sábado, marzo 01, 2014

CARNAVALES

            Desde ayer, en términos formales, estamos en la celebración de las llamadas fiestas carnestolendas, o Carnavales, como se dice más comúnmente. Son cuatro días de una fiesta de fecha móvil, ya que las mismas se celebran de acuerdo a cuando se vaya a celebrar la Semana Santa de cada año. Es una regla medio enredada, como todo cuanto de la Iglesia viene. Y les explico: resulta que el Carnaval se fija según el Domingo de Pascua, que a su vez se establece para cuando sea la primera luna llena de la primavera del hemisferio norte. A partir de ahí se cuenta de manera regresiva para establecer 46 días atrás el llamado Miércoles de Ceniza,  día de comienzo de la Cuaresma.  
En cuanto a la palabra Cuaresma explico que con ella se refiere a los cuarenta días de ayuno previos al Domingo de Pascua; y se cuentan 46 días y no 40 porque los seis domingos entre el Miércoles de Ceniza y el Domingo de Pascua no son días de ayuno.  Explicado esto, sigo con lo de la pachanga que generalmente asociamos a estos días de celebración desenfrenada.   Hay quienes afirman que las mismas son reminiscencias de antiguas fiestas como es el caso de las Saturnalias y Bacanales, hay incluso los que las entroncan con algunas fiestas andinas prehispánicas. En este punto, he de confesarles, suelo perderme porque como decía mi abuela: no sé que tiene que ver aquello que usamos para sentarnos con las pestañas. 
Para ir abreviando, lo cierto es que estas fiestas están asociadas fundamentalmente a países de tradición católica, y en menor intensidad con los cristianos ortodoxos orientales; las culturas protestantes usualmente no lo celebran o han ido estableciéndolo, por aquello de que poderoso caballero es don dinero y sus ejecutorias han terminado por atraer masivos visitantes con los consiguientes desembolsos del caso, tal como ocurre en New Orleans, por ejemplo, donde su Mardi Gras es una verdadera bacanal donde acuden miles y miles de personas cada año.
Ni hablar de Brasil, o Venecia, México o España.  En el caso de Venezuela llegó de manos de los exploradores europeos, pero su manifestación más atorrante fue la que se vivió a comienzos del siglo XVIII cuando fungió como gobernador don Juan Josef de Cañas y Merino, quien al más rancio estilo de lo que vivimos por estos días, impuso celebraciones de carnaval donde llegaron a incluirse actividades de tanta ternura como descabezar patos y gatos desde las monturas.  Ahora bien, una vez superada esa etapa de barbarie, los carnavales coloniales retomaron su jolgorio normal. Hasta que a mediados de ese siglo el Obispo Diego Antonio Diez Madroñero decreto la prohibición de los juegos de carnaval y estableció el rezo del rosario todos los días de carnaval... Caracas tuvo que esperar a que el hombre de la iglesia templara las patas para que el rezo del rosario desapareciera del carnaval y retornaran las viejas costumbres. 
De ahí en adelante, las crónicas todas reseñan que el carnaval en Caracas eran días de jolgorio, y así fue hasta que en 1928, bajo la férrea dictadura de Juan Vicente Gómez, un grupo de estudiantes de bachillerato y de la incansable Universidad Central de Venezuela, nuestra muy querida y admirada UCV, organizó La Semana del Estudiante que terminó convirtiéndose en el primer acto realmente eficaz de rebeldía contra el dictador que había convertido al país en su hacienda particular.
Los muchachos no hicieron más que hacer gala de su profundo ingenio para burlarse del sátrapa. Eligieron a una reina Beatriz I, cuyo nombre real era Beatriz Peña Arreaza quien debía ser coronada en el Teatro Municipal. Los muchachos organizaron carrozas que recorrían las cuatro calles que eran en aquel tiempo el casco de Caracas y en medio de gran ditirambo  uno de ellos cantaba:
Saca la pata lajá
Y el coro le respondía:
Ajá, ajá
Explico la carga venenosa de los amados “carajitos”, el señor Gómez, como buen oriundo de Los Andes, solía utilizar esa interjección, ajá, con frecuencia, por ello usaban esa respuesta en su coro. También debo agregar que  los estudiantes escogieron al poeta Pío Tamayo, hombre que había sido perseguido del régimen para que leyera un poema que había escrito a la reina en su coronación, y que en sus versos iniciales decía:
Los miles de estudiantes,
cada estudiante, Reina,
es un mundo en promeso y un jardín de tormentas,
han abierto hoy sus pechos sobre más infinitos…
Tamayo luego de una larga cantidad de versos llegó donde desataría toda la rabia de la elite gubernamental de aquellos tiempos al recitar:
Vos sonriente promesa de encendidos anhelos
y el nombre de esa novia se me parece a Vos:
se llama Libertad.
Decidle a vuestros súbditos
tan jóvenes que aún no pueden conocerla
que salgan a buscarla.

Para terminar de completar el barullo Guillermo Prince Lara, reventó una lápida en honor a Juan Vicente Gómez. No tengo que explicarles que hasta ahí llegaron las festividades de La Semana del Estudiante y que Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Joaquín Gabaldón Márquez, Prince Lara, Tamayo y Antonio Arráiz,  fueron trasladados de inmediato a la temida cárcel de La Rotunda.
Ante los desmanes oficiales la muchachada restante en un gesto de sin igual hidalguía se entregó voluntariamente a la policía declarándose culpables causando un desconcierto absoluto entre los hombres del dictador. Ante aquella papa caliente se ordenó que esos 214 estudiantes fueran trasladados al castillo de Puerto Cabello, en el estado Carabobo donde permanecieron 12 días.  Eso generó una crisis de la cual todavía se habla y escribe, y que significó el surgimiento de la Generación del 28, que podemos asegurar fue la madre de la Venezuela contemporánea.  
79 años más tarde, aunque no en Carnavales fue de nuevo la temeraria y noble gesta de los estudiantes capitalinos, al comienzo, pero que tuvo el inmediato respaldo de sus pares en todo el país, protestando contra el arbitrario cierre de la planta televisora RCTV, lo que terminaría conduciendo a una de las mayores derrotas políticas del ahora difunto Hugo Chávez, quien buscaba en referéndum constitucional del 2 de diciembre de ese año modificar 69 artículos de la Constitución de 1999, y conformar a Venezuela como Estado socialista.
 
Sin la pelea de calle dada por los muchachos Chávez se hubiera salido con las suyas y por primera vez, desde las multitudinarias jornadas cívicas del 2002, se comenzó a sentir de nuevo en la calle el rechazo a una serie de propuestas de ese mal que nos aqueja desde hace ya casi tres lustros.  
 
Así llegamos a estos carnavales de 2014, que parecían iban a ser las típicas vacaciones que acá suelen convertirse en un multitudinario éxodo interno y externo de   vacacionistas que suelen atiborrar playas, montañas, terminales y aeropuertos para escapar de la rutina. En Venezuela esos días acostumbran ser de observancia casi religiosa y son aguardados con fervor. Nadie esperaba que el viernes 7 de febrero, la protesta de un grupo de muchachos en San Cristóbal, capital del estado Táchira, en el occidente del país, iba a desencadenar lo que ahora vivimos y que las tradicionales vacaciones de carnavales se convirtieran en una jornada que permite anticipar la pronta caída de esta pesadilla hecha gobierno que hemos vivido a lo largo de estos últimos 14 años. Pero es así.
 
A esta altura quiero hacer un aparte para recordar a finales de los años 80 al camarógrafo Mario Cádiz a quien oí por primera vez  en los estudios televisivos de la Universidad Simón Bolívar referirse a un actor, cuyo nombre no viene al caso ahora citar, con voz estentórea: “¡Ese no es más que un disfraz!” Esa frase comenzó ponto un raudo  despliegue y era usada para definir a aquellos de posiciones poco serias y mas bien falsas.  Por ello es que he escogido para ilustrar el final de esta entrega un lote de imágenes de los “disfraces”, de una y otra acera, sin que sean todos los que son, que han hecho de la vida política venezolana un perenne carnaval que parece estar acabándose.
 
He dicho en diferentes instancias y ocasiones que Venezuela no tendrá nunca cómo pagarle a su juventud las innumerables ocasiones en las que ha dado la cara y sin vacilaciones se ha inmolado por el país. Ya llevamos decena y media de muertos en estas tres semanas de protestas, reprimidas de manera desbordada por un gobierno que cada día se encarga de demostrar a los ojos del mundo su carácter vesánico, y la mayor cuota ha sido puesta por los muchachos. Muchos interlocutores y “dirigentes” asumen poses de preocupación y anuncian que es necesaria la dirección de un movimiento espontáneo que puede llevar a la anarquía.  A esos que tanto se “angustian” les respondo que en diciembre de 1955 cuando la negra Rosa Parker, con humilde y agotado gesto, se negó a pararse de su puesto en un bus de Alabama para que se sentara un blanco, desencadenó lo que sería la mayor revolución social de Estados Unidos que acabó con la segregación racial, y permitió que surgiera un líder de la talla de Martin Luther King, quien entonces no llegaba a los 26 años.
 
Cada momento histórico pare sus propios dirigentes, ellos nacen de su seno.  No seamos mezquinos y egoístas con estos amados “carajitos” que han dejado el pellejo en las calles para darnos un país libre. No debemos permitir que de nuevo la recua de bueyes cansados que se han enquistado en las direcciones de los partidos políticos, grupos económicos y organizaciones empresariales sigan castrando a quienes han demostrado, como nadie, mayor y mejor amor por esta tierra donde Dios nos otorgó el infinito privilegio de haber nacido.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Viendo tus magníficas fotos y leyendo tus textos pienso en cuántos traidores y cuántos mentirosos hemos soportado en estos quince años. Abrazos.

AM

Molly De La Sotta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Molly De La Sotta dijo...

Excelente trabajo Alfredo, que gran aporte grafico e historico nos has regalado,nada mas cierto en estos momentos de dolor y de luto, en donde el Carnaval dejo ver el verdadero rostro de los disfraces políticos,en vez de cubrirlo, se cayeron quitaron las caretas, lastima el precio que se ha tenido que pagar...