domingo, febrero 05, 2012

VASALLOS DE LA CANDELARIA


Hoy en día la muy andina y pregonada ciudad de Mérida, y pido perdón a sus nativos en caso de que se consideren ofendidos, es un mazacote urbano. La otrora urbe bucólica se transformó en un ogro que ha ido devorando todo a su alrededor. Si mal no recuerdo, los economistas llaman eje de interpolación urbana esos procesos en los que varias comunidades adyacentes terminan fusionándose. Yo les digo eje de anexión forzada.

Años ha, Mérida era una localidad, La Parroquia otra, y Zumba igual. Algunos hablan de que esta última era una hacienda. Lo cierto es que hoy en día, ambos sectores no son más que suburbios de la capital merideña, pero entre ambas se ha ido macerando una manifestación cultural ya secular. Escribo sobre Los Vasallos de La Candelaria.



Asegura la tradición oral de esa zona que en Zea, a menos de kilómetro y medio de La Parroquia, y de ello no hay fecha precisa, pero algunos estiman que esto ocurrió hace casi siglo y medio, una señora y una tablita dieron origen a esta fiesta que hoy les traigo.




La doña mencionada estaba en su casa haciendo oficio y al ir al patio de su casa encontró una tablita. Ella no le hizo mucho caso al trozo de madera, pero, sin embargo se lo llevó adentro y lo guardó. Yo me imagino que entre el marido, las gallinas, la comida y los carajitos se olvidó de ella. ¿Quién no? ¡Oh sorpresa! Al día siguiente la bendita tablita estaba en el mismo sitio donde ella la había encontrado el día antes. Es de suponer que debe haberse recriminado de que ya no encontraba qué hacer con su cabeza y de nuevo la recogió y la guardó. Día siguiente… ¡La misma vaina! Primero fue donde la había guardado y allá…¡no estaba! Seguramente se santiguó, la recogió, la volvió a guardar y le puso encima un frasco de agua bendita. Naranja china, limón francés: al otro día doña tablita estaba otra vez en el mismo punto.






Se pueden imaginar el susto, y cuidado sino cagantina, de la señora. Así que optó por agarrarla y llevársela al párroco, quien, como quien no quiere la cosa, aprovechó de comentarle a la feligrés que tenía tiempo sin llevarle unos huevos y en lo que ella salió del templó puso en cualquier sitio la bendita tabla. Al día siguiente estaba la señora barriendo el patio y otra vez, en el sitio de siempre estaba ya saben quien. Con el agregado de que ahora se comenzaba a perfilar la imagen de la virgen de la Candelaria. Nuevamente a la casa cural y ahí el clérigo si que se puso serio y se olvidó de las ñemas y del vino de consagrar y de cuanto María Santísima le pudiera atravesar. ¿Se imaginan su cara? Total que en poco tiempo se comenzó a hacer una capilla en el lugar de su aparición, y la imagen quedó en el templo de La Parroquia. Desde ese entonces cada 2 y 3 febrero se realizan allí las fiestas en su honor.







De inmediato, al correrse la voz de estos hechos, los vecinos y feligresía de los alrededores comenzaron a acudir al templo y se organizaron en la Cofradía de los Vasallos de la Candelaria, que son quienes dieron origen y han mantenido viva esta tradición. Caracterizados por la vestimenta de colores vivos y la participación exclusivamente masculina, este grupo de creyentes de la virgen morena ensayan durante semanas y meses los diferentes toques y bailes que luego escenificarán los días de celebración. Cada uno de ellos se dedica con el mayor esmero imaginable a preparar sus trajes, estos responden a un patrón común que es pantalón bombacho a la rodilla, camisa, capa y un sombrero; cada una de estas piezas es decorada al gusto y saber de cada cofrade, tratando cada uno de hacer que el suyo sea el más vistoso.






Podría escribir páginas y más páginas sobre esta fiesta, sus interpretaciones y mil otros tópicos. Pero, ¿cómo se describe la fe e inocencia de quienes transforman en belleza una ristra de objetos vulgares y silvestres? ¿Cómo se explica el ritmo que se va trasmitiendo de generación en generación sin más otra partitura que la propia convicción de estarse labrando un camino al cielo? ¿Cómo les narro la emoción febril de un grupo de niños que, con seriedad propia de su edad y absortos en sus fantasías vuelan sobre las montañas que circundan a esas tierras?




Si al comienzo de algún febrero andan por esta ciudad y deciden ir a ver a Los Vasallos, no crean delirar, ni se sientan como la doña que encontró la tablita. Seguramente así se sentirán cuando, en cualquier rincón de los alrededores de la iglesia, vean algún ángel que maraca en mano estará empinándose sobre sus pies para terminar de crecer y él también ser un Vasallo.

© Alfredo Cedeño

2 comentarios:

Anónimo dijo...

eres un charlatan incredulo personas como tu deben relizarle un examen psicologico estas mal mu mal amigo. si no crees no ofendas ............ y tambien realiza un taller de valores e historia ..........

Anónimo dijo...

EstimadoAlfredo:
Creo que has desaprovechado la oportunidad de auscultar la riqueza simbólica y el sentido de los ritos de la cultura popular.Averigüá sobre la fiesta de La Candelaria en Puno, en Perú, a orillas del Lago Titicaca.En esa imagen, un diablo, vestido con los trajes de las famosas "diabladas" venera a la Virgen. Fijate que La Candelaria introduce las fiestas del Carnaval en que se manfiestan las profundas corrientes culturales del pueblo latinoamericano. En Argentina hay 14 lugares llamados Candelaria con sus fiestas correspondientes. Son lugares "luz" porque es una fiesta de la luz como fuerza o energía primordial significada por la candela que porta la Virgen. En estas fiesta , y en otras, con un profundo sincretismo de culturas, en que se reúnen la tradición aborigen, cristiana, judía,etc. en América reside la esperanza invencible de nuestros pueblos que actualmente llevan una tarea de reconstrucción de la unidad perdida, de liberación de los monopolios y del dominio del pensamiento único ilustrado. Donde vos ves una "tablita" el pueblo ve el relato de una gesta cuyo sentido profundo es la presencia invencible de la esperanza.