domingo, julio 08, 2012

LETRAS Y PALABRAS

           El apóstol San Juan, quien fuera el más joven de los doce acólitos de Jesús, dejó asentado en su Evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.  Aseguran los amigos teóricos e investigadores que, en efecto, durante una  larguísima etapa, el hombre sólo atinó a comunicarse mediante sonidos. 
La predominancia de aquellas eufonías iniciales conllevó a que la oralidad se convirtiera en el mecanismo por excelencia para adquirir y acumular conocimiento, así como para su posterior transmisión. Este mecanismo de transferencia de lo sabido tenía en sí mismo un gigantesco inconveniente: no lograba acopiarse más de lo que duraba una vida.
          Fue así como comenzó a hacerse inevitable la necesidad de hacer permanente lo que se podía enseñar.  Aquel Verbo del principio al que hizo referencia Juan el evangelista, se convirtió en los dibujos hechos en las rocas de las cuevas europeas, así como en los petroglifos que abundan en tierras americanas.
Aquellos trazados iniciales se transformaron en pictogramas; entendiendo como tales a aquellos signos que representan esquemáticamente un símbolo, objeto real o figura. En dicho caso el dibujo de un árbol significa un árbol, el de una vaca significa una vaca. 
Ahora bien, como es sabido y habitual, el hombre en la medida que “evoluciona” se va complicando y fue así como aquel lenguaje se quedó corto y de ese modo los pictogramas adquirieron otros significados: una vaca significaba vaca, pero también podía significar riqueza, ya que en el comercio se usaba el ganado como valor. Todo esto hizo que  nacieran los ideogramas, quienes se encargaron de describir ideas y acciones.
                Es necesario apuntar a esta altura, que los amigos ideogramas se fueron haciendo insuficientes para satisfacer las necesidades de comunicación de los modelos societarios que cada vez se hacían más y más complejos, lo cual les hizo evolucionar a letras y símbolos.  Ello llegó al punto que se fueron poniendo de acuerdo hasta hacer que una letra V junto a una A  y una C y otra A se enredaran una a la otra para formar la palabra VACA que se convirtió en el símbolo de un animal que servía como moneda y como alimento
.
                Y así comenzaron a aparecer los significados que hicieron que la flor trasladara su hermosura a la palabra para que en ella también florecieran los ríos. La ciudad se hizo sentimiento y el amor fue la ciudad eterna que se alzó sobre tumbas y coliseos.  Fue una tormenta de signos donde noticias y conocimiento aprendieron a ser libres para poder dispersarse sobre el mundo, hasta llegar a ser lo que escribió Mario Benedetti:
la palabra es tan libre que da pánico
divulga los secretos sin aviso
e inventa la oración de los ateos
          ¿Cómo no ser un adicto a ellas? ¿Cómo no hacer de ambas, letras y palabras, el objeto de la adoración que se han ganado merecer? Bien lo dijo  Neruda para reafirmar con su verbo de viejo camarada y militante las palabras de Juan, el apóstol y santo no martirizado:
Todo está en la palabra.
Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio,
o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba...
              La vida se desarma al compás de las palabras, y ellas llegan a decir lo que sabemos que, aun diciendo lo que no queremos saber o a veces ni  conocer, son piedra sillar de nuestra existencia. Al final, son las letras, granitos de arena del vasto mar de la palabra quienes juntándose a los eufóricos gestos de nuestras voces se convierten en la manifestación de ese Dios que hemos ido articulando a nuestra imagen y semejanza. 

© Alfredo Cedeño


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante Alfredo, yo por mi parte también adoro la palabra.

Un abrazo y féliz domingo.

Amaia Villa

Anónimo dijo...

Que belleza!! Este texto y estas fotos le dieron un paseo histórico a mi mente... al ver las figuras pensé en mis hijos y hasta jugué a las palabras y leyendo fui pensado en ese recorrido histórico que ud hace. que conmueve e invita a la reflexión. Que escrito tan fresco maestro!!

Zafira

Anónimo dijo...

Alfredo, te has lucido, de verdad.
Qué bien escrito y qué bien llevado...
Me ha en-can-ta-do.
Esta parte es suprema a mis ojos: "Y así comenzaron a aparecer los significados que hicieron que la flor trasladara su hermosura a la palabra para que en ella también florecieran los ríos".
Benditas palabras que nos hacen viajar, y nos aproximan, y nos conmueven, y nos hacen no sentirnos tan tan solos.
Un abrazo,

Lorena

María Mónaco dijo...

un relato muy bello y original, donde justamente eso que tanto amamos,las letras y las palabras, terminan siendo los elementos que van construyendo a "nuestro Dios" a lo largo de la vida. Muchas gracias Alfredo, un abrazo!

Anónimo dijo...

Qué texto tan creativo, divertido y de reflexión para todo aquel que aprecia, ama y juega con la palabra.
Gracias por compartirlo, ladrón.
Besos

Acuarela