sábado, abril 28, 2007

ENTRE LOS DOS

Sus manos se riegan como pulpa de tamarindo en mi cintura
colocándome un paladear roto y delincuente en los tobillos
y las palmas se le mojan como cuerda sin timonel en pleamar
o los aromas del pan que revientan en la nariz del mendigo
y las rodillas le flamean como canto perdido en los arenales
o los matices de las flores inundando los balcones desnudos
y las ganas se le convierten en un remolino de mapas rotos
o los sonidos de su piel rozando las puertas de los pecados.

Mis manos se congelan como risa de niño perdido en su busto
otorgándole un pedazo de mis mañas realengas a sus lamentos
y las manos se me secan como orilla de barco de papel al sol
o la espera de cada día por los orgasmos que llegan conmigo
y las rodillas se me pierden como perdones de cura borracho
o la certeza de no querer guardar rencores en copas vacías
y las ganas me arrastran insolente como melodía de cabaret
o los ruidos de los encajes de su boca amarrándome tortuosa.

Nuestras verdades se disfrazan de mentiras como nieve negra
jugándonos la vida en una mesa de naipes marcados de carmín
y los recuerdos se van escurriendo en ríos de ilusión ácida
o haciendo rapiña en las limosnas de una catedral sin altar
y se caen los gestos libres de cruces compasivas de ceniza
o el olvido marchitado por el viento nos llega al corazón
y después de todo -y pese a todo- bailamos una canción feliz
o dejamos que la mañana brille como su boca mordiéndome.

® Alfredo Cedeño

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