sábado, mayo 26, 2007

NINFA

Roces indescifrables de mi torpeza sin remedio
caen bajo una mesa de patas sin evocaciones
en medio de una lluvia de oro delirando festiva.

Los ciclones no dejan huellas de recuerdos o nostalgias
con pasos que enlazamos sobre una costa ajena
tan alejada como acordes que pueden ser melancólicos.

La medianoche hecha adoquines se suelta a cantar
bajándole cómplice las estrellas a su sonrisa ancha
como presagio certero de tormentas sin fin ni calma.

La noche se acaba indefinida sin ascensores vacíos
aguardando un gesto libre y de mutuas intenciones
donde flagelar la piadosa fidelidad a imprecisas lejanías.

® Alfredo Cedeño

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cada una de tus creaciones es un regalo para mi alma!! es demasiado abrasadora tu prosa!!