lunes, julio 17, 2006

VIRGINIA XI

El boulevard Dolley Madison repta y supera la autopista 66,
al llegar a la cuatro nueve cinco ya es Chain Bridge Road
y se derrama en Tysons Corner con sus canales a reventar
donde se despliega con boca voraz de consumo sin confines.

Más vehículos que cualquier comprador delirante imagine
se congregan con desplante de plástico y boato patológico,
sus dueñas llenas de hambre y orondas de esbeltez altiva
pasean sus siliconas y las etiquetas que pagan con hastío.

Los pasillos arraciman recuas de vitrinas vendiendo sueños
que pagan quienes pueden ante los ojos de los que quieren,
algunas nalgas ariscas pasan sembrándoseme en los ojos
y desnudan los restos de decencia que he aprendido a fingir.

El gris del cemento y el negro de los vidrios ahogan ojeras
que nunca se han emborrachado de sol en su palidez eterna,
pasan hieráticos personajes que merodean pasillos al azar
con la indiferencia de un mensaje que no entiende su destino.

Frente a Nordstrom una docena de mesas perfectas acogen
a la dama de rostro caballuno que manosea a un efebo huraño
que no quita los ojos de la mano donde ella balancea su regalo
por las horas que vendrán después en el hotel de la ruta Siete.

Al norte Lord and Taylor gime con anchas escaleras mecánicas
que suben o bajan hombres, mujeres y niños en delirio posesivo
con ritos de marcas, pompas y solemnes arcanos del ceremonial
que anuncian su díscola cofradía de carteras voraces e ilimitadas.

Y en el extremo Este Barnes and Noble se agazapa llena de libros
todos le pasan cuidadosos al lado tratando de no contaminarse
con la magia de palabras e imágenes que pese a tanta insipidez
se plantan perspicaces a zarandear tanta necedad que pasa altiva.

® Alfredo Cedeño

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