un quinto piso y ya me veía como un freesbee, volando guarda abajo, porque aquella mujer se me venía encima con el trapito ese en la mano y manoteándome con la otra. En medio de aquel vaporón a mi no se me ocurrió otra que quitársela de la mano y tirarla por la ventana, y empezar a decirle:
- Pili mi amor, te juro por mi…
Pero en eso, se escucha un leco:
- ¿Y qué vaina es esta?
Cuando me asomo por el balcón veo a un vecino que vivía en el piso de abajo y que era profesor de educación artística, el cual tenía fama de medio maricón, con su pantaletica en medio de la cara y dando tumbos tratando de sacárselas de los lentes donde se le habían enredado. Lo único que se me ocurrió fue decir:
- ¡Ay Virgen del Valle, sácame con bien de este trance y me porto bien el resto del año!
- ¡Sacrílego, no metas a la virgen en tus vagabunderías!
- Pero mi amor, por favor deja que te explique…
- ¿Que me expliques qué? ¿Cómo te la pegaste a la bandida esa? Porque mujer decente no usa esas vainas. ¡Esa es una rolitranco de puta que metiste aquí!
- Pero mi amor…
- ¡Tu amor nada!
- Pero chica…
- ¡Chica nada! Mira Pantaleón Cedeño, lo que pasa es que a ti nunca te han dado tus buenos carajazos, pero yo ¡si te los voy a dar para que me respetes!
Ahí si fue verdad que la cagantina fue mayúscula, porque se me había olvidado contarles que la señorota había estado en el equipo de judo de la universidad. Ya me veía con fractura hasta en la lengua. Por eso es que cuando alguien me dice que los milagros no existen le digo hereje. En ese preciso momento que esa demonia me está agarrando por el pescuezo suena el timbre. Yo con un hilito de voz apenas dije:
- ¿Quién es?
- ¿Panta estás ahí?

¡MI MAMÁ! Yo que siempre la había detestado, hasta quererla ver comida por un caimán del Orinoco, cuando me decía así, ese día adoré que me dijera hasta Leta si le diera la gana. ¡Coño, es que esa Mercedes si fue grande! ¡En mi vida me he alegrado yo de verla como ese día! Nadie sabe lo que quiere a su mamá hasta que no se ve en una situación de esas. La fiera me soltó diciéndome: No te creas que te me salvas, deja que se vaya la suegra…

Le abrí a mi mamá, que llegó con mi primo Ángel, que era coronel de la Guardia Nacional, y que cada vez que iba a visitarla ella salía a exhibirlo, y por eso fueron a verme. ¡Es que Dios es inmenso carajo! Ese día me terminé de convencer. Para no extenderme mucho: me fui con mi mamá y mi primo el coronel. ¡Sería pendejo de quedarme ahí!

Cuando volví -como a la semana- aquello parecía que había pasado un huracán por el pobre nidito. Es que hasta la puerta de la nevera la había arrancado de cuajo y en el espejo del baño me puso con pintura de labio:
¡Dale gracias a Dios y a tu madre que no te arranqué las bolas!

© Alfredo Cedeño

3 comentarios:

Gastón Segura dijo...

Ejemplar historia

hory dijo...

por bandido jaajja muy bueno

Rodolfo de Jesús Chávez Mercado dijo...

Petición concedida…Y eso te pasa por andar de bandolero jajajaja.

Me reí demasiado. Ahora me voy a rezar jejeje.
Abrazos.