viernes, enero 19, 2007

UNA DE MIL NOCHES

Por Bagdad anduve de madrugada degollando piratas malayos
que llegaban allí desde el Golfo Pérsico remontando el Tigris
y una tarde al llegar la noche encontré a Scherezade desnuda
triunfando con su boca de templo sobre el sultán Schahriar.

En sus calles Aladino me prestó su lámpara de poder y milagros
Simbad me regaló una cimitarra y un mapa para llegar a la cueva
donde Alí Babá y sus cuarenta ladrones me guardaban un tesoro
que se abría como una caja de mil tapas en el cual volar feliz.

La perla del califato donde la ruina sólo la había en poemas rotos
fue imperio de sensualidades y conocimiento derrotando pestes
como Tamerlán arrasándola y acribillando a casi todos sus hijos
o el olvido donde quisieron ahogarla infinidad de cronistas grises.

Ahora la camino de nuevo en las pantallas del televisor y el ordenador
llena del horror de rubios que pasan extraviados sobre Hummer
y erizados de modernos alfanjes láser que no logran defenderse
de las fábulas que por milenios se fueron armando grano a grano.

® Alfredo Cedeño

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