miércoles, mayo 16, 2007

CENTENA

Fueron cien los abismos
convertidos en montañas
cuando tus dientes me marcaron.

Fueron cien las baldosas
que se fueron dibujando
en el torno de tus tobillos.

Fueron cien los campanarios
que repicaron en tu coño
al abrirse festivos a mis labios.

Fueron cien las chamarascas
que quemaste pacientemente
para calentar al rocío.

Fueron cien los desplantes
que vencimos sin dudas
al dejarnos ser voraces.

Fueron cien las ecuaciones
perdidas en cuentas
que nunca entendí hasta tocarte.

Fueron cien los fantasmas
que cayeron abrumados
con tu luz de centellas.

Fueron cien las guitarras
sonando en tus cabellos
mientras me rozaban la espalda.

Fueron cien los hallazgos
entre tus dedos desnudando
mi carne mezo-secular.

Fueron cien las ilusiones
entregadas a los pájaros perdidos
para que encontraran los besos.

Fueron cien los juegos de fuegos
donde quemamos las derrotas
con victorias de la ternura.

Fueron cien las kinesiólogas
que jamás pudieron aprender
a tocarme con tu maravilla.

Fueron cien los llantos
que escaparon presurosos
cuando me viste y reíste.

Fueron cien las moradas
invadidas por mi insolencia
hasta encontrar tu lecho.

Fueron cien los nenúfares
navegando en tu saliva
para perfumarme el paladar.

Fueron cien las oportunidades
en que me hiciste volar
de mis desiertos a tu piel.

Fueron cien los puñales
clavados en el fondo del alma
de la soledad al juntarnos.

Fueron cien las quebradas
que manaron de tus muslos
a bañar mis dedos.

Fueron cien los ratos
de feliz concupiscencia
donde supimos ser libres.

Fueron cien las soledades
quemadas cuando llegó
tu paciencia legendaria.

Fueron cien los trenes limpios
y de vagones insolentes
con que me llenaste de luz.

Fueron cien las uvas envidiosas
marchitadas por tu aliento
de jengibre, anís y canela.

Fueron cien los vértigos
en los que sólo tú faltabas
para poderme dejar caer.

Fueron cien las walkirias
donde traté vanamente
de anticipar tu llegada.

Fueron cien los xifoides
abandonados en tantos pechos
como los que no nos alcanzaron.

Fueron cien las yeguas
altaneras y vacías
las que quisieron domarme.

Fueron cien los zorzales
que esponjaron su canto
tratando de conquistarte.

Fueron cien las argucias dormidas
que despertaste una a una
con tus uñas desgarrantes.

Fueron cien los besos
que me entregaron tu boca
de celajes desbocados.

Fueron cien las congojas
que no pudieron vivir
en medio de nuestras ganas.

Fueron cien los chapuzones
alrededor de tu ombligo
pero pude llenarlo de besos.

Fueron cien las debilidades
con las que me domaste
para hacerme tu esclavo.

Fueron cien los engaños
con los que pudimos esconder
las flores en tus uñas.

Fueron cien las faldas
en que te busqué
sin triunfos que celebrar.

Fueron cien los gemidos
que me regalaste
en el fondo de mi cama rota.

Fueron cien las heridas curadas
cuando tu boca asesinó
todos mis recuerdos y vigencias.

Fueron cien los indultos
obtenidos cada tarde
que nos follamos sin pensar.

Fueron cien las junglas
de arañazos y geranios
que arrancamos de la luna.

Fueron cien los kamikazes
estrellados a medianoche
sin saber robarte un beso.

Fueron cien las llamadas
que hicimos a la cordura
para siempre naufragar locos.

Fueron cien los mordiscos
que me pidió tu espalda
de corvada sensualidad.

Fueron cien las naciones
donde no pude descubrirte
pese a todo lo intentado.

Fueron cien los olvidos
sepultados en las guitarras
de los juglares que te cantan.

Fueron cien las promesas
que rompimos alegres
desde que nos encontramos.

Fueron cien los quebrantos
abandonados entre canciones
que bailamos sin saber.

Fueron cien las reyertas
que montamos en la cama
hasta morir deshidratados.

Fueron cien los sustos y sofocos
que sofocamos lentos
y gozosos de la madrugada.

Fueron cien las trapisondas
de olas alebrestándonos
en el mar lascivo de tus piernas.

Fueron cien los ulemas
pregonando las leyes
con las que debo desearte.

Fueron cien las verdades
que me entregaron tus dedos
al rozarme con alevosía.

Fueron cien los whiskys
tomados por el sol
para dorarse como tus piezas.

Fueron cien las xilografías
grabadas en mi corazón añejo
con el delirio de tus hambres.

Fueron cien los yerros acumulados
cada noche esquiva
para poder aprender a esperarte.

Fueron cien las zanjas
abiertas y cerradas
buscándote con delirio.

Fueron cien los arbustos
donde la paciencia esperó
para instalarse en tu nuca.

Fueron cien las botonaduras
abiertas al rozar pausadamente
tus pezones erectos.

Fueron cien los capítulos
que aprendimos a escribir
para hacer historia propia.

Fueron cien las damajuanas
que me entregaste ágil
al desnudarte de prisa.

Fueron cien los edenes
donde encontré tus ganas
que me zarandearon.

Fueron cien las fantasías
de vestales enardecidas
las que nos asesinaron el pudor.

Fueron cien los gestos
con tu boca de pecado forjado
los que cayeron en mi pelvis.

Fueron cien las habitaciones
selladas al paso
de los caballos de la libido.

Fueron cien los íncubos
fotografiados en tus pupilas
de vendavales y huracanes.

Fueron cien las jugadas
de aves de paso
con las que nos amañamos.

Fueron cien los koalas acariciados
para tener una pálida noción
de la textura de tus muñecas.

Fueron cien las lanzas
arrojadas por la borda
de los sueños que nunca tuvimos.

Fueron cien los mimos
que me entregaste arrebolada
por el sol de Maracaibo.

Fueron cien las nigromantes
convocadas para incrementar
la magia de tu alma pícara.

Fueron cien los oleajes
donde rompimos tristezas
sin rabias ni perdones.

Fueron cien las perversidades
alumbrando nuestras purezas
de ángeles sin ilusiones.

Fueron cien los quirófanos
abriendo mentiras en el celo
de tus ganas mirándome.

Fueron cien las salmodias
entonadas por mis viudas
cuando llegaste triunfal.

Fueron cien los tabernáculos
dejados al azar en los barcos
encallados en el Atlántico.

Fueron cien los ungimientos
sin huellas ni colores perdidos
con los que me resucitaste.

Fueron cien las veces
que me llevaste al cielo
de tus pies morbosos.

Fueron cien los yunques
repicando en tus carcajadas
al corretearme horizontal.

Fueron cien las zozobras
donde los dados
siempre me fallaron.

Fueron cien los accidentes
y las cordilleras encontradas
en tu vientre extendido.

Fueron cien los bustos previos
donde anidé hasta llegar
a tu pecho de buenaventura.

Fueron cien las canciones
entregadas por la noche
mientras te adoraba soez.

Fueron cien los destinos
que dejamos en caminos
llenos de angustias añejas.

Fueron cien las espigas
cortadas al abanicar
tu cabello en mi almohada.

Fueron cien las fábulas
con las que tu voz llegó
a seducirme sin piedad.

Fueron cien los granos de arena
donde tus pestañas sacudieron
pensamientos y sarcasmos.

Fueron cien las imprecaciones
que me arrancaste plácida
mientras me devorabas.

Fueron cien los jolgorios
de tus pasos entrando
a mi madriguera.

Fueron cien los kioscos
de perejil y azafrán
donde perfumé tu matriz.

Fueron cien las labores
de orfebres y artesanos
tu manera de abrirte para mi.

Fueron cien las mil sombras
de cuerpos que nos eclipsaron
los barcos de vela al amanecer.

Fueron cien las navajas
centelleando en tus uñas
marcando mi espalda.

Fueron cien las oraciones
elevadas al altar
que tus muslos encierran.

Fueron cien los perjurios
derribados al compás
de tus cien orgasmos.

Fueron cien las querellas
que volaron en tus alas
iluminándome el cielo.

Fueron cien los azotes
recibidos por mi lengua
de la tuya desbocada.

Fueron cien las gabelas canceladas
por concepto de derechos
en emociones ganadas con tus caderas

Fueron cien los hipocampos
con los que paseamos
por los jardines de Babilonia.

Fueron cien las opciones
para retirarnos sin lejanías
a las fronteras del perdón.

Fueron cien los pedazos
de cristales y tormentas
los que encontré en tu piel.

Fueron cien los misterios
de diferentes calibres
los despejados en tu boca.

Fueron cien las zorrerías libres
con que me atrapaste
y lograste hacer feliz!

® Alfredo Cedeño

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Donde estás angel de amor?....
....ya se agotaron los cien versos,
pero nunca se agota mi deseo de leerte....

Anónimo dijo...

No me digas que vas a pasar 100 dias sin permitirnos leer tus prosas!!!! No por favor, no castigues a esta humilde lectora...
Te has convertido en una referencia permanente en nuestras vidas...

Anónimo dijo...

Otra noche sin tí!!!! Dioooos!