lunes, abril 30, 2007

CALLES DE CARACAS 24

La mañana de domingo los enseña paseando limpios:
van mamá, papá, y sus crías todavía somnolientas
dejando a su paso por la acera un rastro de familia.

Las ancianas todavía usan mantilla en sus cabecitas
y se juntan en la esquina de la iglesia con gestos
casi de palomas perdidas para ir juntas a carear su fe.

La puerta del bar se abre sigilosa y ellos salen torpes
con un cruzar de piernas que anuncia tragos a granel
y echan a rodar sus voces desafinadas en la mañana.

Las trotadoras pasan con gesto de deportistas expertos
que juegan a apabullar a los panzones que vamos lentos
y radiantes por nuestra condición de mortales paisanos.

La bicicleta pasa sigilosa y el sudor gotea al asfalto
y el maillot se pega sinuoso al cuerpo de la muchacha
que se impulsa firme y jadeante encima de los pedales.

Las calles todavía están llenas de papeles y policías
que pasean inútiles y romos rodando de un lado al otro
con esa inmutable incompetencia de los desechos vacíos.

La pañoleta de los Scouts se bambolea inocente y pura
en los cuellos de los chamacos que recitan sus promesas
para dejar el mundo mejor al caos que encontraron aquí.

Las caras de la familia inicial vienen de vuelta y ríen
van reconciliándonos con esta ciudad a veces atorrante
y fuera de la cual no podemos encontrar paz ni calma.

® Alfredo Cedeño

1 comentario:

Anónimo dijo...

No importa si es lento, no importa si es rápido, no importa lo experto, no importa lo panzón, pero eso si:
" RADIANTE "

Soledad